www.diariocritico.com

La falacia republicana

jueves 13 de agosto de 2020, 12:17h

No hay mejores ejemplos de “Estado fallido” que los dos conatos republicanos que sufrió España en breves momentos de su historia. Con cuatro presidentes en once meses, la I República provocó un cantonalismo en que el independentismo proliferaba por comarcas. La II necesitó solo cinco años para dividir a España en dos zonas, vulgarmente llamadas zona nacional y zona roja, aunque según corrección actual habría que llamarlas sublevada y republicana, aunque el segundo presidente de esta II República se expatriase y dimitiese antes de terminar la contienda fratricida. En dicha zona republicana, los nacionalismos vasco y catalán mantuvieron posiciones desleales para con el Gobierno izquierdista republicano. De aquellas experiencias desgraciadas que se resolvieron con las armas, los actuales republicanistas, cuyo modelo institucional está por conocerse, insinúan la instauración de fórmulas federales o confederales que darían satisfacción a un plurinacionalismo aún más ingobernable que lo fueron o lo son los regímenes estatutarios.

Es una gran falacia esta fantasía plurinacional que no obedece a ninguna aspiración popular de la España contemporánea, azotada por una pandemia y una crisis socioeconómica que la afectan sin límites territoriales interiores. Existen, en uso de las libertades propias de un sistema democrático, unos partidos nacionalistas explotadores de las típicas tensiones centroperiferia propias de las grandes estructuras políticas. El tal nacionalismo es en Galicia minoría absoluta contrastada electoralmente. En Cataluña existe una gran minoría, fragmentada en tres partidos, reconocida como minoría estadística por los detectores sociológicos de la propia Generalidad, que, sin embargo, disfruta de una sobreactuación propagandística al disponer de los resortes de publicidad oficial, gracias a unas leyes electorales que permiten una representación desequilibrada entre las clientelas rurales y la población urbanita. La torpe operatividad de esa importante minoría no ha conducido más que al rechazo penal atenuado de sus intentos de violar la legalidad constitucional. En cuanto al País Vasco, donde el PNV comporta una sólida tradición conservadora, es súper sabido que su gestión consiste en consolidad y acrecentar, a ser posible, los privilegios económicos y desigualdades como frutos de un pactismo lejanamente justificado en antecedentes acuerdos entre un Rey y una Señoría.

Así es, si así os parece, poca cosa para una monarquía secular arraigada en el sentimiento de todos los territorios de España, pero sería una carga explosiva, como antaño lo fue, para cualquier experiencia republicana. La gran falacia viene cuando unos vendedores de republicanismo poli-comunista pretenden vender la mercancía federalista o confederalista como si fuesen fórmulas resolutorias que los nacionalismos periféricos originan al Gobierno español. Los nacionalismos citados, a pesar de su flojera, sueñan con la fragmentación de España y, en ningún caso se sentirían más cómodos bajo una presidencia republicana, insoportable si emanase de un sistema presidencialista y despreciable si la encarnase un viejo figurón propuesto por un partido más o menos españolista. No engañan más que a quienes quieren dejarse engañar. La confabulación entre separatismos y Podemos solo es un acuerdo carroñero para devorar un Reino sin previsión alguna de permanencia del pueblo español como colectividad soberana. En la propuesta de hace unos días del Parlamento de Cataluña, cuyos servicios jurídicos de aquella Cámara se negaron a publicar en el Boletín Oficial por ilegal, quedó perfectamente claro: “El único camino para superar este régimen monárquico es construir efectivamente la República catalana como un Estado de Derecho”. Nada de pluralismo federal o confederal en el seno de una República populista y plurinacional. Solo unos nuevos Estados de Derecho como aquel que se titularía “República catalana”.

Frente al descalabro económico y social que nos amenaza y los rebrotes del coronavirus es inadmisible que un sector partidista incrustado en un equipo de Gobierno presentista y oportunista, distraiga la atención del pueblo con sus monsergas de revolucionarios jubilados, ensayando como debilitar el sistema de convivencia establecido bajo la cúpula de la Corona con el señuelo de unos utópicos republicanismos federales que se sabe rechazados de antemano. Es fraudulenta la posición de un partido sospechoso de todas las irregularidades e interferencias exteriores como es ”Podemos” en cuanto teórico aliado del Gobierno central a la vez que manteniendo la tesis de una fragmentación de España en un plurinacionalismo republicano no asumido por ninguna mayoría electoral, como también es impresentable el juego del presidente Pedro Sánchez presentándose ante Europa como creyente en una Unión de Estados y actuando en España como socio de ideologías desintegradoras del espíritu común europeísta. La insolvencia de las propuestas del republicanismo hediondo de Podemos y la doblez del Gobierno sanchista están consiguiendo que el pueblo español, conmocionado y dolido por el trato dado al monarca de más largo y próspero reinado de nuestra historia, no dé el menor signo de entusiasmo republicano más allá de los tontos de la banderita morada de siempre y la pérdida de papeles de algún concejal espeso y desocupado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios