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26-J: la guerrilla de las papeletas y el voto por correo

miércoles 22 de junio de 2016, 08:42h

Siguiendo estos días los escenarios de las guerrillas de las papeletas y los votos por correo, se observa que no es, mejor dicho, no va a ser moco de pavo. Estos destacamentos no tan irregulares han cobrado especial importancia en las elecciones del 26 de junio de 2016; como dicen los modernos en las redes sociales: “y lo saben”. Hoy finaliza el plazo para ejercer este derecho y el iceberg ya ha mostrado su puntita.

En las elecciones del 20 de diciembre de 2015 hubo un total de 783.415 peticiones, cifra que se ha duplicado para el 26J (1.452.988) y que ha cogido por sorpresa a todos. El Instituto Nacional de Estadística, organismo que cursa el voto por correo, ha tenido que pedir ayuda y más mano de obra al funcionariado de las subdelegaciones del Gobierno, Extranjería, Instituto Oceanográfico e Instituto Geológico Minero, según la Central Sindical Independiente y de Funcionarios, dato que ha pasado —o se ha querido pasar— “algo” desapercibido en esta tolvanera, diríamos, preelectoral, pero no, porque elecciones, votación y recuento comenzaron el primer día de envío de papeletas para el voto por correo.

Y aquí se plantearían otras dos cuestiones: falta de previsión y déficit de las plantillas en la Administración. Sobre la primera, pasmo; sobre la segunda no ha lugar aquí y ahora. Y Correos dice estar a todo trapo, pero muchos españoles desplazados y emigrados siguen “pidiendo”, a día de hoy, sus papeletas desde Twitter con las etiquetas #VotoEmigrante, #VotoRogado y #VotoRobado. El Estado, ¿desbordado?, ¿desorganizado? Medias sonrisas que se esbozan de lado.

La cuenta de Twitter @MareaGranate (red transnacional de emigrantes del Estado español) no tiene desperdicio en su lectura, y ha dejado con lo que viene a ser el final de la espalda al aire a la Administración, consulados, etc. —aquí están todos los que son y son todos los que están— con sus denuncias digitales y con lo que han llamado la “Carrera de Sobres”, una “prueba del algodón”: los emigrados españoles pidieron a familiares o amigos en España, el mismo día que solicitaron las papeletas, que les remitieran por correo certificado una carta para ver cuánto tardaba la misiva y cuánto las papeletas. Y “el algodón no engaña”; aún teniendo en cuenta los trámites y burocracia del voto por correo, ejemplos hay que siguen esperando y, seguramente, lo harán hasta la próxima cita con las urnas.

Qué historias. Historias de papeletas de algún partido —Podemos; siempre de víctimas (sonrisa)— que “narran” que no están incluidas en los envíos; historias de papeletas de otros —Partido Popular, PSOE, Ciudadanos; presuntos victimarios (otra sonrisa)— que “cuentan” que están duplicadas; historias de problemas de imprentas; historias de los envíos según la provincia, etc. Relatos, intrigas, tácticas, técnicas… Y también historias de españoles residentes en Portugal o Francia que vienen a votar en coche, y que anuncian plazas libres en el vehículo y ciudades por las que irán parando desde las redes sociales.

Hace una semana le robaron una saca a un cartero que hacía el reparto en un barrio madrileño, los pocos votos por correo —con nombre y apellidos—aparecieron abiertos y tirados en la calle a no muchos metros de donde le desapareció el carro de reparto. ¿Buscaban “los sufragios”?; no parece lo razonable; palabra esta última absurda en este asunto a reflexionar, perdón. Aquí lo dejamos, pues, hasta que hable el 26 de junio: papeletas solicitadas desde fuera de España y papeletas que llegaron a España. El voto por correo puede ser decisivo.

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