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'Puntos Suspensivos': el dolor y la duda de la incertidumbre
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'Puntos Suspensivos': el dolor y la duda de la incertidumbre

lunes 12 de febrero de 2018, 18:41h
Antonio Machado, probablemente dijo más de una vez a sus alumnos aquello de que "Nunca perdáis contacto con el suelo, porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura". Si es así, Esther Santos, autora y directora del montaje 'Puntos suspensivos' es una mujer muy grande. Su obra es pura sencillez, pura realidad en donde cualquiera –y más aún si es mujer- podrá verse reflejado en la fábula que propone.

Pero decía también el poeta sevillano, antes de afirmar lo que acabo de indicar, que para eso lo mejor era "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales". De este otro consejo solo replico al poeta y maestro que todo vale, menos eso de los escenarios, salvo que el término se indique aquí en sentido metafórico, claro está. Así, nada que objetar. Y lo digo porque, aquí no hay más remedio que acercarse a un escenario, el de los Teatros Luchana de Madrid, para poder disfrutar durante más de hora y cuarto de estos ‘Puntos suspensivos’, una comedia con tintes de drama, o un drama con tintes de comedia, que tanto monta…

En escena, en una sala de espera de hospital, Sofía y Mara dos hermanas de actitudes y caracteres muy distintos, aguardan el desenlace de la estancia de su madre en el centro médico. Depresiva, pesimista y dominante, es la enésima vez que tienen que ingresarla porque ha vuelto a atentar contra su vida. Allí se encuentran con Violeta, que atiende dos llamadas telefónicas bien distintas que las hermanas no pueden reprimir el impuso natural e inicial de escuchar. En la primera, Violeta mantiene una conversación erótica bien subidita de tono con un interlocutor y en la segunda, sin embargo, trata de vender un robot de cocina… Las dos hermanas no salen de su perplejidad por lo que acaban de oír, olvidando así por unos momentos el drama que están viviendo en el hospital.

Batallas cotidianas

Nada como la adversidad une a las personas y estas tres mujeres comparten una situación límite, las hermanas a la espera de si su madre supera de nuevo el bache, y la otra mujer, Violeta, porque su marido ha tenido un gravísimo accidente, con traumatismo cráneo-encefálico incluido, y se encuentra en coma y, posiblemente, al borde de la muerte. En situaciones como esa –casi todos lo hemos vivido-, se hacen confidencias, se emiten juicios y se reciben consejos o reproches, con la misma o mayor naturalidad que si la relación se hubiera forjado durante años y años… Todo eso ha sabido reflejarlo estupendamente Esther Santos, e interpretarlo también -y de qué manera..!- Lucina Gil (Violeta), Ana Roche (Sofía) y Rosa Torres (Mara). Su sencillez, su naturalidad despojada de toda afectación, hacen ver en ellas al espectador a tres personas cualesquiera, y no a tres actrices que interpretan a otros tantos personajes femeninos.

Y es que el montaje tiene mucho, muchísimo, de femenino. Las medias palabras, las afirmaciones intencionadas, las réplicas punzantes, las miradas de sorpresa, cómplices o taladradoras, la escucha, la reflexión, la empatía y el dolor y la alegría compartidas se concentran en una función que va mucho más allá de lo aparente, y esa sencillez en la expresión dramática y en su traslado al escenario, tienen mucho de verdad, de vida. Alcanzar eso no es nada fácil y aquí, desde luego, se consigue.

El paisaje funcional de una sala de espera cualquiera en un hospital de nuestros días (unas cuantas sillas de poliuretano, alineadas milimétricamente al fondo y a uno de los lados del escenario, un par de mesitas con revistas, el hueco del pasillo,…). Suenan levemente los avisos imprescindibles por megafonía, y todo está envuelto en esa luz entre blanquecina y azulada que pronuncia lo aséptico del lugar. Las conversaciones entre las tres mujeres apenas se ven ilustradas por el rugir de una tormenta que se cuela por la ventana de la sala, y al final, por un bolero –el favorito de la madre de las hermanas-, que arrastra al término de la función con una duda y cierta tristeza. Y, entretanto, las tres mujeres dibujando con sus gestos, sus palabras, sus actitudes corporales, y hasta con su posición en las sillas, en uno u otro extremo de la sala de espera (en realidad, el tablero de sus confidencias) para abordar desde lo más íntimo de su ser, sus puntos de vista sobre mujeres y entre mujeres, acerca de amores, desamores, matrimonio, fracasos, familia, aciertos y desaciertos, hijos, trabajo… y hasta del oficio más antiguo del mundo.

Una interesante función que a muchos hombres convencerá al fin -como dijo Rudyard Kipling - de que la intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre. Ellas, las espectadoras, pensarán que se están mirando a un espejo. Ellos, aprenderán mucho.

'Puntos Suspensivos'

Texto y dirección: Esther Santos

Reparto: Lucina Gil, Ana Roche y Rosa Torres

Ayudante de dirección: José Carlos Valencia

Diseño de luces y sonido: Estudio Acto Primero

Fotografía: Federico Sendra y Alfonso Bernabéu

Coproducción: Compañía Entre Líneas y Vania Producciones

Patrocinado: Kunlabori

Ejecutiva: Vania Producciones

Socialmedia: Ka Penichet

Cartel: Estudio Acto Primero

Maquillaje y Peluquería: Débora Rodríguez Valencia

Teatros Luchana (Madrid)

Hasta el 11 de marzo de 2018
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