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Ciudadanos, el ganador neto con el 'nuevo PSOE'

lunes 19 de junio de 2017, 13:04h

La lectura de los resultados del 39º Congreso del PSOE resulta marcadamente polisémica: depende del contexto y la referencia. Si se mira con los ojos de Pedro Sánchez es una victoria absoluta, al menos a corto plazo. Ha conseguido aprobar una ponencia política, formar una Ejecutiva y un Comité Federal completamente a su medida. Más aún, ha logrado modificar los estatutos para impedir que los órganos superiores del partido puedan cuestionarle de nuevo como lo hicieron en el pasado. En la coyuntura actual es el líder indiscutible, resarcido por completo de la ofensa narcisista que recibió no hace mucho.

Pero visto el Congreso desde la perspectiva del PSOE como partido, el optimismo es mucho menor. Lejos de haber logrado unificar, integrar, como había prometido Sánchez, el partido sale del Congreso profundamente dividido, más allá del ligero velo de unidad que todos los delegados y dirigentes territoriales están extendiendo para la galería. Como ha dicho Fernando Lastra, portavoz socialista en el Parlamento asturiano, el nuevo PSOE será una organización “donde la exclusión y el sectarismo van a ser la pauta”. Por si faltaran señales, la eliminación del Comité Federal de figuras como Eduardo Madina, Elena Valenciano o Antonio Hernando, refleja la división interna en la entrañas del partido. En realidad, buena parte de los barones, Susana Díaz incluida, han dado un paso atrás, para que nadie pueda decir que están entorpeciendo al reeditado Secretario General desde el principio de su nueva andadura. Eso sí, abandonando la sala del Congreso antes de votar la ponencia política, como hizo la delegación andaluza. Por eso la consigna es “todo el poder a Pedro Sánchez”, para que no haya duda de quién tendrá la responsabilidad ante la nueva derrota electoral.

Otra lectura menos favorable surge al observar el panorama electoral de los partidos en el arco parlamentario. Porque todo indica que la estrategia elegida por los cerebros de Sánchez (Tezanos incluido) es recuperar los votos arrebatados al PSOE por Podemos. Pero esa es una estrategia equivocada para llegar a la Moncloa (algo que es el sueño húmedo del nuevo Pedro Sánchez), porque si se observa la historia electoral del PSOE desde la transición, ese partido ha ganado las elecciones cuando ha sido hegemónico en la izquierda, pero, sobre todo, ha conseguido adentrarse en el electorado de centro. Al adoptar una propuesta y un discurso izquierdistas, tal vez algunos votos de Podemos regresen al partido socialista, pero éste se despide del avance electoral entre los votantes del centro. Un problema que es hoy mucho más agudo que antes, porque en tiempos del bipartidismo no había ninguna representación orgánica de ese centro electoral progresista, pero hoy ya hay una que reclama ese espacio: Ciudadanos, que resulta el mayor ganador electoral con el “nuevo PSOE”, Ciudadanos, el que saca más rédito de los resultados de este 39 Congreso socialista. Puede que Pedro Sánchez se convierta así en el salvador de la formación política naranja. Aunque también puede que Ciudadanos le devuelva ese favor.

En efecto, al liquidar en el “nuevo PSOE” la antigua línea roja socialista que le prevenía de llegar a La Moncloa del brazo de Podemos, ahora esa línea roja se trasladará a Ciudadanos, que ya ha dejado claro que con Podemos no irá ni a la vuelta de la esquina. Y resulta que sin Ciudadanos no dan las cifras. Así que la alianza progresista de Sánchez pierde su base principal por el centro y sólo le quedan Podemos y los separatistas. Puede que pacte con Ciudadanos en asuntos concretos para “desbancar las políticas de Rajoy”, pero para llegar a la Moncloa eso no es suficiente. Ciudadanos se convierte así en la fuerza política que, a fin de cuentas, “salva” al PSOE de cometer el despropósito de llegar al Gobierno con Podemos.

Por otra parte, resulta inseguro el cálculo de los cerebros de Sánchez de que corriéndose hacia la izquierda, aludiendo al 15-M y considerando a Podemos como una fuerza de cambio, el PSOE logrará arrancar una parte sustanciosa de los votos de esa fuerza morada. Insisto, puede que logré recuperar algunos, pero lo que separa electoralmente a la socialdemocracia del populismo es una profunda grieta en términos de cultura política. Sánchez ha avanzado hacia la organización asamblearia interna, hacia la idea de plurinacionalidad, pero la competencia política con Podemos le exige mucho más. Podemizar suavemente el PSOE no es suficiente.

Finalmente, en términos de sentido de Estado los resultados del Congreso socialista son un pesado lastre. Sánchez ha declarado que el nuevo PSOE será una oposición “leal al Estado, pero no al Gobierno del Partido Popular”; una frase que muestra su afición por las consignas ocurrentes carentes de sentido. ¿Alguien podría explicarle al indocumentado Sánchez (Leguina dixit) que es imposible tener sentido de Estado, ser leal al Estado, sin ponerlo en práctica con el Gobierno electo? En suma, será un milagro si el “nuevo PSOE” no se transforma a mediano plazo en una profunda crisis de la socialdemocracia en España, no menor que la experimentada en Francia. ¿Sera capaz el unitario Patxi López de darse cuenta a tiempo?

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