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Diálogo sincero

Diálogo sincero

El diálogo entre el Presidente de la República y los Prefectos del país, finalmente se ha iniciado después de varias idas y venidas. Su conclusión es incierta en cuanto al tiempo y los resultados que arrojará, sin embargo se ha dado el primer paso.

Las dudas ciudadanas sobre su realización primero y ahora sobre su destino son razonables habida cuenta del atrincheramiento de posiciones de los protagonistas y la relación tormentosa del Presidente Morales con los Prefectos de la media luna.

El diálogo se instaló sin ningún acuerdo previo, excepto en el lugar y la hora, por lo que esta primera reunión sirvió para acordar una agenda mínima y un procedimiento para el tratamiento de los temas.

Este encuentro pudo tener varias derivaciones, la primera que no se pongan de acuerdo en nada y todos vuelvan a retomar sus funciones en un clima de restitución de la confrontación violenta y de una dura crítica por parte de sus electores que sin lugar a dudas creen que la mejor forma de resolver las controversias es a través del diálogo democrático sincero, pacífico y productivo.

La segunda y menos probable, que los temas sean resueltos sobre la marcha, con lo que se hubiera inaugurado una nueva etapa en la historia democrática de Bolivia, para lo cual sin embargo, hubiera sido necesario que el encuentro presidencial con los prefectos sea precedido por reuniones previas de equipos de ambos sectores que acuerden una agenda y aborden soluciones a los temas propuestos.

La tercera, que al no haber acuerdos mínimos, ni estar las posiciones enfrentadas lo suficientemente fuertes como para imponerse al contendiente, correspondía hacer lo que se ha hecho, derivar el debate a comisiones y darse un respiro frente a la mirada atenta de la ciudadanía, cada vez menos tolerante a soportar desplantes y desaciertos de los gobernantes.

Entonces el diálogo no se convocó porque se cree en él, más bien parece que se lo convocó porque el gobierno requiere ganar tiempo para avanzar en sus imposiciones y evitar una derrota política de proporciones, porque los niveles de confrontación a fines del pasado año pusieron en serios aprietos a las mal calculadas fuerzas gubernamentales que suponían eran suficientes para imponer de manera definitiva sus proyectos, si a ello se agregan las decisiones apresuradas como el referéndum revocatorio que en lugar de resolver los problemas los iba a pronunciar, no quedaba otra salida que intentar el diálogo.

Pese a la insinceridad de su convocatoria, el diálogo es necesario e imprescindible inclusive más allá de la voluntad de los dialogantes que bien saben no podrán hacer dibujo libre y deberán tener mucho cuidado al momento de tomar decisiones a nombre de sus votantes.

En medio no faltarán actitudes que reafirmen el desprecio al diálogo y irrespeto a las esperanzas ciudadanas puestas en él, como es el viaje del Vicepresidente de la República a Santa Cruz al Plan 3000 para promover con recursos estatales el texto constitucional masista que justamente es y será uno de los temas más conflictivos.

Ni siquiera la aceptación por el oficialismo de que ese texto aprobado entre bayonetas y sangre tiene serias incoherencias por lo que debe merecer una nueva como novedosa revisión, ha impedido que el segundo hombre del país siga adelante en su provocación, poniendo de esta manera en grave riesgo lo poco que se ha avanzado en un diálogo aún precario.

Por lo visto la ciudadanía tendrá que ser prudente en su percepción y hasta tragarse sapos y culebras lanzados por las impertinencias de sus coyunturales conductores, empero no cejar en su exigencia de un diálogo sincero, pacífico y productivo.

Sucre, 8 de enero de 2008


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