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Los vigilantes de la deuda

lunes 25 de marzo de 2019, 11:38h

Lo único que puede decirse con seguridad a cinco días de la fecha de abandono caótico del Reino Unido de la UE, es que no será está semana. La nueva fecha es el 12 de abril. Si entonces el Parlamento no ha dado su aprobación al acuerdo -rechazado en dos ocasiones- o como alternativa, el gobierno decide no participar en las elecciones europeas de mayo, la puerta de salida no pactada se abre de par en par y podría producirse en el propio mes de abril. En palabras del Presidente del Consejo Europeo, “la opción de una extensión del periodo se convertirá automáticamente en imposible”.

Paradójicamente la libra, cuya depreciación frente a su cesta de divisas de referencia acumula un 7% desde la celebración del referéndum en julio de 2016, es la que más se apreciado contra el dólar (3.5%) y contra el euro (5.16%) entre las divisas del G10 en lo que llevamos de año. El propio viernes, lejos de recoger con preocupación el nuevo empujón hacia el abismo, registraba una de las sesiones de mayor apreciación del año frente al euro. Esos son los hechos. Más difíciles son las interpretaciones. Se ve que los mercados financieros tienen la firme convicción de que son remotas las probabilidades de un Brexit duro, de modo que la suma de los que creen y apuestan por algún otro de los escenarios alternativos, son clara mayoría. Por una vez los mercados se saltan la ley de distribución normal y apuestan porque saldrá cara. Es evidente, o al menos así ha de considerarse, que si los pronósticos fallan, la libra tendría frente a sí episodios para los que habría que buscar referencias en su abandono, también caótico y absolutamente no esperado, del Sistema Monetario Europeo en septiembre de 1992 cuando sufrió una depreciación frente al marco alemán de más del 15% en pocas semanas. Hoy equivaldría a una depreciación que colocase libra y euro a la par. ¿Cómo afrontar esto? Seguramente cubriendo prácticamente todo el riesgo de libras en balance y tendiendo un puente mediante la cobertura con opciones un poco más allá. En todo caso, ante eventos de este tipo, poco puede improvisarse. En todo caso aminorar los primeros daños y comprar tiempo de reacción.

Menos anormal, o al menos no tanto, es lo que hemos visto con el euro la última semana. El viernes sufrió un revolcón considerable a manos de casi todo. ¿La explicación? Un muy mal dato alemán de los llamados adelantados. El PMI industrial cae a niveles de 2012 (44.7), y el dato se ha tomado muy en serio a tenor de la reacción del precio del cobre, el único entre los metales que merece el título de doctorado en economía porque nunca falla como precursor de la actividad económica, que sufrió un fuerte descenso a sus mínimos de un mes acompañado en su viaje a la baja por otros metales. Alemania es el tercer consumidor mundial de cobre, y en este terreno hay poco lugar para las apuestas. La actividad se deteriora lentamente a medida que pasa el tiempo y hay muy poco en lo que confiar para que esta tendencia pueda revertirse pronto.

Queda lo que pueda ofrecer el dólar, pero está claro que no habrá subidas de tipos más allá de la tasa neutral –ni freno ni estímulo- que es donde ahora estamos. Los mercados empiezan a apuntar recortes, pero no conviene subirse a ese carro. A pesar de la revisión a la baja del pronóstico de crecimiento (2.1% vs 2.3% estimado en diciembre), las perspectivas son “sólidas y favorables” según el Presidente de la FED. ¿Su foco? En lo que apuntamos el lunes pasado, son los vigilantes de la deuda. Más directo aún, del precio de sus colaterales.

Año 1992. Entonces la referencia era el marco alemán, pero la salida de la libra del SME provocó una depreciación del 15%. En la imagen su sintético en EUR/GBP entre 1992 y 1993.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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