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091 prende fuego a La Riviera en su despedida de Madrid
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091 prende fuego a La Riviera en su despedida de Madrid

domingo 30 de octubre de 2016, 01:09h
Dice la canción más famosa de los Cero que la vida que mala es pero el grupo se contradice a sí mismo regalando a sus seguidores momentos de felicidad como los de su concierto de despedida de Madrid en La Riviera. Citando al gran Andrés Montes la vida puede ser maravillosa y en noches en los que la luna brilla sobre el cielo negro se pueden encontrar rayos de esperanza, sobre todo cuando un grupo es capaz de encender una sala de conciertos cerrando su concierto con la primera canción que grabaron como si el tiempo no hubiera corrido y fueran los mismos chavales dispuestos a comerse el mundo de hace 33 años.
El sonido del concierto fue casi perfecto, con una banda que cuida cada detalle y se mantiene en plena forma, mención especial para el despliegue vocal de un José Antonio García por el que no pasan los años. El concierto empezó puntual a las 9 de la noche con los sones del 'Man with a harmonica' de Morricone que dieron paso a la primera canción, la instrumental 'Palo cortao'. A continuación órdago a grande con un 'Qué fue del Siglo XX' que fue coreada por todas y cada una de las personas que llenaban La Riviera, 'Zapatos de piel de caimán' fue la primera de las ocho canciones de 'Tormentas imaginarias' que sonaron. 'El deseo y el fuego' trajo a la memoria a sus adorados Clash, con 'Esperar la lluvia' y la magnífica 'Escenas de guerra' recordaron a sus dos primeros discos, los que menos peso tienen en su repertorio actual. El brutal riff de 'El baile de la desesperación' dejó paso a la psicodelia y la brillante melodía de 'Tormentas imaginarias'. Con 'En el laberinto' demostraron su simpatía por los Stones y 'Huellas' dejó otro potente riff y una interpretación todavía más intensa que en la versión de estudio, además de servir para demostrar que Víctor García Lapido es un gran guitarrista por derecho propio.

Para 'Nubes con forma de pistola', José Ignacio Lapido se pasó a la acústica, aunque uno de los momentos más emocionantes de la velada llegó con esa preciosidad llamada 'La noche que la luna salió tarde'. 'Otros como yo' vio por única vez a los hermanos Lapido tocando juntos y 'Un cielo de color vino' sirvió a la banda para demostrar su amor por la música soul. El final del primer tramo les vio volver a los años 80 con 'En la calle' y la icónica 'La torre de la vela', única parada en 'Debajo de las piedras'. Para el primer bis volvieron solo el maestro Lapido y José Antonio García para clavar la versión acústica de 'La canción del espantapájaros', también tuvieron tiempo para rescatar una canción mítica entre sus seguidores, 'Un minuto de emoción', conocida como 'Venus', un tema que grabaron en la maqueta que les sirvió para fichar por una multinacional en 1992 pero que nunca llegaron a sacar en ningún disco. 'Esta noche' les vio abrazar su parte más pop y el trallazo de 'La calle del viento' puso fin a la primera tanda de bises.

Volvieron con 'Como acaban los sueños', con la que demostraron que su último disco, 'Todo lo que vendrá después', es el que mejor baladas y medios tiempos tiene. Luego llegó la vacilona 'La vida que mala es' y lo que parecía el final del concierto pero, sin dejar que recuperáramos el aliento, se lanzaron como unos asesinos con 'Fuego en mi oficina', el primer 'single' que sacaron en el lejano 1983, una canción de espíritu punk que sonó tan bestial como si la hubieran tocado unos veinteañeros dispuestos a comerse el mundo. Fue un final apoteósico con el que 091 demostró que su 'Maniobra de resurrección' ha sido hecha desde un tremendo cariño a un cancionero ejemplar en el panorama del rock en español.
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