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El falso “Quítame allá esas pajas del PP”

lunes 01 de noviembre de 2021, 10:04h

Si hay algún asunto común en el universo de Pedro Sánchez y de Santiago Abascal, presidente del gobierno y de Vox respectivamente, es disfrutar de la gresca en la que anda metida la dirección del Partido Popular a escala nacional con la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Y no por discutir temas de fondo (el modelo político, económico o social que defienda el partido, por ejemplo), sino por meras cuestiones de liderazgo personal. La cosa se ha radicalizado de tal manera que la aspirante a presidir el partido en Madrid, Ayuso, ni siquiera se habla ya con Teodoro García Egea, secretario general de la formación conservadora.

La razón pública, la más aparente y políticamente menos incorrecta, es la de discrepar en la fecha de celebración del congreso en la región de Madrid. Ayuso lo quiere cuanto antes, en marzo del año que viene, y la dirección del PP prefiere aplazarlo dos o tres meses, y celebrarlo en mayo o junio.

Son excusas tan imbéciles como las que, cada dos por tres, trata de meter a la opinión pública el gobierno Sánchez encubriendo con teatrillos y dimes y diretes públicos la tensión que, sin duda, se vive constantemente en el seno del consejo de ministros. Tensiones que a PSOE y Unidas Podemos les ha costado ya decenas de miles de votos en las elecciones autonómicas celebradas en los últimos meses, y especialmente en la de la Comunidad de Madrid.

El PP, aunque piense otra cosa, no está tampoco exento de recibir el mismo “premio” que el común de los ciudadanos reserva para quienes tratan de embaucarlo con malabarismos retóricos, con mentiras estratégicas o con aspiraciones puramente personales y no en beneficio de la ciudadanía.

A nadie se le oculta que Isabel Díaz Ayuso es una mujer con un gran liderazgo, que ha sabido plantar cara al gobierno Sánchez en plena crisis epidémica del covid tomando decisiones que debiera haber tomado antes el gobierno y asumiendo, consecuentemente, riesgos políticos que, al final, le han ido dando la razón. El premio por tan gallarda e inteligente actitud lo recibió en mayo pasado de parte de la ciudadanía madrileña que votó su candidatura como nunca antes había hecho con la de sus predecesores en el cargo.

Pero Díaz Ayuso no debiera olvidar que ese premio lo obtuvo por haber sabido interpretar que el hastío y el hartazgo de los madrileños era consecuencia de una nefasta gestión de Sánchez que, además, estaba especialmente interesado en dañar a los madrileños.

En cuanto los vecinos de la región que alberga la capital de España adviertan un solo asomo de que esa valentía y arrojo de Ayuso pudieran estar motivados más por su ambición personal -¿por qué no soñar, incluso, en desbancar a Pablo Casado al frente de la lista a ocupar la Moncloa en las próximas elecciones? -, probablemente, ese apoyo popular pueda esfumarse como un cigarrillo en cuestión de minutos.

En Génova saben muy bien que los enfrentamientos públicos entre sus líderes desmovilizan al electorado popular. Como prueba, el último botón: días antes de la celebración de la convención nacional del PP que culminó en Valencia, y en medio del punto álgido del comienzo de la polémica por el congreso del partido en Madrid, con el viaje de la presidenta regional a EEUU, los trackings internos del partido detectaron que el apoyo ciudadano al partido había bajado dos puntos.

Las palabras de Ayuso a Casado en Valencia sirvieron –al menos momentáneamente-, para zanjar la polémica del enfrentamiento de ambos líderes de cara a la galería. Pero, a medida que se va acercando la celebración del congreso regional del partido en Madrid, que Ayuso ha hecho público ya que quiere presidir, la tensión entre los dirigentes del partido conservador vuelve a manifestarse mucho más allá de las paredes de Génova, y otra vez vuelve a caer en el mismo pecado capital, el de los personalismos. Ayuso se descartó como alternativa a Casado, al menos con la boca pequeña, pero García Egea –que no creo que actúe motu proprio-, reaviva el enfrentamiento con la presidenta madrileña poniéndole piedras en el camino y buscando, incluso, que la lideresa llegue al congreso con la pata quebrada y, si fuera posible, que se quedara en casa para verlo vía streaming.

Nunca antes ha tenido el PP mejores perspectivas para desbancar a Sánchez del palacio de la Moncloa y sería verdaderamente lamentable que, por puros intereses de algunos, el votante popular viera frustrado su deseo de quitar del poder cuanto antes al secretario general del PSOE. A pesar de ser el campeón de los datos negativos (muertes por covid, tasa de inflación, déficit y deuda públicas, mentiras compulsivas por doquier, caer en manos de la izquierda radical y los nacionalismos, etc.), el PP puede dilapidar su clara situación de alternativa de gobierno, únicamente por no haber sabido limar diferencias internas, por no haber querido llegar a acuerdos entre sensibilidades distintas. ¿Quién se va a creer que, sin embargo, sabrán pactar con partidos más o menos próximos para sacar a España de una situación de práctica caída en el abismo político y económico? Si por un “quítame allá esas pajas” con amigos y correligionarios de partido, salen discutiendo de esta forma tan fratricida, nadie verá posible que puedan arreglar nada extramuros y, una vez más, el beneficiado será su mayor adversario (no sé, incluso, si enemigo), Pedro Sánchez.
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