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Los muertos invisibles

miércoles 02 de diciembre de 2020, 09:30h

Día 29, un día menos. Nunca me ha gustado tachar los días en el calendario, prefiero pasar hojas, así parece que el día ha sido vivido, del otro modo parece que quiere ser borrado y al fin y al cabo, cada día cuenta... los buenos, los malos, los regulares y los días sin más.

Y en esta cuenta atrás, estamos inmersos no sé si en la segunda o en la tercera ola, aunque sinceramente, tengo la sensación de estar dejándonos arrastrar por ella. Parece que hemos olvidado la pasada primavera, una primavera más fría que nunca, que nos helaba el corazón cada vez que los informativos abrían con miles de contagiados y cientos de muertos. Sin embargo ahora, parece que los muertos, que vuelven a contarse por cientos, son menos muertos. Se ve que tanto empeño en hablar de estadísticas, de curvas y de tecnicismos imposibles ha hecho efecto y nos hemos vuelto insensibles.

Parece que el virus ya no mata de la misma forma, parece que ahora mata a números, parece que nos hemos acostumbrado a la muerte. Se ve que como ya hicimos un funeral de estado y diez días de luto oficial ya acabó la pandemia y con eso ya honramos a los fallecidos, a los pasados, a los presentes y no sé si a los futuros... Pero la realidad es bien distinta, la cruda realidad es que el virus sigue arrebatando vidas de la manera más cruel, sin la posibilidad de acompañar ni de despedir. Sin la posibilidad de abrazos ni de tan siquiera estar la familia completa velando a quien más quieren. El coronavirus sigue matando en soledad, añadiendo más dolor al drama.

Seguimos en Estado de Alarma, pero parece que cada vez estamos menos alarmados. Es verdad, que muchas veces para sobrevivir necesitamos mecanismos de defensa o de autodefensa, pero es muy triste pensar que uno de esos mecanismo sea inmunizarnos frente al dolor. Acostumbrarnos a la muerte, a oír cifras sin pensar en personas. No podemos vivir con miedo, es verdad, pero si nos deshumanizamos lo que realmente dará miedo será nuestra manera de vivir.

Por eso, en este restar días a 2020, igual es bueno pararnos y no dejarnos llevar. No asimilar como normal la trágica realidad y mirar para otro lado por no marearnos con las estadísticas, sin pensar que detrás de ellas hay historias con nombres y apellidos. Porque si lo hacemos, no habremos aprendido nada y dejaremos de ser conscientes de que esta tragedia nos toca a todos porque no discrimina. Y sí, necesitamos vivir, necesitamos ilusión, necesitamos soñar, necesitamos planes, necesitamos pensar que esto pasará porque está claro que pasará. Sin embargo, en nuestra mano está decidir cómo salimos, y si no lo hacemos mejores al menos deberíamos intentar no volvernos peores.
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