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Madrid, Madrid, Madrid

lunes 22 de noviembre de 2021, 07:58h

La capital de las Españas, está de moda. Aunque a muchos nos pese. Hablan de Madrid, y de forma casi obsesiva, desde el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, que no ha debido digerir muy bien el fracaso de su apoyo en la parte inicial de la campaña en las últimas elecciones autonómicas al entonces eterno candidato Ángel Gabilondo, hasta el lendakari Íñigo Urkullu que ahora acusa también a Madrid de «dumping fiscal» entregándose así en cuerpo y alma -no se olvide la confesionalidad del PNV- a la incansable tarea de desprestigiar a Isabel Díaz Ayuso junto a los independentistas catalanes o los socialistas valencianos.

Todos ellos se han hermanado en la innoble y, como diría un castizo, envidiosa tarea de dificultar que Madrid se consolide como un ejemplo de crecimiento económico y prosperidad social. Más aún teniendo en cuenta que la receta de Ayuso, la de bajar impuestos, es justamente la doctrina opuesta a la practicada por el gobierno Sánchez y por otras regiones españolas que permanecen insaciables en la tarea d las subidas continuas.

Es admitida como cierta esa expresión popular que reza aquello que “de Madrid al cielo”. Quizás por eso mismo muchos identifiquen esta región con el paraíso, aunque muy pocos éramos conscientes de vivir en él hasta ahora, y, además, menos aún en un paraíso fiscal. Lo agradecemos, pues, a todos estos detractores de la madrileñidad. Quizás sea porque todos ellos desconocen que Madrid no sólo es de los madrileños sino de todos aquellos que, por una u otra razón, hemos acabado aquí y nos sentimos tan madrileños como el que más.

En Madrid se admite a todo el mundo, independientemente de su origen, su nacionalidad, sus creencias religiosas o su adscripción política o futbolística –esto último, claro está, por el convencimiento de que en breve se hará también simpatizante del Madrid, del Atleti, del Rayo o del Getafe-. Y es tal el respeto del madrileño hacia el foráneo que este sabe muy bien que aquí nadie pregunta más allá de lo que se quiera contar y que la libertad es una enseña a la que todo el mundo se adhiere y ya no puede, ni quiere, desprenderse jamás.

Al parecer, al País vasco no le basta con su régimen especial, a Cataluña o a Valencia tampoco con las donaciones tratis et amore del gobierno Sánchez. Se diría que a todos les gustaría ver a los madrileños envueltos en la pobreza, en la indigencia más absoluta y que así su presidenta no tuviese más remedio que mendigar unos eurillos a Sánchez que, llegado el momento, posiblemente estaría gozando en las alturas del cielo madrileño de una especie de orgasmo sideral sólo accesible a los dioses de la política con mayúsculas.

Pero, hete aquí que, a uno de sus ministros, el de Cultura, el señor Miquel Iceta se le ocurre decir ante políticos y empresarios catalanes hace unos días en uno de los desayunos informativos Fórum Europa-Tribuna Catalunya, que «El otro día leí unas declaraciones de Piqué, del jugador, y decía una cosa que desgraciadamente yo también he podido comprobar: a veces en Madrid se respira un dinamismo y una fuerza que yo querría para Barcelona. Así lo digo».

Y vaya si lo dijo porque en ese mismo momento el boss Sánchez probablemente se despertaría súbitamente de esos sueños lúbrico-políticos para caer de bruces en la realidad más dura. No se sabe muy bien si Iceta dijo lo que dijo en maquiavélica venganza por su cambio de cartera en el reajuste ministerial realizado por el presidente en julio pasado o es que con ello ha querido iluminarlo para que anote su nombre en la próxima crisis. O, lo que aún sería más lacerante para el presidente soñador, que el catalán atisbe un posible adelanto electoral por algún molesto cabreo de sus socios de gobierno, siempre insaciables en sus pretensiones políticas y económicas.

De cualquier forma, después de oír a un catalán, Iceta, sé que verdaderamente Madrid es el paraíso. Del mismo modo que antes lo hiciera un mexicano ilustre, Agustín Lara, para descubrírnoslo: “Madrid, Madrid, Madrid / pedazo de la España en que nací / por algo te hizo Dios / la cuna del requiebro y del chotis…”.

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