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Ante el inminente Acuerdo Comercial del Reino Unido con la Unión Europea

miércoles 23 de diciembre de 2020, 19:08h

Desde un principio habíamos advertido de las durísimas consecuencias que un probable Brexit sin Acuerdo iba a ocasionar. El coronavirus no ha hecho más que complicar los negativos efectos de una decisión que siempre vimos equivocada y, lo que es peor, manipulada. El Partido Conservador británico ha tenido que cambiar hasta tres veces de líderes como consecuencia del Brexit.

El que organizó el referéndum del 23 de junio de 2016, David Cameron, dimitió tras ver su resultado; le siguió Theresa May, quien, ante la imposibilidad de aprobar en tres ocasiones el Acuerdo de Retirada transitorio, en el Parlamento, también dimitió y le sucedió Boris Johnson, que se mantiene en el poder no sin ciertas dificultades. Se le puede considerar como el vivo ejemplo de la distorsión, representante del segmento de políticos soberanistas británicos más arraigado en este tiempo que ha liderado el proceso del Brexit, tejiendo frente a sus ciudadanos toda una red de falsedades edulcoradas para defender las bondades en torno a la no pertenencia a la Unión Europea. Los hechos están demostrando lo enormemente doloroso y costoso que iba a ser el Brexit en términos económicos, políticos y sociales una vez que se produjese y Reino Unido fuese un Estado tercero para la Unión Europea.

Es conveniente aclarar lo que en la gran mayoría de los medios de comunicación estos días parece dar por sentado e incluso se equivocan, cuando emplean recurrentemente las palabras “Brexit sin Acuerdo”, como si todavía no hubiera sucedido ya el Brexit. En realidad, la salida del Reino Unido de la Unión Europea tuvo lugar el 1 de febrero de 2020 a las 00:00 horas de Bruselas, momento en el cual pudimos ver como las banderas británicas fueron retiradas de las instituciones de la Unión, de la sede del Parlamento, del Consejo Europeo, del Consejo de la Unión Europea, de la Comisión, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea… El Brexit sucedió, ya se ha realizado y a partir de dicha fecha las relaciones entre los Reino Unido y la Unión Europea quedaban reguladas bajo un Acuerdo que había costado sangre, sudor y lágrimas ratificarlo.

El Tratado Brexit facilitaba que Gran Bretaña se mantuviera en la Unión Aduanera y en el Mercado Común, posibilitando que el tráfico de mercancías, capitales, personas y servicios se mantuviera con total y absoluta normalidad. La ciudadanía, después de todo, entendía que la salida no había sido negativa, porque los efectos no se dejaban notar, pero precisamente la situación conllevaba una notable renuncia de soberanía, al estilo noruego, porque el Reino Unido no participaba en la elaboración de las normas comunitarias y, sin embargo, durante el periodo transitorio se veía obligado a cumplirlas. Esta situación, verdaderamente anómala, donde el país cede para mantenerse alineado con los estándares del Mercado Común va a finalizar tan pronto como acabe el periodo transitorio, que dura hasta el 31 de diciembre de 2020 y que los británicos han rechazado prorrogarlo.

Durante estos meses el equipo negociador, liderado en la Unión Europea por Michel Barnier ha propuesto llegar a un Acuerdo con el Reino Unido que respete la integridad del Mercado Común, que no socave las normas de la Unión y que no divida a los países que la integran frente a la estrategia británica, mientras defiende los derechos de los 27 Estados, para facilitar la gobernanza de las relaciones comerciales, económicas y, en definitiva, de la interdependencia existente entre las dos partes.

Por su parte, Reino Unido ha hecho de la negociación un debate en torno a la soberanía nacional, aludiendo a la imposibilidad de que los barcos pesqueros europeos puedan faenar en la Zona Económica Exclusiva y menos en el mar territorial de Reino Unido, con cuotas de pesca negociadas anualmente y lo quiere sin que se les límite la introducción de sus productos ya sea pescado fresco o procesado, sin cuotas, ni aranceles en el mercado europeo.

Estas dos posturas tan enfrentadas, y aparentemente irreconciliables, han tenido una negociación permanente, con pocos o escasos elementos de juicio para valorar el éxito de un Acuerdo y a la vista de la cercanía con la que nos encontramos del 1 de enero de 2021, hoy podemos destacar que ya se ve como muy plausible la existencia, en pocas horas, de un Acuerdo comercial entre el Reino Unido y la Unión Europea.No obstante, realizaremos una previsión de lo que pasará en ambos escenarios.

