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Mariano Rajoy en el balcón de Génova
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Mariano Rajoy en el balcón de Génova (Foto: Kike Rincón)

El PP y sus catastróficas desdichas: a Rajoy le crecen los 'marrones'

(Vicente Mateu)

martes 13 de septiembre de 2016, 13:42h

Otro día aciago para el PP, un partido que en los últimos días va de ‘marrón’ en ‘marrón’. Al menos más de lo habitual y, como siempre, con la sombra de la corrupción, o como mínimo la falta de ética y estética. La mala racha coincide sospechosamente con el comienzo de las campañas electorales en Euskadi y Galicia, aunque en todos los casos que protagonizan la actualidad da la sensación de que los populares han decidido pegarse un tiro en el pie. Con una ametralladora.

Martes y 13 en toda regla para Génova. El PP ya estaba resignado, a regañadientes por supuesto, a la comparecencia de Luis de Guindos por la tarde -muy tarde- en una comisión del Congreso para dar explicaciones sobre una de las decisiones más absurdas que se recuerdan: proponer al ex ministro de Industria, José Manuel Soria, para un alto cargo en el Banco Mundial pese a que su cadáver político aún está caliente tras su dimisión por mentir en el caso de los papeles de Panamá. Como ha dicho Albert Rivera a primera hora de la mañana, si Mariano Rajoy no lo sabía, malo, pero si lo sabía, peor.

Una serie de ‘catastróficas desdichas’ del PP que comenzó aún más temprano con la noticia de El Mundo sobre el presunto acuerdo alcanzado por el ex presidente balear Jaume Matas con la fiscalía anticorrupción para intentar no volver a la cárcel: a cambio, señala la mano del ex tesorero Álvaro Lapuerta, incapaz de defenderse por su avanzada edad, como la portadora del sobre con las instrucciones para amañar el concurso de la construcción del mayor hospital de las islas.

A media mañana, saltaba una noticia inesperada: Luis Bárcenas retiraba su acusación contra el PP en el caso de los famosos ordenadores de Génova convenientemente borrados y cuidadosamente destruidos. De inmediato se empezó a especular con un posible pacto entre dos partes enfrentadas en los tribunales y en los medios, aunque el ex tesorero salió rápidamente a desmentirlo y afirmar -lector, sé fuerte- que lo ha hecho porque está harto de que le utilicen para hacer daño a Mariano Rajoy. Un argumento que, lógicamente, casi nadie se ha creído.

Y a mediodía cayó la bomba. O, mejor dicho, María-Rita Barberá, como figura en los papeles del Tribunal Supremo en los que anuncia que asumirá el caso del presunto blanqueo de dinero en el PP valenciano al considerar que hay pruebas de su participación. La ex alcaldesa y senadora aún no está imputada -investigada se dice ahora-, lo que da teóricamente una salida a la dirección nacional de su partido para andar con pies de plomo.

Obviamente, la situación de Rita Barberá es políticamente insostenible, esté o no imputada, lo que se espera que ocurra en un plazo más o menos breve. La primera medida ha sido apartarla de las dos comisiones del Senado -Constitucional y Economía- en las que se la había reubicado ayer mismo [ya formó parte de ellas en la anterior Legislatura]. Dos vocalías que ya provocaron críticas, superadas de sobra ahora por el auto del Supremo.

Entre medias, en un suceso de índole muy distinta, el PP ha sufrido otra auténtica “catastrófica desdicha” al perder a una figura emblemática más allá de Castilla y León. La metedura de pata de Rosa Valdeón ha dejado a Juan Vicente Herrera sin vicepresidenta y al partido sin uno de sus militantes con voz propia -y sin pelos en la lengua- más destacados. Su rápida dimisión, aunque a medias, ha salvado los muebles y paliado el daño a la imagen de los populares.

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