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Agresiones sexuales grupales: la psicología del agresor

Agresiones sexuales grupales: la psicología del agresor

martes 15 de noviembre de 2016, 10:49h

El juez de Instrucción número 4 de Pamplona, que investiga la supuesta violación grupal de una joven de 18 años el pasado 7 de julio, ha dictado una providencia en la que da traslado a las partes para que, en el plazo de tres días, «puedan proponer las diligencias de prueba cuya práctica pretendan o aportar los documentos que interesen».

De este modo, el tribunal devuelve «en su integridad» el sumario remitido al Juzgado instructor, «a cuya disposición quedarán nuevamente sometidas las personas provisionalmente privadas de libertad» por estos hechos.

El caso de la violación grupal de Pamplona vuelve a estar de actualidad de nuevo, desde que la pasada semana conociéramos que uno de los presuntos agresores fue denunciado por otra posible violación que se produjo en la localidad sevillana de Dos Hermanas.

La joven apareció con amnesia, después de pasar una noche con unos chicos en las fiestas del pueblo. Le habían quitado sus pertenencias, y tenía dolores en la cabeza y en las piernas. Se daba la circunstancia de uno de los acusados se encontraba en las inmediaciones.

El juzgado de Dos Hermanas decidió archivar la causa porque la denuncia «era muy imprecisa y no se sabía ni quién era ni dónde estaba la víctima, y además no estaba claro que los hechos pudieran constituir un delito». Sin embargo, no se descarta reabrir el caso si apareciera algún dato relevante.

Los mecanismos psicológicos que intervienen en las violaciones grupales son diferentes de los que se dan en otros tipos de agresión: la psicología de grupos tiene relevancia a la hora de entender el origen y desarrollo de este tipo de comportamientos. A continuación, expondremos algunos de los elementos presentes durante hechos como los acaecidos el pasado verano en Pamplona.

Se trata de actos preminentemente urbanos, que se realizan en contextos específicos: ambiente nocturno, fiestas, aglomeraciones, eventos deportivos, reuniones de amigos, etc. Corresponden aproximadamente a una de cada tres agresiones sexuales denunciadas, y la probabilidad de que una vez iniciada la agresión, ésta llegue a consumarse es mayor que en los actos de naturaleza individual.

Perfil de los agresores

La violación grupal es una modalidad dentro de los delitos sexuales, por lo que los autores de los mismos comparten con éstos algunas características genéricas que se encuentran asumidas dentro del perfil genérico del agresor sexual.

De este modo, la actitud del violador hacia su víctima es, muchas veces, un reflejo de una actitud más general hacia el sexo femenino (una misoginia, ya sea oculta o no). Este fenómeno de desvalorización de la mujer ha sido explicado por diversos autores, siendo las teorías tradicionalmente aceptadas básicamente dos: por un lado, las experiencias personales del sujeto y sus relaciones con las mujeres (especialmente con su madre, y sus parejas), y por otro lado la percepción cultural conformada por la imposición del dogma de la sociedad patriarcal.

Ya centrándonos más específicamente dentro del perfil de agresor sexual que actúa en grupo, podemos decir que se trata sujetos inseguros, que buscan la aprobación social integrándose dentro de un “clan”.

Es habitual que uno de los miembros asuma el papel de líder, ejerciendo influencia sobre el resto. Suelen ser los que eligen a la víctima y los que inician la agresión. A menudo utilizan técnicas de manipulación hacia sus compañeros, para convencerles o incentivarles. Intentan dar la imagen de “tipo duro”, y buscan constantemente la aceptación entre sus iguales.

Los grupos, en la inmensa mayoría, están compuestos solo por hombres; sin bien es cierto, existe constancia de casos que los que mujeres intervienen de alguna forma en la agresión, atrayendo a la víctima o grabando en video.

Se trata de grupos en los que existe cierta “hipermasculinidad”. Mediante la agresión, demuestran su “dominancia masculina”, su integración dentro del grupo, y el lugar que ocupan dentro de este.

Después de la comisión de los hechos, suelen sentirse orgullosos, e incluso alardear. Recordemos los comentarios y bromas que realizaron por whatsapp los agresores de Pamplona, los cuales llegaron incluso a grabar la violación, difundiendo el video posteriormente.

En el grupo distinguimos entre los sujetos que intervienen, directa o indirectamente en la acción, y los que asumen el papel de meros observadores. Dentro del primer grupo, podemos encontrar distintos grados de participación: que puede ir desde la propia comisión, hasta la realización de actos que faciliten u oculten los hechos (sujetar a la víctima, alentar a sus compañeros, realizar labores de vigilancia, etc).

