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Esto es lo que celebramos

Los Papa Noel trepan por muchas ventanas en las calles de la ciudad y su gorro es uno de los preferidos de los jóvenes y menos jóvenes. En el escaparate de una sastrería madrileña se pueden ver colgados juntos el traje de Papa Noel, eso sí, junto al de los Reyes Magos… y el del Rey Juan Carlos, que también tiene su papel estelar en la Nochebuena española. Los comercios están a rebosar y parece como si tuviéramos la obligación de comprar a plazo fijo todo lo que se exhibe ante nuestros ojos. En algunos mercados, los precios de los alimentos, especialmente de algunos, parecen precios de joyería, pero hay cola para hacerse con ellos.

La alegría de estas fechas es una buena receta para la supervivencia colectiva. No se puede estar todo el año pegándose con el vecino, aunque tampoco es solución dejar de hacerlo durante unos días para recuperar el enfrentamiento después como si no hubiera pasado nada. ¿Qué es lo que celebramos? Aunque a algunos no les guste recordarlo, lo que conmemoramos en estos días en España y, prácticamente, en todo el mundo es el nacimiento del Dios del Amor y de la Esperanza, el niño-Dios que iba a cambiar el mundo, el del mensaje más revolucionario y progresista de todos los tiempos. Aquél al que todas las puertas se le cerraron cuando iba a llegar a este mundo y el que abrió todo un mundo nuevo con su mensaje a los pobres, a los maltratados por la justicia, a los limpios de corazón, a los mansos, a los pacíficos, a los hambrientos, a los misericordiosos, a los perseguidos…

Un mensaje de hace 2000 años para hoy. Para los que no llegan con su salario a fin de mes, para los inmigrantes que viajan de la miseria a la esperanza, para los que son perseguidos, para los que exigen justicia, para los que están solos en un mundo repleto de gente, para los que sufren la indiferencia y el desprecio de los otros, para los sin hogar y sin patria, para los humildes, para los que no tienen la oportunidad de nacer, para los que buscan, de verdad, la paz, para los millones de buenas personas que miran al otro como un hermano.

Dice Francisco Vázquez, socialista, embajador de España en el Vaticano, que “España es fruto de la fe católica y de la lengua”. Europa, también, y sin ella, ni España ni Europa existirían. A Hispanoamérica llevamos los españoles una lengua, una cultura y una fe que han ahormado la esencia de todos esos países. Eso es lo que celebramos estos días grandes: un mensaje de Amor y de Esperanza para todos, pero especialmente para los que, además de dinero, carecen de felicidad, de afecto, de salud, de esperanza… No es la fiesta del consumo y del esparcimiento, sino la fiesta del Dios que devolvió la esperanza a los hombres. Nada menos.       

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