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‘Cómo amar al ministro de Cultura’, sin morir en el intento

‘Cómo amar al ministro de Cultura’, sin morir en el intento

domingo 06 de noviembre de 2016, 13:14h

La Sala Nueve Norte Teatro tiene estos días la clave para marcarnos el camino de ‘Cómo amar al ministro de cultura’, un texto de Enrique Olmos, cuyo montaje ha dirigido Chiqui Carabante, que acierta al potenciar la hilarante interpretación de cuatro estupendos actores Antonio Aguilar, Chete Guzmán, Luis Miguel Molina y Mónica Mayén.

La historia de ‘Cómo amar al ministro de Cultura’ parte de tres jóvenes culturetas de provincias, dos chicos y una chica, que se acercan a la capital huyendo del tedio de su patria chica con la sana intención de comerse el mundo en la capital de las Españas. Pero el trecho que separa los sueños y la utopía de la triste realidad puede medirse por la cantidad de deudas impagadas al cabo de unos meses (recibos del gas, agua y luz, además del pago del alquiler incluido). Ahí empieza la verdadera peripecia vital de estos jóvenes que, en tan corto periodo de tiempo, ya han podido comprobar en sus propias carnes la precariedad, los abusos y la falta de perspectivas reales para el futuro de cada uno de ellos…

La chica (Mónica Mayén) es actriz y, después de pasar por los innumerables casting de rigor, el único papel que le sale tiene de sobreprecio una felación al productor del montaje. Uno de los chicos (Antonio Aguilar), licenciado en Filología Hispánica, cuya vocación es claramente la docencia, no consigue dar clases más que en un taller literario “infantil” convocado desde un centro cívico, al que no acuden más que adolescentes pasotas, probablemente obligados por sus padres, y un hombre maduro, que despierta la ilusión del frustrado profesor hasta que un buen día desaparece de sus clases y no deja huella del por qué. De momento, se conforma con trabajar en un call center de contactos “calientes”. Y el tercero del grupo (Luis Miguel Molina) es un recién licenciado en Bellas Artes cuyo destino, lejos de desarrollarse en la creación pictórica o escultórica, es sobrevivir como puede y con lo que va saliendo, por ejemplo, sacar a pasear perros (con descripción minuciosa y exhaustiva de las excreciones de los canes a sus dueños).

En vista de que la suerte les es adversa, deciden planear un secuestro exprés con el cuñado de uno de ellos, politiquillo de tres al cuarto y asiduo visitante de un club de alterne, pero el tiro les sale por la culata y en su lugar a quien tienen que decidir si le aplican el plan previsto es al propio ministro de Cultura, que también acude allí de tapadillo.

La clara intención del montaje de atacar frontalmente la política cultural del gobierno español -por cierto, no sin razón…- , que ha provocado el gravamen del IVA cultural del 21%, sin embargo, no parece que tenga que conllevar necesariamente la extraña y profusa mezcla de nombres de la cultura progre (Milan Kundera, Alessandro Baricco, Jorge Luis Borges o Arturo Pérez Reverte, estos dos últimos menospreciados en el texto) con la constante verbalización de palabras escatológicas o mal sonantes (mierda, follar, puta, caca del perro, etc.). Al final, el texto cae justamente en la misma ordinariez y subcultura que pretende denunciar. No hubiera estado mal, ya que en él se repite un par de veces la expresión “cráneo privilegiado”, que el autor hubiera tomado como referencia al propio Valle Inclán, que en su ‘Luces de bohemia’ no deja títere con cabeza de la España oficial de la época -Cultura, Hacienda y Fomento, entre otros ministerios incluidos-.

Pero, una vez dicho esto del texto, hay que decir también que los cuatro actores brillan por la pasión y comicidad que aportan en sus papeles respectivos, y más aún Chete Guzmán (extraordinaria suactuación), que triplica papel como narrador, viejete que abandona el club, y ministro de Cultura con una curda de impresión que, aún así, imagina que está en el parlamento defendiendo una proposición de ley.

Una comedia divertida de 70 minutos de duración, en fin, a la que probablemente sobran unos cuantos términos escatológicos y de la condición animal del ser humano, a pesar de que su uso habitual y cotidiano, lejos de toda inhibición, se haya puesto de moda en los últimos tiempos, al menos en ciertos sectores de nuestra sociedad. Eso no tendría nada de particular si no fuera porque, con extrema facilidad, ligereza y osadía, se asocia a un nuevo concepto de “cultura”. No estaría de más que algunos volvieran a manejar algún diccionario de sinónimos y antónimos para comenzar a curar tamaña ceguera cultural.

‘Cómo amar al ministro de Cultura’

Autor: Enrique Olmos

Dirección: Chiqui Carabante

Intérpretes: Antonio Aguilar, Chete Guzmán, Luis Miguel Molina y Mónica Mayén

Diseño de escenografía: Walter Arias

Fotografía: Daniel Garrido

Diseño de luces: Nerea Castresana

Ayudante de dirección: Laura Perea

Producción: Compañía El Hangar

Coproducción: Diputación de Córdoba, Teatro Nueve Norte

Sala Nueve Norte, Madrid

Hasta el 26 de noviembre

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