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3 frases de pensamiento positivo muy peligrosas

3 frases de pensamiento positivo muy peligrosas

miércoles 17 de febrero de 2016, 20:15h

Estoy a favor del pensamiento positivo y del optimismo. De hecho, me parecen indispensables para sacar adelante cualquier proyecto personal, profesional o empresarial y para tener éxito en tus objetivos.


Con lo que no estoy de acuerdo es con el positivismo extremo. Lo veo tan peligroso como la actitud negativa. Estamos rodeados de frases como “Si quieres, puedes”, “Siempre positivo, nunca negativo” o “No hay nada imposible” y mucha gente las toma al pie de la letra sin pararse a pensar en todo lo que implican.
Vamos a ponerlas a prueba a ver si son verdad...


“Si quieres, puedes”


Yo quiero volar agitando los brazos. Lo intento y no me sale. También quiero ser experto en matemáticas en una semana. Lo he intentado y tampoco me ha salido.
Lo mismo ocurre con muchas de las cosas que nos proponemos. Tenemos que tener claras dos cosas:


Somos seres humanos y tenemos límites. Al igual que no podemos volar agitando los brazos, hay muchas cosas que, si somos realistas, vemos que no podemos hacer. Es cierto que muchos de los grandes avances y logros creativos de la humanidad han surgido de plantearse nuestros límites. Sin ir más lejos y siguiendo con el ejemplo de volar, el avión. ¿Quién les iba a decir a las personas de la Edad Media que iban a poder surcar el cielo con un pedazo de metal? Y precisamente aquí es donde entra el siguiente punto...


Sin esfuerzo, no hay resultado. Hizo falta mucho, muchísimo esfuerzo y trabajo para conseguir que un pedazo de metal volase y pudiese llevar gente dentro. El ser humano es una especie prodigiosa y su cerebro es la octava maravilla. Somos capaces de conseguir cosas inimaginables, pero sólo si estamos dispuestos a esforzarnos y trabajar. Sólo por querer no vamos a conseguir lo que queremos. Para poder, hay que trabajar duro. Y trabajar duro no es esforzarse durante la primera semana, luego abandonar y volver a trabajar duro una semana más al cabo de 6 meses.


“Siempre positivo, nunca negativo”


Nuestro cerebro es capaz de distinguir lo dulce porque lo compara con lo salado. También es capaz de apreciar la alegría porque la compara con la tristeza. Y del mismo modo, es capaz de enfocar las cosas en positivo porque tiene la referencia de lo negativo. Dicho de otra forma, para pensar en positivo necesitamos haber pensado en negativo.
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Pensar en positivo tiene muchas ventajas: activa el circuito de recompensa del cerebro y nos ayuda a automotivarnos, nos da el empujón que necesitamos para alcanzar objetivos, nos relaja y nos libera del estrés... Pero pensar en negativo también tiene ventajas: nos ayuda a mantener los pies en la tierra y, sobre todo, a prever riesgos y problemas futuros y así ser capaces de evitarlos antes de que sucedan. ¿Cuántos emprendedores han fracasado en su proyecto por haber pensado demasiado en positivo y no haber previsto todo lo negativo que podía suceder? Como decía Sun Tzu, la mejor forma de ganar una guerra es evitándola, y las guerras contra los problemas futuros no son una excepción.


El problema es que nuestro cerebro quiere ahorrar energía a toda costa y resolver un problema que aún no existe es una forma de gasto energético que él considera inútil. Por eso prefiere enfocar en positivo. Aunque recibamos 100 e-mails negativos, nuestro cerebro va a pensar que el 101 va a ser bueno. Algo similar ocurre en la ludopatía, cuando una persona adicta al juego, a pesar de que acaba de gastar 100 euros en la tragaperras, sigue porque su cerebro cree que el euro 101 va a liberar todo su dinero anterior y más. También por eso siempre tenemos la esperanza de que, cada Navidad, nos toque la lotería.


Debemos recordar que, cuando no hay una consecuencia negativa a corto plazo (por ejemplo, un rechazo a la cara), nuestro cerebro enfocará en positivo. Tener cuidado con este engaño positivo y ser capaces de darle la vuelta aunque gastemos más energía nos ahorrará muchos disgustos futuros.


“No hay nada imposible”


Si voy con esta mentalidad al gimnasio y trato de levantar 100 kilos con mis bíceps el segundo día de entrenamiento, lo más probable es que me lesione la espalda. De la misma forma, muchas lesiones motivacionales, emocionales e incluso económicas ocurren por perder el contacto con la realidad y creer que “no hay nada imposible”.
Como decía en el primer punto, es cierto que muchos de los grandes inventos y avances en nuestra sociedad se crearon gracias a que hubo alguien que creía que no era imposible conseguir algo que otras personas sí creían imposible. La diferencia es que esas personas eran conscientes de sus limitaciones humanas y de las limitaciones biológicas, físicas y naturales a las que estamos expuestos (observación: no he incluido las limitaciones sociales, ¿por qué será?).


Por tanto, sí hay cosas imposibles y la clave es distinguirlas y tenerlas en mente y bajo control para lograr alcanzar aquello que queremos y que mucha gente nos dice que es imposible cuando realmente no lo es.

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