La compasión por la víctima se interpreta como un signo de debilidad, lo que explica la pasividad de los sujetos que no intervienen.

La dinámica de grupo como factor coadyuvante

Durante los hechos realizados en conjunto se desindividualiza la identidad personal, sustituyéndose por una identificación con los objetivos del grupo. Este proceso tiene como resultado la pérdida de responsabilidad individual, reduciendo la responsabilidad y preocupación de los miembros sobre las consecuencias de sus acciones.

Un factor clave de esta desindividualización es el anonimato: cualquier cosa que hagan los miembros menos identificables, contribuye a aumentar sus efectos. La percepción de las responsabilidades de cualquier acción llevada a cabo conjuntamente con el resto del grupo se ven diluidas. El individuo, internamente, atribuye la responsabilidad del acto al grupo, y no a sí mismo.

En cierto modo, cada individuo deja de pensar por sí mismo para acabar actuando tal y como lo hace el resto del grupo, por simple imitación.

Otro factor que interviene es el llamado refuerzo mutuo; que implica que durante la ejecución de un acto de estas características, cada una de las acciones de los componentes del grupo, animan al resto a participar. Las acciones de unos retroalimentan las de los otros e incluso los intensifican, pudiendo derivar en una escalada de violencia.

Así mismo, el hecho de que los individuos menos dominantes se sientan observados, también puede actuar como incentivo. Este fenómeno se denomina aprensión por la evaluación: las respuestas radicales son favorecidas cuando las personas piensan que están siendo evaluadas.

Por último haremos referencia al proceso de polarización; se refiere a que el grupo fortalece las tendencias preexistentes de sus miembros. Sin bien es cierto que esas tendencias tienen que estar presentes en la personalidad del sujeto. Las decisiones y comportamientos de grupo, en contra de los que se piensa, suelen ser más arriesgados que los que sus miembros realizarían por separado.

Modus operandi: la sumisión química

Habitualmente comienza con una etapa de “seducción”, en el que uno de los miembros del grupo (es probable que sea el que asuma el papel de líder), intente atraer la atención de la víctima; para ello se muestra encantador, ganándose su confianza.

A continuación, mediante el uso de alcohol o drogas, deja a la mujer en un estado de vulnerabilidad. Situación que aprovecha para “invitar” a sus compañeros a participar en la agresión; en muchos casos la violación viene acompañada de todo tipo de insultos y humillaciones.

En el caso de la violación grupal de Pamplona existen sospechas (tanto por la descripción que hace la joven de los síntomas experimentados, como por las alusiones que realizan varios de los agresores en el chat de whatsapp al que se ha tenido acceso) de la utilización de escopolamina.

También denominada como “burundanga”, “droga del diablo” o “droga zombie”, se extrae de una planta de la familia de las solanáceas, y es un antimuscarínico (anticolinérgico). Se puede diluir en bebidas, meterlo en cigarrillos, o ingerirlo a través de la inhalación. Puede ser administrado impregnando un objeto o superficie y acercándolo a la víctima: por ejemplo, un pañuelo.

Es un depresor del sistema nervioso central; comienza a hacer efecto apenas unos minutos después del consumo, haciendo a las víctimas extremadamente manipulables; alcanzan un grado extremo de anulación de la voluntad. Es utilizado para realizar actividades criminales de diversa naturaleza, debido a que las víctimas pueden realizar acciones cotidianas sin que otras personas puedan percibir su estado. Tras la desaparición de los efectos, el individuo suele experimentar un episodio de amnesia anterógrada.

Mayor grado de victimización

A niveles legales, la mujer víctima de este tipo de delito se enfrenta con un mayor número de dificultades, ya que debe enfrentarse a los testimonios de los agresores, que habitualmente, se ponen de acuerdo para encubrirse unos a otros.

En la violación de Pamplona, los cinco acusados aseguran que las relaciones fueron completamente consentidas, y que la mujer se inventó la agresión para “salir del paso”. Sin embargo, los peritos psicológicos que examinaron a la chica descartaron que hubiese simulación, determinando que sufre un trastorno de estrés postraumático.

Además, debido la utilización de drogas que anulan la voluntad, en la inmensa mayoría de los casos, la victima sufre amnesia anterógrada, lo que le impide recordar con exactitud lo sucedido. Esto último agrava su situación de vulnerabilidad, y pone trabas para denunciar los hechos; de este modo, las declaraciones ante la policía y/o los servicios sociales suelen ser confusas y poco esclarecedoras.

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