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Saben que pierden

domingo 06 de febrero de 2022, 10:31h

Hay que recordar, una vez más e insistir lo que haga falta, que se sabe cómo comienza una guerra, pero difícilmente se puede conocer cuándo y cómo termina. Hay muchos ejemplos de cómo la superioridad militar permite tener unos comienzos vencedores, derrotar aparentemente a su adversario y llegar a controlar el territorio que se pretende conquistar o someter.

Sin embargo, el gran desafío siempre es mantener durante mucho tiempo la ocupación y conseguir que el pueblo invadido asuma un futuro sin libertad y sin capacidad para tomar sus propias decisiones.

Vladimir Putin es consciente de que una gran intervención militar en Ucrania puede derivar en su final político porque a medio o largo plazo a su régimen le va a resultar imposible sostener la invasión por el coste político y social que le va a suponer las bajas constantes que va a ir recibiendo en Moscú a diario y por el coste económico que representa el despliegue necesario de tropas y apoyo logístico para garantizar la viabilidad de su agresión. Por supuesto que todos los responsables políticos han recibido estas previsiones por parte de su Estado Mayor y son conscientes de lo que pueden presionar y lo que pueden aguantar. Saben que pierden.

Bueno, se supone que los militares rusos se habrán atrevido a plantear a su jefe todos los escenarios y no se habrán guardado ninguno de los planteamientos más realistas y posibles sobre lo que puede ser la cruda realidad. Es cierto que este camino está sembrado de muerte y destrucción para el pueblo ucraniano y que la tentación de prender otras chispas en otros lugares del mundo sería muy peligrosa por abrir y extender el conflicto y por multiplicar los daños que implica para la estabilidad internacional, para la recuperación económica y el empleo que se necesita como superación de la pandemia del coronavirus y para atender las necesidades más acuciantes de la escena internacional que precisa mayor atención a la sostenibilidad, a la lucha contra el cambio climático, al establecimiento de pautas imprescindibles para el desarrollo de los países menos favorecidos y para consolidar un entendimiento básico basado en el diálogo y la negociación para la seguridad de la población mundial.

La diplomacia debe ser capaz de lograr una salida a esta crisis que salve la cara a todos, a la hora de justificar ante su propia opinión pública todos los envites lanzados, pero que sobre todo pueda servir para consolidar las bases de un nuevo orden mundial satisfactorio para todos. No va a ser sencillo porque está en juego la primacía entre dos sistemas de gobierno, las democracias liberales y los regímenes totalitarios con apoyo de populistas, nacionalistas e independentistas. Hay que evitar el conflicto armado pero hay que defender principios y valores básicos para Occidente.

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