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Villar del Río, capital Madrid

domingo 10 de julio de 2016, 11:46h

La visita relámpago de Obama a España cada vez se parece más, por lo fugaz y efímero, a la de aquel míster Marshall inmortalizado en la película de Luis García Berlanga. Y no han faltado espectáculos algo ridículos, cuando esta visita no era tan de médico, que nos recordaban a aquellas discusiones grandilocuentes en Villar del Río antes de que el automóvil del dadivoso americano pasase de largo, sin pararse, por el pueblo. La pretensión de Pablo Iglesias/Pepe Isbert de mantener un encuentro 'bilateral' con Obama ha tenido, claro, su vis cómica. Y la negativa pública del secretario general de UGT a acudir a la cena oficial (que no se producirá finalmente) ofrecida por el Rey al hombre más poderoso del mundo resultó, ejem, un poco pueblerina. Como de villarense del Río. Más o menos como el rechazo a la visita de Obama expresado por algunos portavoces de los socios de Podemos, Izquierda Unida. Y es que no estamos anclados en el pasado mes de diciembre, ni siquiera en los duros tiempos de la posguerra: a veces parece que este país en funciones lleva así, anclado en lo ancestral, desde el Siglo de Oro.

Me reafirmo en esta opinión escuchando el discurso con el que Pedro Sánchez inauguró la reunión del comité federal del PSOE. Nada nuevo bajo el sol, excepto, claro, que ahora, en lugar de candidatarse para presidente del Gobierno, el secretario general socialista se postula como líder de la oposición, aprovechando que los de Podemos están ensimismados en sus cosas y como ausentes. Por lo que respecta a la gobernabilidad del país, pues eso: más de lo mismo: 'no y qué parte del 'no no entiende usted, señor Rajoy' es la doctrina oficial en Ferraz, aunque no en todas las sedes autonómicas y locales del partido se expresen las negativas de modo tan absoluto. Y del espectáculo del congreso de Convergencia Democrática de Catalunya, o como se termine llamando eso, mejor ni hablamos: principios del siglo pasado.

Mariano Rajoy/Manolo Morán ha podido, al menos, saludar al amo del Imperio aprovechando la 'cumbre' de la OTAN. Eso fue antes de la matanza de Dallas, que es lo que oficialmente ha acortado la visita de Barack Obama a Sevilla-Rota-Madrid. Los demás se han perdido la posibilidad de intentar, en cinco segundos, trasladar al carismático presidente norteamericano y 'pato cojo' con todas las ventajas que ello implica, sus respectivas visiones del mundo. Qué fastidio, hombre, ahora que el líder de Podemos iba a explicar al inquilino de la Casa Blanca su visión acerca de la OTAN.

Bienvenido míster Marshall, ya digo. Y no es, claro, que la España de hoy tenga mucho que ver con la de Pepe Isbert; pero este nuestro es un país que se resiste a abandonar los viejos moldes políticos para dirigirse hacia la modernidad. Por supuesto, Rajoy, con su andar presidencial elefantiásico, no deja tampoco de tener su parte de culpa ante el hecho de que la vida política sea un cenagal; pero, para decir toda la verdad, los otros, que siguen sin entender (bueno, estoy deseando escuchar a Albert Rivera cuando, el martes, se entreviste con el presidente en funciones) el mensaje de las urnas: el PP ha ganado, pero no para hacer lo-que-le-dé-la-gana. Así que no se trata de ayudar a Rajoy a gobernar, sino de marcarle las pautas de ese Gobierno; ¿qué parte de esta obviedad no entienden?

Me imagino que los asesores que, a bordo del Air Force One, se encargaron de explicar a Obama cómo andan las cosas por este rincón del mundo llamado Spain habrán tenido una ardua tarea para hacer entender al heredero de Harry S.Truman, que fue el presidente que alumbró el plan Marshall, el profundo surrealismo de la actual política nacional. Ni el ascenso de Trump hacia la Casa Banca, que confiemos en que no se consume, resulta tan difícil de comprender como la cerrazón de los herederos de Pepe Isbert a la hora de las alcaldadas y los discursos vacuos. Pero ya ve usted: queríamos creer que Villar del Río estaba superado y no, seguimos con el duelo a garrotazos y la ciudadanía, mirando. Como en Villar del Río, talmente.

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