En caso de existir un Acuerdo, la relación comercial se regirá por el Tratado que las dos partes firmen y ratifiquen, que a día de hoy ya tiene 800 páginas y que conllevará controles y chequeos en el cruce de mercancías por parte de transportistas que intenten acceder al Mercado Común, por lo que las cadenas logísticas sufrirán demoras ya que entre Dover y Calais circulan aproximadamente unos 10.000 camiones todos los días y las mercancías que hasta ahora no se chequeaban. Pues bien, si el Acuerdo entra en vigor antes del 1 de enero, se comenzará a realizar los controles y los envíos serán revisados, para trazar el origen de las mercancías y, si fuese necesario, inspeccionar el producto, para que se ajusta a lo especificado en los albaranes. A poco que se destine 5 minutos por camión, en el mejor de los casos, podemos hablar de colas kilométricas, caravanas para cruzar la frontera de la misma manera que existen en pasos fronterizos de la unión con países terceros, como Bulgaria con Turquía.

Por otro lado, si no existiese un Acuerdo, la isla de Gran Bretaña que comprende a Inglaterra, Gales y Escocia se encontrará con grandes dificultades para comerciar con el Continente, porque el acceso al mercado europeo quedará sujeto a las normas de la Organización Mundial del Comercio, a los aranceles estipulados y aprobados por la organización y a una serie de cuotas que limitan el acceso de mercancías británicas, aprobadas por las instituciones comunitarias, para proteger a los productores del Mercado europeo, del que voluntariamente los británicos han optado por salirse. Durante todo este año 2020 los intercambios se han venido realizando con total normalidad, sin ningún tipo de control o chequeo en frontera, esto pronto llegará a su fin.

Mención aparte se necesita para destacar la particularidad específica del territorio norirlandés, que para evitar el nacimiento de una frontera dura entre las dos Irlandas, Reino Unido aceptó que Irlanda del Norte, se mantuviera como una región alineada con las normas del Mercado Común y de la Unión Aduanera, salvaguardando el Acuerdo de Viernes Santo y realizándose los chequeos de mercancías en los puertos/aeropuertos para las mercancías enviadas desde Gran Bretaña, que ahí serían inspeccionadas.

Pero, en los últimos días, aunque nos encontrábamos bajo el periodo de vigencia del Acuerdo transitorio, hemos podido constatar las dificultades que va a acarrear la ruptura de la libre circulación entre el Continente ante la decisión que adoptó Francia de interrumpir abruptamente por cuestiones de salud pública, la circulación de pasajeros y mercancías el domingo 20 de diciembre a las 00:00, procedentes del Reino Unido, ante los nuevos casos positivos de la variante COVID19 VUI–202012/01 o linaje B.1.1.7; una nueva cepa del virus con mayor capacidad de infección, descubierta en el condado de Kent, el 20 de septiembre.

Las colas kilométricas que comenzaron a formarse se han visto en la M20 en imágenes aéreas, tomadas desde y con sentido a Dover y han motivado la activación del plan Brock, previsto para gestionar los flujos de tráfico en la frontera por el Brexit, abriéndose el aeropuerto de Manston, donde han tenido que estacionar 3.800 camiones en sus pistas. Más de 7.000 camiones han quedado atrapados en la autopista, miles de conductores sin comida, bebida, para tan amarga espera en fechas tan señaladas, sin poder ser despachados al Continente, hasta que les vuelvan a permitir cruzar la frontera y acudir junto a sus familias.

Las caravanas no van a ser un incidente aislado o anecdótico causado por la pandemia, es algo que se va a convertir en una imagen recurrente por las demoras que se sucederán en los controles y chequeos fronterizos de miles de camiones, que desde el 1 de enero de 2021 crucen la frontera. Las fronteras siguen vivas en Europa, solo hace falta salirse de la Unión Europea, para comprobar aquello que era algo del pasado. La finalización del periodo transitorio va a suponer un desafío logístico, un coste económico para las empresas que trasladarán a los ciudadanos y repercutirán en los productos dichos incrementos y, por lo tanto, será la ciudadanía la que pague los costes arancelarios, los retrasos de su mercancía o la falta de stock en determinados productos.

En lo que concierne a España, Gibraltar sería su frontera con un país tercero en tierra peninsular, rigiendo su relación fronteriza con el Tratado de Utrecht de 1713, lo que ha provocado en los últimos días un plan de emergencia para adecuar los accesos entre la Línea y el Peñón. La circulación de personas se realizará mediante seis pasillos peatonales, tres de entrada y tres de salida. Los peatones serán discriminados en el acceso según su origen, ya sean trabajadores transfronterizos, ciudadanos comunitarios o extracomunitarios. Mientras que las mercancías tendrán que ser revisadas por el Puestos de Inspección Fronteriza de Algeciras, a partir del 1 de enero. Por ahora es poco probable que se integren en la zona Schengen.

Concluyamos asumiendo que en la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea se vendió con engaños a los británicos la Arcadia feliz, pues bien, en realidad Gran Bretaña se enfrenta a un verdadero reto, que sumado los costes económicos de la pandemia se convierte en una difícil ecuación a resolver por parte del gobierno conservador de Boris Johnson y que puede ser cuando menos para Boris Johnson la crónica de una dimisión anunciada.

Rogelio Pérez Bustamante & Julio Guinea

Rogelio Pérez Bustamante es Catedrático Jean Monnet; Julio Guinea Bonillo es Profesor en la Universidad Rey Juan Carlos

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