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Autobuses, personas trans y derechos de las partes

martes 07 de marzo de 2017, 08:02h

Existe un amplio consenso acerca de que uno de los factores que ha facilitado la victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones ha sido el resentimiento silencioso de amplios sectores de la población. Por eso fue imposible prever su victoria sólo un mes antes de los comicios. Hoy sabemos que el mayor fracaso de Obama consistió en que no lograra superar la profunda división del pueblo norteamericano entre orientaciones progresistas y conservadoras. Y que tratar de impulsar lo que puede parecer progresista sin ganar en una medida suficiente las mentes y los corazones de la gente, suele provocar reacciones poderosas. Creo que algo de esto sucedió con la rotunda mayoría absoluta que logró el PP tras el vedetismo progre de Rodríguez Zapatero en su segundo gobierno.

Esa es la razón por la que me parece necesario participar en el debate surgido con el autobús fletado en Madrid por Hazte Oír para hacer campaña sobre identidad sexual. Como se sabe, esa acción fue una respuesta a la campaña lanzada en Navarra y el País Vasco por la asociación Chrysallis, sobre transexualidad infantil. Si en las marquesinas vascas pudo leerse “Hay niñas con pene y niños con vulva”, en el autobús se leía: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”. A primera vista parece un debate sobre identidad sexual pero el asunto es bastante más complejo.

En todo caso, el Ayuntamiento de Madrid adoptó una medida drástica y detuvo el bus para inmovilizarlo en una de sus cocheras. A continuación intervino un juzgado de Plaza Castilla para dictar sentencia provisional y ratificar la inmovilización del vehículo. Hubo declaraciones públicas acusando a Hazte Oír de cometer un delito de incitación al odio. Pero también se alzaron voces negando el fundamento de esa acusación. Sin embargo, tengo la sensación de que sobre todo hay mucho silencio y mucha gente que no lo tiene claro.

Una primera confusión se refiere a la llamada ideología de género. Al parecer, Chrysallis la defiende y Hazte Oír la rechaza. Pero lo cierto es que el enfoque de género tiene otros fundamentos. Partió de la observación de que hay que distinguir el sexo biológico de la construcción de género socio cultural, la cual asigna atributos, roles, opciones diferentes a las personas por el hecho de nacer hombre o mujer. El enfoque de género tiene un valor cognitivo (como las dimensiones de clase, raza o edad) y además busca un nuevo acuerdo cultural para flexibilizar los roles y lograr la equidad entre mujeres y hombres. Pero, desde luego, partió de la evidencia empírica de que lo regular en la especie humana es la existencia de dos sexos, algo que, con el descubrimiento del genoma humano, se sabe que se dispara desde los genes. Es decir, partió de una distinción binaria de la identidad de género.

La visión trans que impulsa, por ejemplo, el National Center for Transgender Equality (NCTE) en Estados Unidos, supone una ruptura de esa base dual que posee el enfoque de género mayoritario y conocido. Ya no se trata de flexibilizar los roles de ambos géneros, sino de optar por identidades de género que son mezcla o puntos neutros al respecto. Y aunque la posición transgénero no es lo mismo que la condición transexual -de la que se ocupa más la asociación Chrysallis- lo cierto es que ambas comparten la necesidad de superar el enfoque binario de género.

Así las cosas, cabe preguntarse si no habría que abandonar definitivamente la perspectiva de género dual, ante el aparecimiento de la posición transgénero. Mi juicio es que tal cosa no debería hacerse. Pero antes de aclararlo, creo que es necesario mencionar que Hazte Oír rechaza el enfoque de género desde posiciones conservadoras religiosas, aunque también lo hace porque no conoce bien esta materia. En realidad, mete todo en un paquete retardatario (aborto, homosexualidad, enfoque de género), que resulta una amalgama de desconocimiento y negación de derechos sustantivos.

Pero regresemos al punto. ¿Por qué creo que el enfoque de género binario no debería abandonarse? Por una razón sociodemográfica. En términos estadísticos, la división en dos sexos es algo regular en la especie humana, aunque suceda que una pequeña proporción de los seres sexuados no sigue ese patrón. La base binaria del análisis de género sigue siendo válida para más del 90% de la población total. No parece pues conveniente abandonar una perspectiva que puede ser útil para la gran mayoría de la gente.

Lo anterior conlleva que la afirmación hecha por Chrysallis no es exacta. La corrección en el lenguaje –para decir no sólo la verdad sino toda la verdad- debería ser: “Hay algunas niñas que tienen pene y algunos niños que tienen vulva”. Y desde luego, el hecho de que sean minoría no les resta un ápice a sus derechos. De la misma forma que los tienen las personas transgénero, cuando deciden comportarse al margen de los roles binarios de género. Y esos derechos trans deben ser protegidos por los poderes públicos.

