www.diariocritico.com

¿Pólvora en salvas?

lunes 26 de octubre de 2020, 11:35h

Sonaban los clarines del Estado de Alarma –Toque de Queda- mientras se alejaban los ecos de los cañonazos de una inútil moción de censura. Gastar pólvora en salvas era eso de presentar mociones de censura sin la menor posibilidad de éxito, sin candidato viable y sin programa de Gobierno. En sentido estricto, gastar pólvora en salvas es hacer tronar las piezas de artillería sin proyectil, para rendir honores “a la voz y el cañón”, saludar o dar alguna señal. VOX no tenía que rendir honores a nadie, ni saludar, ni dar señales. No estaba obligado a fortalecer más a la tropa heterogénea de Sánchez, dándole ocasión de aparentar su unidad precaria con una votación disciplinada. Ni a distraer al equipo del Partido Popular absorbido en la batalla trascendental de impedir que el Poder Judicial fuese sometido a la servidumbre del Gobierno. Ni era el momento para dar señales de existencia en un mundo angustiado por una pandemia de trágicas dimensiones planetarias. Era imposible encontrar un tiempo más inoportuno para quemar pólvora en salvas. Sin embargo, así se hizo. Porque VOX no es como “la derechita cobarde” que teme hacer el ridículo. VOX es la derechona valerosa que no teme hacer el ridículo y, consecuentemente, lo hace.

No podemos ni debemos menospreciar a VOX creyéndolo tan tonto como para no percatarse de la inutilidad de su moción de censura y de la satisfacción con que era recibida por las huestes heterogéneas de Pedro Sánchez a las que proporcionaba una imagen de imbatibilidad. Porque, por raro que le pueda parecer al lector de este artículo, la moción de censura no era contra Pedro Sánchez sino contra el Partido Popular en cuanto cabeza visible de la oposición. Primero buscando candidatos del Partido Popular fuera de situación para intentar una crisis interna que lo dividiese y, en su defecto, respetables personajes independientes para, caso de no ser votados por el PP, poder acusarlo de estar cerrado contra la sociedad civil. Como ninguna de estas fantasías cuajó, Abascal tuvo que ocupar la plaza del candidato para poder presentar la moción a que se había comprometido solemnemente, sin estar verdaderamente preparado para tal envite. No podemos imaginar cuál hubiese sido su terror si a los demás grupos parlamentarios se les hubiese ocurrido la broma de votar favorablemente su moción y se hubiese visto forzado a hacerse cargo de las responsabilidades del Gobierno en tiempos de pandemia y con los escenarios de política interior y exterior de España descabalados.

La pólvora no iba en salvas sino que, en algunos cañones venía trufada de metralla “anti PP”. Metralla para robar protagonismo y sembrar desencanto entre el electorado popular disgustado por la aparente tibieza de una posible abstención o indignada porque no se secundasen algunos principios comunes a ambos partidos. Para acercarse a la cabecera de la oposición o con suerte superarla. Lo que no entraba en el cálculo de los promotores de la moción de censura es que, en las mismas jornadas, Sánchez iba a recular de su aberrante plan de atar al Poder Judicial a la cadena del partidismo y poner en marcha una ofensiva legislativa antiliberal a la sombra de una crisis sanitaria. Con el frenazo le dio, al menos temporalmente, el viento de victoria que el Partido Popular estaba necesitando para justificar su estrategia de responsable moderador. La reacción en los círculos de la Unión Europea, en los foros de los profesionales del Derecho y en la opinión pública medianamente informada fue de tal calibre y hábilmente manejada por el Partido Popular que el frenazo –ya veremos por cuánto tiempo y con qué sinceridad- de tales proyectos totalitarios anunciados por el presidente Sánchez y sus mariachis, al quedar en suspenso le brindaron al PP la gloriosa justificación de toda su estrategia de contención, El Partido Popular resultó el vencedor indiscutible de una moción de censura de la que no era ni el promotor ni el censurado.

¿Cuál es el contrapeso negativo de este éxito relativo del Partido Popular? Una realidad tan evidente que no se puede disimular. La derecha continuará dividida y, por el momento, más dividida que estaba. VOX se desprestigiará pero no desaparecerá ni perderá la asistencia de los amantes de la brocha gorda. Quedará más lejos y más dolido. Pero sus votos, sean menos o más, seguirán siendo necesarios. De hecho lo son hoy en la mayoría de las instituciones donde gobierna el PP. Guste o disguste a Pablo Casado, a VOX no hay que vencerlo sino recuperarlo. Difícil empresa. Pero si se ha de poner en marcha una alternativa suficiente para desplazar a esta izquierda deforme engarfiada en el poder no habrá otro remedio que unir, en torno a unos valores esenciales, a todos los que aún crean en España como esa patria que, como recordó oportunamente el Papa Francisco al presidente Sánchez: “Recibimos de nuestros mayores y la tenemos que dar a nuestros hijos”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios