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Barrio Sésamo y el uso de la televisión

Barrio Sésamo y el uso de la televisión

jueves 12 de diciembre de 2019, 13:58h

¿Se acuerdan de la Gallina Caponata? Este domingo ha fallecido Caroll Spinney, el titiritero que dio vida a la versión original de este personaje de Barrio Sésamo. Este programa, por cierto, acaba de celebrar 50 años desde su primera emisión. A todos nos caen bien sus personajes con sus respectivas personalidades: Coco, Epi y Blas, la Rana Gustavo, el Conde Draco, Triki el monstruo de las galletas... Conviven con humanos, aparece algún famoso y combinado con mucha música consiguen hacer llegar al niño la información de una forma comprensible para su edad. Barrio Sésamo es más que un programa infantil, trabaja el desarrollo de habilidades cognitivas y valores imprescindibles como la amistad, la tolerancia y la familia y habilidades sociales como la resolución de conflictos o la gestión de emociones. La clave de este formato se basa en el aprendizaje mientras ven la televisión con unas llamativas marionetas que utilizan un lenguaje cercano, repiten ideas hasta la saciedad con canciones, juegos y rimas.

Pero, ¿cómo acertar con un espacio televisivo para niños? La infancia es un público sencillo, entusiasta y aficionado que dedica de media dos horas diarias a ver la televisión, es una de las actividades preferidas de los niños para distraerse, reducir las tensiones y obtener información. La televisión como medio atractivo es una fuente efectiva para la formación de actitudes, la adquisición de habilidades y la formación del comportamiento del niño.

Por eso tiene su contrapartida si no hacemos buen uso de ella. Un consumo adecuado pasa por un control del tiempo y del contenido. Debemos evitar exponer a los niños al televisor sin ningún tipo de control paterno y usarlo como 'canguro'. De hecho, nos toca sentarnos con ellos para ayudarles a interpretar lo que están viendo y de esta forma evitamos que elabore según su propia valoración. Parece impensable sentar a un bebé a ver la tele, pero es prudente recordar que son esponjas y que lo absorben todo. Con 2 años los niños no distinguen ficción de realidad y hasta los 8 años no lo diferencian con claridad y creen que todo lo que ven es real.

Los nuevos padres somos padres tardíos, muy exigentes con la alimentación, el sistema educativo y todo lo que concierne al entorno de nuestros hijos. Les protegemos de los fracasos y de las situaciones con las que “lo pasan mal”, les damos todo lo que no tuvimos nosotros y precisamente con la televisión corremos el riesgo de permitirles un acceso directo a programaciones inaceptables. Es curiosa la ambivalencia con la que podemos llegar a manejarnos, siendo hiperprotectores con determinados temas y demasiado permisivos con los contenidos audiovisuales. Ser padre y madre implica, entre otras muchas cosas, ser coherente. Tal vez eso, la coherencia, sea un buen ejercicio de responsabilidad paterna.

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