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¿Por qué desescalar nada?

martes 28 de abril de 2020, 07:39h

Uno de los problemas de este asunto es la extraña forma de comunicación que ha adoptado el gobierno en la que nos trata como a niños y nos manda mensajes dulcificados y facilones que, sumados a la ñoñería generalizada, expanden la idea peligrosa de que lo peor ya ha pasado. Mentira.

La verdad más cierta es que sabemos muy poco de este virus y que todavía seguimos estudiando su comportamiento. Ya han aparecido dos nuevas cepas del Covid-19 (no confundir con mutaciones, de éstas hay millones) y una de ellas es más agresiva que la original. El factor R de transmisibilidad, excepto en Corea del Sur (de China no podemos fiarnos), sigue siendo mayor que uno (R>1) y el instituto alemán de virología Robert Koch la establece entre 2,4 y 3,3 para Europa. Para que nos entendamos, eso significa básicamente que si el 26 de abril salieron a la calle solo 5 personas infectadas, la tasa muestra que en diez días podría haber centenares de miles de contagiados y pronto millones. O sea, que mientras la R no sea menor que uno (R<1) no se debería "desescalar" a la población, o el sábado 2 de mayo puede ser la debacle.

Los niños pueden seguir en casa, no pasa nada; y me da que la salida del 26 de abril fue más para papás y adultos díscolos que para niños ansiosos. La única desescalada aceptable, y solo por temas económicos, sería la de la población activa y con trabajo que haya dado negativo en test de Covid-19. Los demás no deberíamos salir de casa.

Tanto mensaje ñoño y lenitivo, tanta palabrería para dar contentillo al personal desde un gobierno superado -como todos los gobiernos- por esta situación no ayudan. Ver a Pablo Iglesias, que convive con una persona que sigue dando positivo en Covid-19, sin mascarilla en un súper y acompañado de guardaespaldas igualmente desguarnecidos no es la imagen de responsabilidad que se necesita. ¿Quieren soltar al personal como a los toros en un desenjaule? Yo estoy en contra, pero si lo van a hacer por lo menos obliguen a todo el mundo a usar mascarilla.

No es tiempo para experimentos. La nueva cepa agresiva, llamada tipo L, es de una letalidad altísima y los virólogos están convencidos de que en cuanto entre el invierno en el hemisferio sur (en 50 días más o menos) se recombinará con el virus de la gripe y nadie sabe cuál puede ser el resultado, pero una de las hipótesis de trabajo con mayores probabilidades es una especie de supercovid-19. Así que o seguimos todos confinados o se nos deja salir con la policía y el ejército obligando a cumplir las tres normas: dos metros de distancia, mascarilla obligatoria y guantes. Es necesario, además, que desde el gobierno los mensajes sean claros y contundentes: que hayamos aplanado la curva solo significa que el sistema sanitario no está colapsando. Nada más. Y en este momento lo que parece es que esto ERA//FUE un bichito de chichinabo que se ha llevado a unos cuantos debiluchos y que ya podemos ir a la playa, a los bares y a ligar.

A ver, 331 fallecidos al día son un montón de personas; es un problema enorme. La comunicación errática y lenitiva del gobierno está quitando hierro y realidad a un problema cuya dimensión desconocemos. ¿O es que Iglesias y Sánchez se han alineado con Trump y sus chorradas asesinas pero sin tanto histrionismo? Y no se crea la oposición que se va a librar: la deslealtad mezquina del PP de Casado es repugnante y no sigo con él porque aquí hoy no toca.

Que esta pandemia nos ha superado a los 7.500 millones de humanos, es obvio. Que ningún gobierno está manejando la situación con liderazgo y altura de gestión (la excepción que confirma la regla es Moon Jae-in en Corea sur y, a lo que parece, Merkel en Alemania), es algo que se ve en cualquier telediario de cualquier país. Y ojalá y no tengamos que comprobar que las prisas por desescalar y "hacer ver" que la normalidad ha vuelto son un error gigante, porque si nos toca comprobarlo incluso antes de que llegue la segunda oleada (que ningún científico duda que vendrá), lo del 31 de marzo, con 9.300 ingresos y 820 muertos, va a ser una mascarada en comparación.

Y ahora, cuando vayas a salir porque tú eres más listo que nadie y hasta alcalde de Badalona, piensa en esto: si contagias a tu abuelo, a tu hermano o a un vecino y se muere, será por tu culpa exclusivamente por más que se la quieras endilgar al sursum corda.

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