www.diariocritico.com

"Me quedan 3 años para joderte"

jueves 17 de junio de 2021, 07:45h

En las escuelas de Relaciones Públicas y Protocolo se enseña a los alumnos la necesidad de recurrir a este último para evitar situaciones incómodas en el devenir social de encuentros entre personas o instituciones en cualquier acto público. Eso en el mejor de los casos, y de tensiones incontroladas y en muchos momentos hasta incontrolables por no haber previsto con antelación una respuesta razonable por las partes concurrentes sobre el qué, cómo, cuándo, dónde y por qué.

Luego viene la práctica diaria o habitual en donde, con el ánimo de mostrar o aparentar naturalidad y cercanía, hay quién se lo salta frecuentemente (era el caso, por ejemplo, del Rey Juan Carlos que, a base de desbordar el protocolo durante muchos años de su reinado, se fue ganando a pulso la simpatía de los ciudadanos). En otros, por el contrario, el protocolo supone de hecho una suerte de blindaje del personaje para no estar sometido a las expresiones de enfado, desacuerdo y hasta de irritación de toda o parte de los asistentes a un acto determinado.

Generalmente, y siempre a través de maniobras paralelas y ocultas a los participantes principales del acto, entre los equipos de Comunicación y de Protocolo que asesoran a las partes intervinientes, se suele dar un ten con ten para ir limando pequeños detalles que unos y otros tratan de imponer a la parte contraria para que así resulte favorecido el señorito al que sirven.

Digo todo esto como premisa a un hecho que ha sucedido hace solo unos días en León y que ha tenido como protagonistas al alcalde de la ciudad, el socialista José Antonio Diez, y a su compañero de partido, visitante ilustre y, a la sazón, ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos. En este caso, no el ministro sino uno de sus más directos colaboradores, su exescolta y hoy asesor Koldo García Izaguirre, probablemente para seguir ganándose el favor de su jefe –no quiero pensar qué hubiera podido ser por indicaciones directas de éste-, provocó una situación incomodísima en lo político y lamentable desde el punto de vista protocolario.

Concreto: En público y ante el bochorno del equipo del ministerio de Transportes, con Ábalos al frente, el alcalde de la ciudad le recordó al ministro que la integración de Feve (que ya supera una década) es otra 'chapuza' para la capital leonesa que precisa de una solución urgente al mismo tiempo que le advertía de otro gran problema urbano: León es la única ciudad que no tiene una ronda completa y precisa con urgencia de un proyecto de soterramiento en la zona de La Granja (un área que amenaza con colapsar cuando en la misma abran sus puertas las empresas asociadas al nuevo centro comercial 'Reino de León').

A partir de aquí, y de ello da buena cuenta la prensa leonesa, Koldo García persiguió al alcalde hasta su coche oficial y allí le espetó: “Al ministro no se le señala con el dedo”. La respuesta del alcalde fue contundente: “Tú a mí no me amenaces”. Pero el colaborador de Ábalos subió el tono hasta límites intolerables: «Me quedan tres años para joderte…».

Si un servidor público, como es el caso del ministro Ábalos, consiente que un colaborador suyo, utilizando prácticas muy cercanas a lo mafioso, amenaza a otro servidor público como es el alcalde de León, sin que a renglón seguido, y sin excusas peregrinas o justificaciones retóricas vacías, no destituye fulminantemente a ese colaborador (Koldo García en este caso), el ministro se hace cómplice de las palabras vertidas y ha de atenerse también a las consecuencias.

Después de haber pasado como elefante por cacharrería por asuntos tan espinosos como la implicación del Ministerio en las cuantiosas ayudas económicas en favor de Plus Ultra, la compañía aérea venezolana en quiebra, o la escandalosa, nocturna y alevosa entrevista mantenida por Ábalos en Barajas a principios de 2020 con la ministra del gobierno Maduro, Delcy Rodríguez (el tortuoso «Delcygate»), no sé si al señor Ábalos le quedan ya muchas oportunidades de mostrarse ejemplarizante.

Desde luego, este último episodio, el del Ayuntamiento de León, exige del ministro de Transportes español algo más que un silencio o un “pelillos a la mar” que empañaría ya indeleblemente al ministerio y a su máximo responsable.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

1 comentarios