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Susana Sierra: "En los libros de teatro hay bastante de pasión y amor, pero falta de rigor"

> "Se trata de crear un armazón donde se cuelgue y se realce el texto dramático"
> "En los autores noveles hay cierta contaminación de la narrativa"

lunes 21 de mayo de 2018, 10:14h
Susana Sierra: 'En los libros de teatro hay bastante de pasión y amor, pero falta de rigor'
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(Foto: Susana Sierra)
'Guía para corregir textos dramáticos', de Susana Sierra Álvarez, es un libro tan inusual como necesario. En él se reflexiona por primera vez en español acerca de la corrección de estilo y ortotipográfica de los textos teatrales. Pero, aunque orientado inicialmente a profesionales del teatro y de la edición, su lectura está también indicada para lectores de textos teatrales porque resulta francamente amena puesto que, como se indica en el subtítulo del libro, se busca «cómo enfrentarse a un texto dramático sin que sea un drama».

Los textos dramáticos tienen unas características únicas y precisas que hacen que su redacción y revisión por parte de dramaturgos y correctores requieran de unas técnicas y saberes concretos. Sobre la construcción del personaje, la articulación de una trama, el desarrollo de la acción y demás factores que intervienen en el hecho teatral, lo que en argot se llama «carpintería», hay mucho escrito y abundan talleres y cursos; sin embargo, acerca del cuidado del texto, sus marcas específicas, la dificultad de su revisión y la edición cuidadosa la información está dispersa, es escasa y, en algunos aspectos, inexistente.

El conocimiento lingüístico no es suficiente; saber mucho de teatro, tampoco. Con esta guía se pretende dar a correctores y dramaturgos herramientas que les sean útiles cuando se enfrenten a una obra de teatro. Algunas son de ortotipografía, otras de metodología, de versificación, de estilos de habla, de géneros; además se recomiendan manuales, diccionarios específicos, etc. Nada que no estuviera ya dicho, aunque de manera dispersa y, a menudo, contradictoria.

Emilio del Valle, director de escena y dramaturgo, explica en el prólogo del libro que «la escritura dramática se caracteriza por su alto grado de componente técnico [...]. Y este libro va de eso, de reflexionar sobre esta característica esencial del texto literario dramático para mejorar las prestaciones editoriales del mismo, para hacer sencillo lo que no lo es tanto, para conducirnos en la lectura de manera que nos concentremos en lo que importa, la trama, los personajes, los conflictos, los espacios, las acciones, el lenguaje, y todo ello, sin reparar en la dificultad técnica».

Hablamos con Susana Sierra, la autora de esta novedosa e interesante Guía para corregir textos dramáticos. Sierra ha estado siempre cerca del teatro y de la palabra escrita. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de León y en Arte Dramático por la RESAD de Madrid, ha sido actriz, aunque ahora se dedica fundamentalmente a la corrección y redacción de textos como actividad principal (https://about.me/susanasierraalvarez).

J.M.V.- ¿Cuáles son las tendencias o, incluso, las manías, más frecuentes en la escritura de textos dramáticos?

S.S.A.- En los autores noveles hay cierta contaminación de la narrativa, de manera que las acotaciones no se sitúan donde corresponden sino que se ponen como si fuera una novela. Es algo a lo que se debe estar atento, pues no es lo mismo que una intención afecte a toda la intervención que encontrarla a la mitad de lo que se dice. Otra tendencia que, a mi modo de ver, tiene poco que ver con la escritura dramática y que crea textos muy aburridos para el espectador, es cuando el autor pone en boca de personajes sus reflexiones a modo de discurso, en vez de que sea el personaje que lo manifieste en sus acciones, en los diálogos o incluso en un monólogo. Por ejemplo un monólogo feminista puede convertirse en un panfleto si el personaje que lo dice suelta parrafadas discursivas sobre violencia de género en vez de vivencias, sentimientos y reflexiones propias (de él, del personaje, no del autor) que llevan a la misma tesis. También hay cierta tendencia a que, como soy el autor, puedo poner, y luego exigir que así sea editado, las marcas de los textos dramáticos que a mí me parece o gustan, sin tener en cuenta norma, uso o tradición. Se confunde en este caso la creación del texto con su presentación para que el lector lo lea. El autor debe ser cuidadoso con su texto, pero en cuanto a si se ponen versalitas, rayas o las acotaciones de una manera determinada es el editor el que debe marcar lo que se debe poner, pues todos los textos dramáticos de una editorial deben seguir un mismo libro de estilo para que el lector se sienta seguro.

P.- La aparición de este manual, ¿crees que hará reflexionar, al menos, a dramaturgos, y editores acerca de la necesidad de ajustarse a una norma que facilite a todos la tarea de escribir y de leer textos dramáticos?

R.- Sería una buena consecuencia. No se trata de ser rígidos, se trata de ser claros. La creatividad debe estar en los textos, no en su manera de presentarse. Disponer de una norma hace que dramaturgos y editores se sientan seguros y eso les facilita su trabajo. A un dramaturgo lo que menos le debe importar es si el nombre de los personajes va en versalitas o mayúsculas, si usa sangrado francés o si la acotación lleva el punto dentro o fuera del paréntesis, por eso, en mi libro doy las normas básicas de cómo hacerlo para que eso sea solo un tema de mecánica y, una vez asimilado, sea un armazón donde se cuelga y se realza el texto. Para los editores es fundamental saber la norma ortotipográfica. Deben tener su propio libro de estilo para los textos que editen y seguirlo. En mi libro doy las normas académicas, que no son unívocas, y me fijo en el uso. Cada editor, basándose en los principios que señalo, establecerá las normas de trabajo y una vez con eso, la tarea de todos: dramaturgos, correctores y maquetadores estará fijada y se avanzará más rápido y mejor en el proceso de edición.

P.- ¿A qué crees que se debe que haya un escasísimo corpus de tratados como el tuyo?

R.- Pues es tan escaso como que es, de momento, el único. Las normas están dispersas en manuales. Los únicos que presentan una norma clara son los de tipografía, y eso solo vale para una parte, son distintos según el impresor y no se contempla la corrección de estilo, ortográfica, revisión de versiones, etc. Creo que cada editorial ha ido haciendo las cosas como consideraba, las grandes siguiendo la norma más académica, las pequeñas lanzándose a la creatividad... Hay editoriales pequeñas que están haciendo trabajos estupendos y editoriales grandes que incluyen teatro en sus colecciones, pero, a mi modo de ver, falta en algunas la visión de los profesionales del texto, de los correctores y especialistas en el lenguaje. Quizá lo que hay es en ocasiones bastante de pasión y amor, pero falta de rigor. También quizá se deba a esa gran cualidad del texto dramático de que es un texto vivo y cambiante, sujeto a versiones... Y, lo que más me duelen, también quizá hay una falta de consideración, a que es como algo que está ahí al lado de los textos literarios que realmente importan: la narrativa y la literatura. Y como es cambiante y tiene ese toque diferente de quizá algo menos enjundioso... pues todo vale. Y es un gran error. Ojalá este libro ayude a editar mejor, a que programas, estudios, obras, etc. pasen por manos de correctores y editores con conocimientos. Los lectores lo merecen y el teatro, también.

Guía para corregir textos dramáticos. Cómo enfrentarse a un texto dramático sin que sea un drama

Autora: Susana Sierra Álvarez

Editorial: Pie de Página

Colección: Tinta Roja

15 × 23 cm | 118 páginas

ISBN: 978-84-948310-0-3

Encuadernación rústica fresada

PVP: 12 €

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