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La izquierda se modera

sábado 25 de noviembre de 2017, 10:00h


Están gran parte de los aparatos de todos los partidos de izquierdas, sean grandes, medianos, pequeños, en una suerte de campeonato de la moderación, vamos de aceptar presupuestos políticos de la derecha, no solo política, sino lo más peligroso, de la cultura neoliberal.

Vamos, no es que yo sea un radical izquierdista, pero comienzo a asombrarme y lo que es peor a percibir como se dan de forma casi desapercibida pasos a la derecha. No solo políticos y activistas, también intelectuales y profesores en una especie de reestreno del felipismo del 1984 y con grandes perecidos a su proceso, incluido lo de la OTAN.

Se comenzó negando la existencia de la clase obrera en lugar de analizar sus cambios y mutaciones. Se continuó haciendo grotescas pero sesudas afirmaciones acerca de su estatus y movilidad social. Se pasó de eso a afirmar que ya no hay derechas ni izquierdas. Se negó toda una historia de lucha y sacrificios, pero también de logros y éxitos, pues de no ser por las organizaciones obreras ni tendríamos voto universal, ni seguridad social, ni enseñanza pública entre otras muchísimas cosas.

Se pasó a abandonar la idea de que solo la República garantiza la democracia real, pues en ella, todas las magistraturas del estado son electas. En los EE.UU incluso muchos jueces y fiscales. Ya lo de la república no era prioritario. Sin embargo se hablaba de ser constituyente y el 15M repitió como un mantra lo de hacer una nueva constitución, pero eso sí, sin hablar de república. Ahora la cosa llega a más, hablamos de reforma constitucional y miramos con cierta condescendencia a quienes todavía afirmamos aquello del régimen del 78 y la herencia franquista.

La crisis profunda que vivimos que es económica pero también social y política ha llevado a la moderación de los aparatos y aparatillos o al menos a parte de ellos.

La ley pasa a ser el nuevo dogma, olvidando que los partidos obreros, socialistas y socialdemócratas surgieron para cambiar las leyes injustas y las constituciones liberales logrando un nuevo tipo de constituciones sociales. Si de las ideas liberales la izquierda hace dogma, en ese caso no es necesaria. Por eso languidece o simplemente se derechiza.

¿Eso quiere decir que hay que pasar de parlamentos, ayuntamientos y comunidades políticas regionales o nacionales? No. Eso quiere decir que vamos a intentar cambiar. Pero claro, qué y para qué. Los partidos obreros, en el caso socialista que hasta 1920 lo eran todos, pues lo tenían muy claro, eran el instrumento político y administrativo de la clase obrera y trabajadora, de los currantes, de los sectores progresistas de la aristocracia obrera y de sectores ilustrados por el socialismo. Tenían un referente social pues ciudadanas todas éramos ya fueran ricos o pobres, una vez alcanzado el voto universal.

Pero había más cosas que hacer en la labor democratizadora de las izquierdas, como era democratizar la enseñanza, la previsión social, la sanidad, el transporte, inventar las pensiones a base de mutualidades obreras y finalmente democratizar la economía y la propiedad para acabar democratizando plenamente el estado.

Claro, cuando estas ideas parecen antiguallas y cultura política del siglo XIX es que ya nos han pillado y nos han cooptado. Ya somos de los suyos, díscolos, pero de los suyos, en nuestro caso español, del régimen coronado.

Vivimos una situación tremendamente desigual. Hemos perdido casi todos los derechos conquistados en España, no tan solo durante la Republica, que fueron muchísimos, sino los reconquistados entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado y la ley es nuestra enseña. La ley, la Constitución si es para retroceder o garantizar derechos de la banca se cambia con urgencia y punto.

Como excusa, dicen, La clase obrera se ha derechizado. Nadie hacemos pedagogía entre la clase trabajadora y a su vez la transversalidad política interclasista lleva a que ante la ausencia de identificación política hacía aquello de todos son iguales. Las críticas a la política y “los políticos” indiscriminadas solo benefician a la derecha y la extrema derecha. Además una clase trabajadora abandonada y despreciada al final acaba apoyando a quien le ofrece seguridad, sea quien sea. Eso explica el fenómeno Trump y el incremento de votos y de radicalidad de las derechas.

La cuestión merece un análisis mucho más amplio. Esto es un artículo, no un libro. Pero sin referentes sociales no hay posibilidad de triunfo ni de movilización. Tampoco de crítica interna. El interclasismo es nuestra tumba.

Ante esto solo cabe trabajar en el espacio de organizar el Trabajo. El Trabajo con mayúsculas es la expresión de clase organizada, frente al marasmo actual. Frente al miedo al sistema. Frente a la cesión y la rendición de las ideas.

La clase trabajadora española, es atracada diariamente, sus contratos son precarios, sus sueldos llevan años disminuyendo. Pero cuando pensamos en economía se hace única y exclusivamente bajo parámetros neoliberales, luego nos han vencido. Cuando dejamos de ilusionar con una sociedad mejor y diferente de la capitalista, nada tenemos que ofrecer y lo cierto es que hay muchas y muchos, a los que les da vergüenza ofrecer algo diferente, otra organización social no capitalista, en lo que ni ellas mismas creen.

Finalmente, el PP nunca aceptará ni un cambio constitucional con contenido, ni acabar con el precariado, ni con hacer constitucionales los nuevos derechos, ni cederá un milímetro en la cuestión republicana. Nos engañará a todas y todos los que piensen que la burguesía reaccionaria alguna vez aceptará ni siquiera la moderación de la izquierda. Por eso se trata de vencer a la derecha, democráticamente, sí, pero derrotarla.

No queda más espacio político que el Trabajo, si se quiere organizar algo medianamente serio y no cobarde, ni rendido de antemano. La tarea no es sencilla y la Sexta TV nunca nos llamará a sus tertulias. Pero ojo ante las maledicencias de los moderados: no se trata de crear capillas de extrema izquierda, sino de ser consecuentes con las ideas del socialismo democrático y transformador que desea ayudar a organizar el Trabajo. A reorganizar el socialismo.

Carlos Martínez García

Politólogo y ex portuario. Miembro de la plataforma socialista pro PSF.

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