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Iglesias no se entera: sin el PP no hay pacto nacional

domingo 19 de abril de 2020, 10:45h

Las recientes declaraciones de Pablo Iglesias han vuelto a producir estupor en amplios sectores de la opinión pública. “Sería una pena -dice- que no se pudiera contar con el PP para impulsar un pacto de reconstrucción”. Afirmé y lo mantengo que sólo un descerebrado podría imaginar un pacto verdaderamente nacional sin la participación del Partido Popular. Pero creo que en el caso de Iglesias estamos ante un espécimen particular de descerebrado: aquel cuyo sectarismo y megalomanía, sorprendentemente compatible con su bisoñez en la gestión pública, le conduce a la invidencia política.

Iglesias olvida con frecuencia en qué país vive: desconoce que la mitad de España es conservadora y que sin la participación de su principal representación política, el Partido Popular, resulta una puñetera mentira que pueda configurarse un pacto nacional de reconstrucción. ¿Quién se cree que es este personajillo impostado para definir la naturaleza de un verdadero pacto nacional? En realidad, hay que decirlo claramente: Podemos es infinitamente menos relevante que el Partido Popular de cara a lograr un pacto de reconstrucción verdaderamente nacional.

Coincido plenamente con el colega Manuel Pascua Mejía en que el adolescente Iglesias puede ser capaz no sólo de romper la unidad de acción del Gobierno, sino también impedir el pacto nacional con las principales fuerzas políticas. En definitiva, como afirma Mejía, “Iglesias no sabe gobernar y, lo que es indicio claro de su amateurismo, las pocas veces que lo hace gobierna solo para sus bases, convirtiéndonos a los demás en Polinices insepultos”.

Claro, muchas voces responderán que la principal responsabilidad le corresponde a Pedro Sánchez, por haber rescatado de la irrelevancia a este aprendiz de brujo, a causa de su propia debilidad política. Tenía razón Gabriel Rufián cuando afirmó que había que aprovechar la debilidad del Gobierno Sánchez para incorporar las pretensiones de radicales políticos y territoriales. Y, por supuesto, también la tenía Sánchez cuando afirmó repetidamente que con Iglesias en el Gobierno difícilmente podría conciliar el sueño.

Bien, pues ya estamos viviendo esa anticipada pesadilla. El problema es que lo que nos estamos jugando ahora no es algo irrelevante. Configurar un pacto nacional de reconstrucción significa reducir poderosamente el daño económico y el sufrimiento social de millones de personas. Puede entenderse que el sectarismo de Iglesias no le permita verlo. Pero si Sánchez y su entorno aceptan esa invidencia se harán cómplices del fracaso.

Parece que ya somos legión quienes entendemos que las intervenciones de Iglesias se están convirtiendo en el principal obstáculo para llevar a la práctica el pacto de reconstrucción. Y que concluimos que, si bien no es realista condicionar las negociaciones a la salida de Podemos del Gobierno, es absolutamente necesario contener a Iglesias. Pascual Mejía lo plantea de este modo: “Si Sánchez lo pone en su sitio (a Iglesias), España entera aplaudirá”. Yo creo que es necesario ser más claros: si Podemos no pierde claramente presencia en el curso de las negociaciones, el fracaso del proceso está garantizado. Y de ello el Gobierno Sánchez será el principal responsable.

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