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Pongamos que hablo de Madrid

jueves 18 de junio de 2020, 11:17h

Jueves. Último de la primavera y último del Estado de Alarma.

Un día que sumamos y restamos a la cuenta atrás, en cuatro días estamos desconfinados por completo aunque con la continua amenaza de los rebrotes. Y me temo que esa amenaza va a durar lo que queda de año. Ya sabemos que el 16 de Julio será el homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus. Pero me resulta muy paradójico honrar a los muertos cuando no sabemos aún ni cuántos son realmente y llevamos dos semanas sin cifras oficiales. Aunque ayer nos enteramos de que se han salvado 450.000 vidas. Esa cifra si la saben. Es algo así como si te mueres es responsabilidad tuya y si te salvas es mérito mío... ¡En fin!

Y en estos últimos días estamos asistiendo a una deleznable campaña que han denominado Madrileñofobia. Por supuesto con su hastag correspondiente para que se convierta en tendencia en Redes Sociales y así no quede tonto por opinar. Perdonen pero a cada uno hay llamarlo por su nombre. Como esos miserables que ante tanto drama se burlaban de los muertos utilizando aquello de “Madrid al cielo”. Y es que hay virus para los que no hay vacuna y el del odio es uno de ellos. Una muestra más de que ni vamos a salir mejores ni más unidos. En este caso toca odiar a Madrid y al madrileño que parece más peligroso que el propio COVID 19.

Ya sucedió algo parecido cuando empezó el Estado de Alarma y parecía que las segundas residencias se iban a llenar de madrileños despiadados cuyo objetivo era propagar el virus y no dejar Comunidad Autónoma sana. Sin darse cuenta que los que han sufrido la cara más cruel de la pandemia han sido precisamente los madrileños. A quienes no les preguntaron qué les parecía que el fin de semana anterior a decretar el Estado de Alarma se celebraran partidos de fútbol, o eventos, o un mitín multitudinario, o una masiva manifestación, cuando parece ser que ya se sabía que no era recomendable. Y todo el mundo encantado con la libre circulación y con que el turismo se mueva y vengan alemanes pero los madrileños que no salgan de la M40.

Y lo primero que tendríamos que decir es que madrileños son todos los que llegan a Madrid, porque aquí no te piden ocho apellidos madrileños para integrarte ni te exigen un peaje. Madrid es la ciudad de todos, es la tierra de miles de Españoles y de miles de ciudadanos del mundo. La ciudad de millones de personas que llegan a ganarse la vida, a estudiar, al fútbol, a curarse, a comprar, a los teatros, a los musicales, a los restaurantes, a sus ferias, a recorrer sus maravillosas barras, a sus mercados. A los museos, a los conciertos, a divertirse, a ser anónimos, libres, a pasear sus calles, su historia, a vivir sus parques, a salir, a perderse... Una ciudad preciosa, moderna, diversa, solidaria, abierta, acogedora, vibrante, con su necesario caos y su inevitable prisa. Una ciudad llena de paradoja y contrastes. La ciudad donde se cruzan los caminos. La ciudad a la que quien llega nunca se termina de ir.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus del que estábamos deseando vacunarnos. Pero que a la vez nos dimos cuenta que había otros virus cotidianos para los que no había cura ni vacuna y que daban voz a los que odiaban. Y lo hacían con tanta rabia que hacían demasiado ruido. Pero que afortunadamente entre tanto ruido también había calma, melodía y solidaridad. Y los “odiadores” #hartosdeMadrid, con el altavoz que le dieron las Redes Sociales, fueron tendencia de un día. Su día de gloria, sin más.

Porque llegar a Madrid era y es ser de Madrid y amar Madrid. Como escribió Antonio Machado “¡Madrid, Madrid, qué bien tu nombre suena, rompeolas de todas las Españas!”

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