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Rajoy, el Mourinho de la política

sábado 06 de agosto de 2016, 10:48h

En el PSOE, se denota un cierto tono rancio en algunos socialistas que tan progresistas fueron años atrás y hoy sus mensajes se confunden con los que emanan desde el partido de Mariano Rajoy. Parece que en España ya no se puede hacer política de izquierdas y mucho menos tener un gobierno de dicho signo. José Luis Rodríguez Zapatero fue el último y no sabemos cuándo se repetirá algo similar. Pablo Iglesias lo elogió como “un hombre razonable” llegándolo a calificar como “el mejor presidente que ha tenido nunca España”, si bien me imagino que no se refiere a su visión equivocada de la crisis económica que nos acechaba por todas partes y él no la percibía, preso de su optimismo sempiterno.

Cuando parecía que Jordi Ebole nos había descubierto en un bar de Badalona a Rivera e Iglesias como dos colegas que podían entenderse en el futuro y rejuvenecer la imagen de este país, van los de siempre, los que mandan de verdad, y le dicen a il bello Albert que donde va a ir con uno con coleta y sin ortodoncia, que además se compra las camisas en Alcampo. Raudo y veloz, es cuando Rivera se acuerda que Venezuela también existe y coge un avión hacia Caracas, para hacerse un selfi con la reclusa consorte de Leopoldo López.

Mientras tanto Pedro Sánchez se hacia selfis consigo mismo y estrenaba la campaña de torpezas del 26-J con aquel “puedo prometer y prometo” absurdo, para continuar posteriormente pidiendo respeto para las siglas del PCE, cuando dijo Iglesias que él era comunista de joven, algo que no es ninguna falta de respeto, sino toda una reivindicación de su ideología de izquierdas. Es curioso que incluya una mención a los comunistas a modo de marcar distancias con ellos, cuando precisamente fueron estos e IU, los mejores aliados del PSOE para sumar apoyos en ayuntamientos y comunidades autónomas desde 1979. El PSOE naufraga en las urnas, su líder se difumina, pero se celebra el batacazo de Podemos. Dice el refranero que mal de muchos consuelo de tontos y creo que es muy oportuno aplicarlo ahora.

Aparecía recientemente una filtración del pactus interruptus entre PSOE y C`s, donde uno de los puntos fuertes era el nombramiento de Albert Rivera como vicepresidente del hipotético gobierno presidido por Sánchez. Parece que aquello tan denostado de Podemos reivindicando asientos si apoyaba al PSOE a la Moncloa, ha calado hondo en los chicos de naranja, tanto en aquella ocasión, como ahora cuando han obtenido con votos manchados de esteladas, sus puestos en la Mesa del Congreso de los Diputados que por escaños no les correspondía.

Pero estos juegos de sus señorías, Rajoy lo interpreta como chiquilladas de guaperas sin fundamento, deambulando por el Salón de los Pasos Perdidos, pues aun no conocen bien el camino al bar del Congreso donde antes se conspiraba mucho y ahora se posturea demasiado. El líder del PP nunca se ha caracterizado por las prisas y después de ver a Sánchez ha dicho solemnemente que un camino se empieza dando el primer paso, como si el mismísimo Lao tsé le hubiera inspirado. No conocíamos ese lado reflexivo del presidente en funciones, pero si se da un paso, debe darse en un sentido concreto y otra vez el gallego astuto, no ha dado ninguna pista para variar.

La reunión con Pedro Sánchez fue un rotundo fracaso como ya era previsible. La verdad es que no hay ni física, ni química, ni biología que los una. Se miran poco, especialmente Pedro a Mariano al que no le perdona que le dejase la mano tendida hace meses, en aquel feo gesto que todos vimos. Rajoy se ha convertido en el Mourinho de la política, es aquel personaje que todos ponen a parir, menos sus seguidores que lo elevan a los altares y que al igual que el entrenador portugués, gana sin brillantez, pero con una eficacia sorprendente. Es capaz de decirle a los periodistas de que ha hablado con el Rey y les dice que “ya les he contado todo lo que hemos hablado, salvo aquello que no les he dicho”, un autentico prestidigitador del lenguaje.

Seguimos sin grandes expectativas de encontrar una salida airosa que confluya en un gobierno de manera inmediata, a pesar de contar con Albert Rivera interpretando su papel de Celestina allá donde vaya. Primero fue el pacto con el PSOE y después, fiel a su papel de arreglaparejas, fue capaz de pronunciarse a favor de involucrar a la corona en esta aventura de conciliar al PP y al PSOE, “por el bien de España”, pues aquí cuando algo no funciona, o se invoca a la Virgen para que arregle el paro, se recurre a Merkel para que actúe de Señorita Rotenmeyer (papel que por cierto lo borda) o se dice que es por el bien patrio, que siempre, casualmente, coincide con los intereses de quien lo invoca.

Rivera insiste en que Rajoy no le gusta, pero le apoyará porque en el fondo es lo que le pide el cuerpo. Igual vale para derechas que para izquierdas, pero Rivera (no se equivoquen) solo es de quien le convenga en cada momento. Ahora dice Pedro Sánchez “que se pongan de acuerdo las derechas”, en referencia a PP y C`s, pero entonces ¿por que firmó el PSOE un pacto con un partido de derechas? ¿Cómo es posible que la militancia votase a favor de ese pacto? Son parte de las incongruencias de un líder bajo mínimos que solo pretende no aparecer en los anales de la historia como el único candidato a presidente que pierde un debate de investidura. Sánchez quiere a toda costa que Rajoy sienta en sus carnes la misma desazón que el sintió y va a obligar como sea a Rajoy a pasar por las horcas caudinas cual romano vencido y rendido, pactando las condiciones de paz con los samnitas. Precisamente en este episodio histórico, los samnitas propusieron a los todopoderosos romanos, que les dejarían salir vivos de allí si desfilaban pasando todos medio desnudos bajo un yugo en señal de derrota. Esta ultima parte del acuerdo, es lo que tensa ahora mismo la posible abstención en la votación de investidura, pues Mariano se opone rotundamente a desfilar medio en pelotas bajo ningún concepto (¡imagino la cara de los ministros/as opusinos!) aunque está pensando decírselo a Rivera como parte del pacto de gobierno, pues de eso Albert sabe un montón.

El dilema del voto socialista hace temer que haga lo que haga el secretario general, no sale vivo de esta. Algunos barones están por el “no” y otros por la abstención. Veteranos socialistas ya han expresado su opinión favorable a esta última postura, como el propio Felipe González. Por cierto, no estaría de más, que el expresidente fuera algún día al Comité Federal y allí, ante el máximo órgano entre congresos, dijera lo mismo pero en clave política y no como titular periodístico.

Lo peor es que el tiempo pasa y los ministros son cada vez menos (Soria, Ana Pastor y Alfonso Alonso out) con lo cual el consejo de ministros se podrá celebrar dentro de poco en el cuarto de estar de Rajoy, tomando un café y una pastas, o como esto no se arregle, comiendo turrón y polvorones celebrando el primer aniversario de un país en funciones.


JOSE JOAQUIN FLECHOSO

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