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Puigdemont es del Atlético de Madrid, o casi

viernes 27 de mayo de 2016, 13:41h
Acudo a un desayuno en Madrid con Carles Puigdemont, que no estuvo demasiado arropado en esta su primera comparecencia en la capital ni por sus seguidores ni por los empresarios, políticos y periodistas que suelen ir a estos actos tan multitudinarios. Puede que no interese ya en los cenáculos y mentideros de la Villa y Corte el mensaje de ‘independencia sí o sí’ que traslada, con voz y gesto amable, eso sí, el president de la Generalitat, quizá porque todo el mundo sabe que él, y el Gobierno central que salga de las urnas el próximo día 26, tendrán que negociar, sea quien sea el que encabece y componga ese Ejecutivo. Y que entonces no valdrán esas frases rotundas con las que Puigdemont acudió al hotel madrileño que albergaba el desayuno.

De todas maneras, no dejó de impresionarme –para eso lo hacía él, claro está—el arranque del discurso del molt honorable: “el proceso de independencia no preocupa al Estado español”, comenzó Puigdemont su parlamento en el Foro Nueva Economía. Donde se encontró hasta con una ‘espontánea’, perteneciente al parecer a un partido minoritario de la derecha extremada, que saltó, exaltada, a protestar contra el incumplimiento de las leyes (en Cataluña, se supone). Nadie perdió la calma, menos mal, y siguió el president explicando por qué el ‘Estado español’ no está preocupado por el proceso de independencia que él alienta y que, en privado, admite que será mucho más difícil de lo que dice en público. Desde Madrid no hay diálogo, no hay contacto, no hay propuestas, se lamentó.

Quizá, en parte, y obviando sus propias culpas, que son no pocas, tenga algo de razón

Le envié una pregunta acerca de si, con un nuevo Gobierno ‘en Madrid’ sería aún posible evitar la independencia. Su respuesta, vaporosa, fue desalentadora: él vende que el proceso es irreversible y que negociarlo será lo mejor para todos. No me convenció su pretendida firmeza: más bien pienso que lo que está pidiendo a gritos, y para eso vino a los foros de los madriles, es eso: que alguien negocie algo. Y alguien, a partir del 26 de junio, que es cuando, esperemos, sabremos si ese alguien, al fin, toma las funciones de gobernar en lugar de gobernar en funciones, debería emprender la negociación con Cataluña. Para que se quede en España, claro, no para que se vaya en buenos términos, como dice Puigdemont que quiere.

El caso es, volviendo al comienzo, que puede que Puigdemont tenga algo –algo—de razón cuando dice que parece que no nos importa el proceso de independencia. Toma, lo mismo que el resto de las muy graves cuestiones que aquejan a este país. Pero ¿no se han enterado los problemas esos tan graves, no se han enterado los catalanes, de que aquí se juega, este sábado, el ‘sancta sanctorum’ de los partidos? Aquí, en el centro neurálgico y político del país, no se habla de otra cosa en estas horas que del encuentro entre los dos históricos equipos madridistas que se juega en Milán. Hasta el punto de que una de las preguntas que, formulada por un querido colega de una agencia de prensa, le llegó a Puigdemont fue esta: “usted ¿quién quiere que gane este sábado, el Real o el Atlético?”. Risas que sirvieron para destensar un poco el ambiente. “Seguro que, gane quien gane, ganarán los madrileños”, sonrió Puigdemont, que ya he dicho que venía en plan simpático. Le insistieron: bueno, de tener que decantarse por alguno, quizá por el Atlético, concedió. Ah pues por ahí puede empezar el diálogo, ya que somos incapaces de concertar en otras cosas de mayor calado. De momento.
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