www.diariocritico.com
Dos eufóricos, frente a frente

Dos eufóricos, frente a frente

Sí, dos personajes aparentemente eufóricos, aunque haya procesiones que vayan por dentro, son los que se enfrentan este lunes en un llamado debate ‘decisivo’ ante las cámaras de las televisiones y en las radios e Internet: puede que hasta veinte millones de personas sigan, desde muchas partes del mundo, con mayor o menor pasión, este intercambio de golpes dialécticos. Soy de los que creen que una campaña electoral, sobre todo una tan larga y tan dura como esta que ya se va agotando, transforma más a los protagonistas que en ella intervienen que la voluntad de voto de los ciudadanos; no me parece que esta campaña haya hecho evolucionar demasiado esta voluntad, a tenor de lo que dicen las encuestas, que siguen dando como vencedores a los socialistas.

Tampoco pienso que este segundo debate, en el que seguro que ninguno saldrá derrotado por KO (salvo catástrofes imensables), y en el que ambas partes se reclamarán vencedoras, vaya a revolucionar ni los planteamientos ni las intenciones de demasiados votantes. Seguro que ambos hablarán, esa vez, más del futuro que del pasado, contra lo que ocurrió en la primera edición de este ‘debatazo a dos asaltos’. Seguro, o casi, que esta vez los dos candidatos a La Moncloa sacarán algún conejo de la chistera; alguna sorpresa traerán, digo yo, para que el debate no defraude demasiado y para que pensamos que vienen armados de nuevas ideas. 

Pero sí es cierto que la campaña ha dejado sus huellas en los dos hombres que en la noche de este lunes van a acaparar la atención de los españoles, en la propia España y en otros muchos países. He podido ver de (relativamente) cerca y en directo, en este fin de semana en Zaragoza, tanto a Mariano Rajoy como a José Luis Rodríguez Zapatero. Arropados ambos por masas enfervorecidas de edad media bastante elevada, de extracciones sociales aparentemente similares, gentes venidas de los pueblos de la región que llenan polideportivos y plazas de toros, Rajoy y Zapatero se muestran, ya digo, eufóricos, tratan de ser graciosos, de herir al adversario donde más le duela. Zapatero ha encontrado un filón con la ya archifamosa ‘niña’ de Rajoy, y éste no deja pasar un mítin sin referirse al no menos célebre ‘cuchicheo’ del líder socialista al oído del periodista Gabilondo. No son muy originales, pero sí son contundentes.

Puede que estos sean los perfiles más superficiales de la campaña. Porque, en el fondo, más allá de escenificar las divergencias, no veo grandes abismos entre lo que dicen uno y otro. En Zaragoza, hasta iban vestidos de forma similar, con una chaqueta deportiva de tonos marrones o beiges y sin corbata. Aunque hay que decir que, a juzgar por el aspecto externo, Rajoy parecería el candidato de la izquierda y Zapatero, más atildado, más bien el de la derecha. Las apariencias, que engañan.

Lo que quiero decir es que puede que haya discrepancias en los números --¿trucados?-- que uno y otro ofrecen al hablar de economía y de sociología, pero no hay demasiadas en lo que se refiere a las ofertas de futuro. Son talantes distintos, pero con bastantes virtudes y defectos en común. Y puedo asegurar que, al margen de algunas individualidades sentadas en las primeras filas, por invitación especial, las audiencias en los mítines son intercambiables, vistas así, en conjunto. Lo mismo que los programas electorales, con todas las particularidades y salvedades que ustedes quieran.

Me ha parecido que ambos tienen mucha falta de sueño –Zapatero llegó a Zaragoza, procedente de Tenerife y Madrid, con los ojos enrojecidos, porque había dormido poco, aunque pleno de vitalidad; ¿quién planifica tan demencialmente los desplazamientos de las campañas?--, pero conservan intacta la voz. Y, aparentemente, el entusiasmo, porque me dicen que las encuestas no hacen mella en el ánimo de los dirigentes del PP, que siguen convencidos de sus posibilidades. Eso aseguran, por lo menos.

Claro que habrá que ver qué ocurre en estos días de ‘sprint’ final hacia las urnas del domingo que viene. Tendrán ambos que diferenciar más sus discursos –sí, más. A no pocos, lo he comprobado, les suena igual lo que dicen Zapatero y Rajoy, por muy distintos que sean sus talantes y sus talentos--. En la noche de este lunes tendremos la oportunidad, al menos, de ver cómo dos candidatos que, en el fondo, tienen en común mucho más de lo que jamás tuvieron Adolfo Suárez frente a Fraga y Felipe González, o este frente a Fraga, o González o Almunia frente a Aznar, veremos, digo, cómo nos convencen de que quieren escapar a su destino, que sería entenderse en muchas cosas.

Es, al menos, lo que dicen que quieren los españoles en las encuestas que les han preguntado por ello: nada de pactos con los nacionalistas y sí acuerdos de Estado entre socialistas y ‘populares’. Claro que la voluntad de los ciudadanos, muchas veces, parece ser lo de menos; ¿lo será también esta vez? Puede que esta noche del lunes tengamos algún indicio, al margen de disimulos, de por dónde pueden ir las cosas. O, lástima, puede, más probablemente, que sea la madre de todas las batallas…televisivas.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios