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Los allegados

lunes 07 de diciembre de 2020, 11:07h

Lunes frío de diciembre de este puente raro, de este año raro. Nos quedan 24 días para tomarnos las uvas y ya sabemos que no lo haremos en la Puerta del Sol. Y si seguimos hablando de días, dentro de diecisiete ya habrá pasado la tan traída y llevada cena de Nochebuena y estaremos sentados en la mesa para la comida de Navidad, sin saber aún muy bien con quién.

Este año 2020 nos está dejando un glosario memorable. Entre confinamiento, escaladas, desescaladas, fases, brotes, rebrotes, curvas, pandemia, coronavirus, distancia social, mascarillas, nueva normalidad, EPI... Pasamos de ser padres, hijos, hermanos, abuelos... a ser convivientes. Y ahora llegan los “allegados”.

¿Y quienes son los allegados? Pues ahí están Illa, Simón, Calvo y los Presidentes autonómicos intentando explicarlo sin mucho éxito, la verdad. Si nos vamos al diccionario de la RAE hay varias acepciones: “1. adj. Cercano o próximo en el espacio o en el tiempo. 2. adj. Dicho de una persona: Cercana a otra en parentesco, amistad, trato o confianza”. Y aquí estamos, en un nuevo, entretenido y apasionante debate: saber quién es allegado. Igual el regalo estrella de estas navidades es un “medidor de cercanía” para determinar el grado de trato, amistad o confianza de las personas y saber si es suficiente como para calificarlos de allegados y así sentarlos a nuestra mesa esta Navidad: “El Allegadeitor”.

Verdaderamente esto tendría su gracia si la realidad no fuera tan triste, porque esta Navidad no todos podremos volver a casa, ni siquiera siendo familia, ni siquiera estando cerca. Porque parece que este año se ha empeñado en que todos seamos un número. Ahora nos numeramos antes de sentarnos a la mesa y no todos cabemos, alguien se tiene que quedar fuera. Y cuánto más quieres más razones tienes para alejarte. Y la tristeza se torna en tragedia cuando pensamos en todos esos españoles fallecidos, casi 50.000, que el coronavirus les ha arrebatado la vida, que se los ha llevado sin que les tocara, dejando esas mesas y esas casas más vacías que nunca. Esos hombres y mujeres, que murieron solos y que ni sus allegados pudieron despedir.

Esta Navidad todos nos quedaremos sin ver a alguien que queremos, sin abrazar, sin besar... Pero deseando con el alma que todo esto pase y que sea la primera Navidad de las muchas que nos queden por vivir.

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