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Nueva etapa inédita

jueves 07 de abril de 2022, 08:31h

No hará falta mucho tiempo para que se demuestre que la decisión de apoyar la propuesta marroquí sobre una amplia autonomía en el Sáhara bajo su soberanía es un acierto y que responde a los intereses españoles de todo tipo: estratégicos, políticos, económicos, comerciales, sociales y culturales.

Eso no quita dos cuestiones importantes: que España mantenga las mejores relaciones posibles con Argelia, más allá del gas. Mejorar e incrementar las inversiones económicas y comerciales, controles migratorios y colaboración en todos los sectores posibles con el fin, además, de contribuir a que Argelia y Marruecos superen sus problemas y recuperen las relaciones, algo que será muy positivo para los dos pueblos, para la estabilidad de la región y de Europa. ¡Qué gran decisión sería la apertura de la frontera entre los dos grandes países magrebíes!

Y la segunda: que en la relación entre España y Marruecos se cumplan todos los compromisos por ambas partes, con respeto mutuo, con la recuperación de la confianza y con la demostración de que los intereses estratégicos de España, son los intereses estratégicos de Marruecos y que las garantías solventes y duraderas sobre Ceuta, Melilla, las aguas territoriales y Canarias y el control de los flujos de migraciones se cumplen de manera estricta y leal.

Esta nueva relación también debe implicar a la UE, porque Marruecos y Argelia deben jugar un papel clave en la normalización del Sahel. En este punto hay que hacer un hincapié especial ante el riesgo de que se rebaje la atención europea tras la salida de tropas francesas de Mali. Al contrario, lo que resulta totalmente imprescindible por parte de la Unión Europea, liderando en el seno de la OTAN lo que podría considerarse una labor concreta del pilar europeo, es una acción precisa en sus objetivos, consensuada en la aportación de recursos y solvente en el apoyo político con el complemento de inversión económica y comercial.

La región del Sahel precisa de una mayor consideración en los planes de los países de la región y de los europeos para evitar que los grupos terroristas que campan con demasiada impunidad puedan llegar a desestabilizar el norte de África. No es admisible que Argelia y Marruecos no unan sus esfuerzos y recursos para afrontar y neutralizar las amenazas que se ciernen sobre el Magreb por parte de los grupos terroristas, también por las organizaciones criminales que trafican con armas, drogas, piedras preciosas, personas, animales y todo lo que les proporcione beneficios.

Especial preocupación presentan los estados fallidos, aquellos países con gobiernos débiles y corruptos, como Mali, donde la irrupción de mercenarios rusos del grupo Wagner han provocado la salida de las tropas francesas. Hace falta solucionar cuanto antes el conflicto del Sáhara y acabar con la amenaza en el Sahel.

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