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Ayuso y el botón nuclear

jueves 11 de marzo de 2021, 14:15h

Desde que arrancó la Legislatura (ya entonces costó que se pusieran de acuerdo), las suspicacias, desplantes e incluso enfrentamientos entre Isabel Díaz Ayuso y su hasta este miércoles socio de Gobierno, Ignacio Aguado, dejaron de sorprender y se convirtieron en un elemento más del día a día. Tanto es así que raro es el periodista de información regional que no ha participado en alguna porra sobre la duración de este matrimonio de conveniencia. Por desgracia para todos (en especial para los madrileños), no íbamos tan desencaminados a pesar de todos sus incontables y poco creíbles intentos por negarlo y aparentar cordialidad.

Sobre lo ocurrido ayer son muchas las versiones y pocas las certezas. Tras recibir una filtración de una inminente moción de censura en Murcia, y ante el temor de que ocurriera lo mismo en Madrid, Ayuso se preparó para apretar el botón nuclear para adelantarse a la jugada y evitar así que le pasara lo mismo. Una acción impulsiva debida, en parte, al instinto de supervivencia de la mandataria. De hecho, este mismo jueves ha reconocido que no tenía constancia de ningún acuerdo de Ciudadanos con el PSOE en Madrid pero que la desconfianza que gobierna su relación desde hace tiempo le hizo protegerse y romper la baraja.

Otros creen que en realidad es algo que quería hacer desde hacía tiempo por su imposible convivencia con Ciudadanos y porque las encuestas la han aupado en los últimos meses y se siente reforzada. Esperaba una oportunidad, saltó lo de Murcia y pensó: "ahora o nunca", y pulsó el botón nuclear. En este escenario, su decisión sería más premeditada que en el anterior, cocinada a fuego lento a la espera del momento adecuado, con todo preparado para hacer saltar por los aires su alianza cuando fuese necesario. Y ese momento se lo puso Murcia en bandeja ayer.

Presiones de Vox, grandes ambiciones como continuar siendo el azote de Sánchez (¿aspira a La Moncloa?) y liderar el PP regional, de paso, son algunos de los ingredientes que completan este capítulo de la ya historia de Madrid.

Lo que no se entiende, en ninguno de los casos, es la falta de reflejos de la presidenta regional al anunciar una acción pero sin llegar a ejecutarla. O lo que es lo mismo: ¿por qué no publicó en el BOCAM el mismo día y al poco de anunciarlo la disolución de la Asamblea? Se hubiese ahorrado más de un dolor de cabeza y un río de tinta. ¿Improvisación? ¿Falta de previsión? ¿Quizá menospreció a sus adversarios políticos? Si las fuentes de la Comunidad de Madrid no mienten, firmó el decreto antes de que se presentaran las mociones de censura y según sus servicios jurídicos esto sería más que suficiente para invalidar las mociones posteriores sin necesidad de esperar a la publicación en el BOCAM.

El problema es que ayer asistimos a una carrera de despropósitos, porque a continuación fueron presentadas no una sino dos mociones de censura, la de Más Madrid y la del PSOE, que ni siquiera fueron capaces de ponerse de acuerdo para presentar una sola. El resultado ha sido desastroso... Un veto (a Aguado), una convocatoria de elecciones, dos mociones de censura de Más Madrid y PSOE, el cese de todos los consejeros de Ciudadanos y una convocatoria extraordinaria y vespertina de la Junta de Portavoces por parte de Juan Trinidad (CS), a quien se acusa de prevaricación por admitir, además las mociones.

Así que este jueves la región amanece con solo medio Gobierno, cuyos integrantes deberán ahora asumir la tarea de los que ya no están, una convocatoria de elecciones dudosa pendiente de si se admiten o no esas mociones de censura y una cascada de entrevistas tanto de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, como del ya exvicepresidente, Ignacio Aguado.

Con la que estaba cayendo en Sol, era inevitable este miércoles mirar a Cibeles. La sólida unidad del equipo Almeida-Villacís no ha hecho aguas ni con esta crisis interestelar. Quizá tampoco van mal encaminados quienes desde hace tiempo aseguran que Villacís puede llegar a dejarse seducir en un futuro no muy lejano por las siglas vecinas y de ahí, su silencio. Y más ahora que su partido hace aguas. Parece que toca hacer otra porra.

María Cano

Directora de Madridiario.es

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