Pero de igual forma estoy convencido de que es necesario proteger los derechos de expresión de quienes no comparten esta visión. Siguiendo la lógica de Voltaire, puedo rechazar frontalmente la ideología conservadora de Hazte Oír, pero no quiero llenarles de razón, constriñendo sus derechos civiles y políticos. Entre otras razones, porque mucha gente optará ante esta sospecha por un resentimiento callado que no es bueno para la convivencia democrática.

Y resulta que los argumentos jurídicos para mantener la inmovilización del autobús de Hazte Oír me parece que rozan esos límites. Desde luego, la resolución judicial emitida descarta que las frases del bus supongan un delito de odio, ni que “supongan una humillación respecto de las personas que tengan otra orientación sexual, en tanto en cuanto dicha afirmación no constituye un acto de denigración pública de la misma”. Pero más adelante dicha resolución afirma: “Sí cabe en cambio racionalmente apreciar que supone un menosprecio a dichas personas al no reconocérsele su orientación sexual. A tal respecto cabe destacar que dicha afirmación, expositiva del ideario de la asociación Hazte Oir, no se limita a exponer el ideario que puede tener respecto a la sexualidad, sino que extralimitándose de dicho ideario, parece dirigirse a las personas con una orientación sexual distinta, negándosela, lesionando de esta manera su dignidad”.

Al leer con atención el texto salta a la vista que se adentra en un terreno no precisamente firme. La afirmación de que los niños nacen con pene y las niñas con vulva es una generalización que no supone obligadamente desconocimiento o menosprecio de nadie. Es decir, si se afirmara que los seres humanos nacen con dos brazos ¿se estaría menospreciando a las personas que son mancos de nacimiento? No parece un argumento sólido, porque entonces las afirmaciones generales dejarían de ser un paso de la ciencia y del lenguaje. Pero además tal como está redactado el último párrafo pareciera que lo que se pone en cuestión no es la ideología de Hazte Oír sobre la sexualidad, sino el hecho de que “parece” dirigirse a personas específicas. Una suposición exquisita, que no puede asegurarse (por ello la prudencia del “parece”). Pero si no hay certeza sobre el asunto, entonces la resolución sí estaría olvidando una regla fundamental del derecho: in dubio pro reo. En suma, esta resolución sobre diligencias previas no parece precisamente un texto inapelable.

Por otro lado, importa subrayar que la discusión sobre transexualidad infantil dista mucho de haberse concluido. En realidad, el campo de la pediatría no parece muy de acuerdo al respecto. Recientemente, el Colegio Americano de Pediatras ha emitido un informe donde se llama la atención de serios riesgos a tomar en cuenta. Ponen el acento en el hecho de que las dudas sobre sexualidad son normales en la pubertad, pero que esas dudas se resuelven sin dificultades y en torno al 90% de las personas aceptan su sexo biológico tras pasar la pubertad. Por el contrario, intervenir clínicamente a los adolescentes tiene un alto riesgo: “Los niños –dice el informe- que utilizan bloqueadores de la pubertad para realizar un cambio de sexo, necesitarán hormonas del sexo opuesto durante una adolescencia tardía. La utilización de las hormonas sexuales como la testosterona y los estrógenos del sexo opuesto conllevan riesgos peligrosos para la salud”. Y agrega: “La pubertad no es una enfermedad, pero el bloqueo de las hormonas de la pubescencia puede ser muy peligroso. Bloquear este tipo de hormonas durante la pubertad induce un estado de enfermedad, es decir, provoca la ausencia de pubertad, inhibiendo el crecimiento y la fertilidad de un niño que, antes del proceso, era biológicamente sano”.

Así las cosas, el tratamiento de este asunto exige bastante prudencia. En el caso de las personas adultas, el derecho de los trans (transexuales y transgénero) a vivir de acuerdo con sus preferencias sexuales y/o de género parece consolidado. Pero en el caso de los menores, el asunto es mucho más complejo. No hay duda de que hay situaciones evidentes cuya negación pueden causar un estado de infelicidad en la infancia. Pero también es cierto que existe una cantidad de factores colaterales que pueden operar para que las dudas infantiles o adolescentes sean extrapoladas y entonces la intervención clínica al respecto constituya simplemente abuso infantil. Por otra parte, también está claro que las personas que no estén de acuerdo con la visión trans de la sexualidad tienen todo el derecho a expresarlo públicamente sin temor a ser encausados por ello. Como suele suceder, el fondo del problema estriba en creer que mis derechos deben estar por encima de los otros o simplemente considerarlos en medio de la nada. Nada menos cierto, lo normal en las sociedades complejas es que distintos derechos coexistan. Y entonces la solución no es otra que el esfuerzo colectivo por la armonización de derechos. A menos que no nos importe que la gente no convencida siga acumulando resentimiento silencioso.

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