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Una incómoda realidad, un tabú eternamente protegido

lunes 06 de febrero de 2017, 09:24h

Siglo XXI, 2017. Vivimos en una época de libertad, prácticamente se pueden hablar de todos los temas y en una cantidad de redes sociales muy superior a la de hace años. Nuestra voz es más libre que nunca y, sin embargo, aún hay un tema tabú -entre muchos otros claro-, del que no se habla.

Actualmente creo que cualquier actitud de cualquier persona -pública o privada- puede ser cuestionada, cualquier carencia -de conocimiento o de experiencia-, cualquier cambio físico, si no sabe inglés -el gran Must de hoy en día aunque no tengas otras habilidades como la empatía, el esfuerzo, el valor de superarte o el de solucionar una crisis-... Todo se somete a juicio de una masa que puede haber desarrollado esas habilidades o no pero que te juzgará como si fuera experta de las mismas. Ahora bien, este tabú también afecta a esta masa, también congela sus voces y críticas sobre este tema, solamente mencionado cuando se trata de gente ajena, de políticos, de famosos empresarios o de gente que “no nos toca”.

El tabú al que me refiero es al de la comunicación, al de saber hablar en público sin un miedo que nos coarte, y, en realidad, más que al desarrollo de esta habilidad, el tabú afecta al reconocimiento de este aprendizaje. “Todos hablamos bien”, “todos nos comunicamos bien”, “ninguno de los miembros de las empresas donde trabajamos necesita adquirir habilidades de comunicación oral”… Pero, ¿por qué? ¿Por qué se reconoce que se tienen que aprender matemáticas, que se deben dominar diferentes idiomas y se obvia que sea necesaria la formación en oratoria? “Se obvia” o, mejor dicho, se tapa y se garantiza que no existe esa necesariedad porque: todos lo hacemos bien.

Con este artículo quiero humildemente lanzar una oda al “que no pasa nada, que no eres menos profesional porque necesites formarte en esta área”.

Profesores o empresarios, los dos grandes bloques de oradores -exceptuando a los políticos, que la piedad del tabú no les protege-, a los que no se les cuestiona la habilidad de comunicar ante un público porque: si das clase, si te ubicas frente a un auditorio y hablas, ya les estás comunicando, ¡¿cómo les va a hacer falta aprender a hablar en público?!

En el caso de los profesores he de reconocer que el efecto del tabú es curioso, porque aunque muchos de ellos sí reconocen que necesitan mejorar sus habilidades comunicativas es precisamente su entorno el que niega dicha necesidad de aprendizaje.

En un mundo en el que la formación es gratis y privada, que no tienes que decirle –si no te apetece- ni al mundo, ni a tu empresa, ni a tus amigos ni familia una carencia que has detectado en ti y que puedes suplirla y mejorarla: ¿por qué no se le da importancia a comunicar ante un público? O, lo que es peor, ¿por qué se viste de paños calientes y mentiras una realidad que debería ser aceptada y superada sin problemas como ocurre con otras disciplinas? ¿Por qué “pica” que nos digan que no comunicamos bien? Que el ser humano sea social por naturaleza no significa que tenga que saber comunicar ante un auditorio, que el ser humano sea social por naturaleza le otorga la capacidad innata de poder comunicar, pero está en cada uno de nosotros aprender a hablar –emitir un mensaje- o realmente aprender a comunicar.

Con todo esto, me pregunto: ¿realmente queremos saber qué ha entendido la otra parte? ¿Queremos realmente hacernos entender o nos basta con “soltar” nuestro mensaje? ¿Queremos, de verdad, comunicarnos o nos son suficientes los monólogos aunque no queramos reconocerlo? ¿Por qué no nos importa la comunicación si precisamente es nuestra arma para cambiar el mundo?


Rocío Martín López
Experta en comunicación
@rociomartinlope - www.rociomartinlopez.com
Autora de 'Neotelling: El arte de comunicar con tecnología'

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