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Causas que dificultan entender el mecanismo de la crispación

miércoles 10 de junio de 2020, 07:44h

Polarización extrema, ambiente irrespirable, aguda crispación, mucho ruido y furia. Con estos vocablos se describe este momento político en medios políticos y periodísticos. Sin embargo, esa percepción acertada no va acompañada de una explicación consistente acerca de sus causas ni del funcionamiento del fenómeno. Entre otras razones, porque los protagonistas se acusan unos a otros de ser la causa de la polarización. Sin embargo, creo que es posible examinar en buena medida su naturaleza, observando las causas de fondo que nos dificultan entender el mecanismo de la crispación. Apunto a continuación las que me parecen más destacadas.

Quien crispa es el otro.- Esta acusación mutua que repiten tanto el Gobierno como la oposición es una de los obstáculos más serios para captar el funcionamiento de la crispación. Importa subrayar que esta culpabilización del otro tiene una caja de resonancia e incluso un dispositivo de reproducción en los medios de comunicación y sus observadores políticos. La línea editorial de los diarios, las radios y los canales de televisión se decantan por la culpabilidad de una de las partes de forma continua. Por ejemplo, ABC, El Mundo y la Razón consideran que la crispación es responsabilidad del Gobierno, mientras que El País o la Vanguardia apuntan a la oposición, si bien eso depende bastante de sus gestores de opinión. Por ejemplo, Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, simula ser imparcial, pero también acusa sutilmente a la oposición. Este reparto de responsabilidades también se aprecia en los medios digitales. Hay que destacar uno de ellos, InfoLibre, cuyas notas acusan siempre sesgadamente a “la derecha” (pese a que su cabecera luce el eslogan “información libre e independiente”).

Lectura alternativa.- La espiral de la crispación se expande como un círculo vicioso que alimentan tanto el Gobierno como la oposición. La motivación de cada uno puede ser distinta, pero ambas ceban ese círculo. El Gobierno provoca la crispación con su forma sectaria de hacer política, encadenando mentiras con descaro y desdiciéndose de sus propias aseveraciones. La oposición conservadora utiliza la crispación para poner en evidencia al Gobierno, con el sueño húmedo de poder hacerlo caer. Y así se desarrolla ese círculo vicioso: a mayor acoso desaforado de la oposición, más justificación encuentra el gobierno para actuar con descaro. Y viceversa, a mayor desfachatez del gobierno, más crispación sin destino de la oposición.

La crispación sólo se da en la clase política.- Otra causa que nos impide captar la dimensión del fenómeno es esa insistente afirmación de que la crispación es responsabilidad única de los políticos, porque la gente no está montada en ese patín. Solo una reducida minoría de observadores sostenemos que la acritud de los representantes políticos está apoyada desde amplios sectores de la sociedad española. Al insistir de que la crispación sólo es propia de la clase política, se sugiere que el problema está en la superficie del sistema político y que, más temprano que tarde la ciudadanía meterá en cintura a esos representantes políticos broncos, que se dedican a la confrontación grosera.

Lectura alternativa.- Lamentablemente, como dice Lluís Bassets, “si los partidos no saben convivir, la sociedad tampoco”. Siempre recordaré aquella encuesta donde cerca del 80% de las personas consultadas eran partidarias de un acuerdo nacional, pero una proporción apreciable de los votantes del PSOE rechazaban hacer ese pacto con el PP y viceversa, lo mismo sucedía con los votantes del PP respecto del PSOE. Es decir, somos partidarios de un pacto abstracto, pero no con el adversario político. ¡Qué muestra de idiotez!

Es posible que una proporción apreciable de la ciudadanía estaría dispuesta en serio a evitar la crispación y buscar el entendimiento. Pero en los círculos no tan reducidos de partidarios y simpatizantes lo que predomina es el espíritu de bandería. Y son esos simpatizantes los que alientan de cerca a los representantes políticos al combate abierto. En realidad, el hecho de que tanto Podemos como Vox tengan millones de votantes está reflejando bien la cantidad de gente que hay en España dispuesta a la confrontación. Y esa gente jalea a sus líderes políticos.

La crispación es algo circunstancial.- Muchos observadores aseguran que estamos en un momento de especial acritud, aunque antes hayan sucedido brotes circunstanciales de crispación. Por lo general, esta opinión suele estar relacionada con la idea anterior de que es algo que afecta únicamente a la clase política. Se trataría de una dolencia de los actuales representantes y no de una tendencia acendrada de la sociedad española.

Lectura alternativa.- Puede ser cierto que la crispación sea especialmente aguda en este momento, pero no es circunstancial: corresponde a una tendencia histórica del país, bien representada por diversos artistas en anteriores siglos, aunque quizás sean las pinturas negras de Goya donde eso se exprese más gráficamente. Desafortunadamente, lo que afirma Fernando Vallespín de que, en España, “más importante que estar del lado de la razón es sentirse miembro de la tribu”, resulta una causa asociada a la tendencia a la crispación.

Desde luego, tampoco creo que sea cierta la idea contraria de que España está condenada a vivir en ese constante atavismo. Ahí está la transición de los años setenta que muestra cómo las dos Españas son capaces de entenderse para bien de todos. Pero es probable que se necesite algún esfuerzo de voluntad para dejar la crispación atrás. Porque es necesario insistir en ello, la mayoría de los países presenta una clara división entre orientaciones culturales y políticas de orden conservador y de orientación progresista, pero ello no les impide tener una reserva de capacidad de entendimiento, que obliga a sus representantes políticos a pensar y actuar con sentido de Estado. Tal vez sea necesario un movimiento social, encabezado por gentes del pensamiento y la cultura, que exprese abiertamente el rechazo a la polarización política que nos avasalla.

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