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Brasil y Bolsonaro
(Foto: Bolsonaro)

Brasil y Bolsonaro

lunes 29 de octubre de 2018, 11:50h

Bolsonaro gana en Brasil, el quinto país con mayor superficie del mundo y tercero del continente americano. El discurso homófobo y racista, se hace con el control de la mayor economía de América Latina y según el FMI y el Banco Mundial, la segunda del continente después de USA. En términos globales, la novena economía del mundo. Su ejército, es el mayor de Latinoamérica por número de efectivos. Se le calculan 290.000 soldados en activo.

Bolsonaro, abiertamente fascista, controla desde hoy este país, que es además, con la selva del Amazonas, pulmón del mundo; corazón verde del planeta varias veces amenazado durante la campaña, en la que el ahora presidente, se posicionó dispuesto a la tala masiva de la selva, para su explotación económica.

Según han advertido varias veces los expertos en cambio climático, la tala de la selva del Amazonas, tendría consecuencias catastróficas e irreversibles en todo el planeta.

Si el mundo parecía en algún momento caminar hacia el progreso social y la razón, Brasil reabre hoy las puertas a la sala más oscura de la historia reciente de la humanidad; el fascismo, que podría encontrar caja de resonancia en Rusia y Europa del Este. Bolsonaro no es solo Brasil, es la alineación de la extrema derecha cuya sombra se proyecta hoy más larga sobre nosotros.

El denominador común que llevó a Trump a la presidencia de USA, y a Bolsonaro a la presidencia de Brasil, es el discurso anti-sistema, de una sociedad cansada de vivir a la sombra de un establishment endogámico, cuyo discurso engolado, es para millones de votantes sinónimo de engaño, y acicate del ansia de ruptura.

En USA, en lugar de romper por la izquierda con Bernie Sanders, que amenazaba los intereses de la élite en favor de la clase trabajadora, anularon a este para poner en su lugar a la mujer de un expresidente, considerada por muchos como la candidata de Wall Street. Lo políticamente correcto de Hillary Clinton se estrelló contra lo políticamente incorrecto de Trump. El discurso de Trump, como el de Bolsonaro, dibujaba un culpable claro y nítido al malestar, permitía el insulto fácil, canalizaba la rabia y el sentimiento de frustración, que mientras decía ir contra la élite a la que ellos mismos pertenecían, en realidad, lo volcaba todo sobre minorías que difícilmente tenían capacidad para contestar.

Bolsonaro ha canalizado el voto más irracional, el del sentimiento de engaño con el Partido de los Trabajadores, el de las personas que necesitaban votar con una pistola en la mano para no sentirse la alcantarilla de la sociedad, el voto del odio, de la necesidad de resarcimiento, de la frustración, de la necesidad de buscar culpables y castigarlos, aunque sean inocentes. El voto de la indignación, manipulado y empujado contra los más débiles.

En nuestro país, Vox, pretende aunar, como en Brasil Bolsonaro, a los nostálgicos de la dictadura, los partidarios de la mano dura, los homófobos, xenófobos y racistas, del Cristo a fuego y fuerza, y todos los sondeos les dan, entrada en las instituciones.

El mensaje común, es el deseo de cambio, la frustración contra el sistema. El problema es, hacia donde se está dirigiendo ese cambio. La vuelta a posiciones anteriores, que nada tienen que ver con la democracia ni con los derechos humanos. El retorno a las líneas más oscuras, de nuestro más oscuro pasado.

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