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Rajoy: enmienda a la totalidad

Cójase el discurso del candidato Rodríguez Zapatero, sométasele al Photoshop o similar programa, hágase clic en “negativo” y ya tenemos el razonamiento –a la contra—de Mariano Rajoy Brey en su réplica al candidato.

El todavía líder del Partido Popular (reconozcamos que ZP se lo había puesto fácil) se tiró a los razonamientos del último cuatrienio. Tiró, apenas adaptado, del argumentario electoral (¿electorero?) de hace apenas  un mes y estuvo igual de reservón sobre la mano tendida por el socialista. La cosa iba de enmienda a la totalidad. A Rajoy Brey no le quedaba más remedio, no frente a la sociedad española, sino frente a los movimientos internos/externos de su propio partido. A Rodríguez Zapatero con el aprobado del próximo viernes le basta, porque lo suyo es, en todo caso, una evaluación parcial. Al líder de los populares el debate de hoy, sin embargo, se le ponía algo así como el examen de selectividad y sin repesca posterior. El de Pontevedra necesita superar la altísima nota de corte que la conjunción aguirrista-mediática ha tenido a bien o mal ponerle. Lo curioso del caso es que los contenidos de la asignatura, las materias a tratar pertenecen a otro plan de estudios anterior, el de la mano dura, el del considerar al inmigrante como un delincuente, el de elevar las penas de prisión y el de seguir haciendo injustificados juicios de intenciones sobre los socialistas frente a ETA.

Un Mariano Rajoy que no está en sus mejores horas, con la aplicación propia de un experto opositor a registrador de la Propiedad, ha desgranado todo el temario. Se lo llevaba bien aprendido, pero sin brillantez oratoria y lo desgranaba mecánicamente cual abstruso temario de Derecho Civil. Comprensible, porque el tribunal no se encontraba dentro del hemiciclo del Congreso y siempre resulta difícil examinarse cuando es el propio catedrático el autor del texto de la asignatura.  Te olvidas de un matiz, de una frase interpolada, y el cátedro de marras te está fulminando.

No obstante, Rajoy, en su último turno de dúplica, anduvo algo más suelto e, incluso, menos hosco que en su intervención principal. Sin duda debido a que se trataba de puntualizar lo dicho por uno y mal interpretado por otro o viceversa. A la hora de aplaudir las intervenciones del jefe de su grupo, los diputados populares ni fueron especialmente enérgicos y entusiastas ni tampoco unánimes.

[Estrambote parlamentario: primera sesión de la legislatura y primeros conatos de los que, andando el tiempo, serán los hooligans de sus partidos respectivos. Bono Martínez, el presidente del Congreso, nuevo en estas lides, lo va a tener difícil. Reducido a la condición de diputado de base el popular Martínez Pujalte, uno de sus compañeros de partido, Miguel Arias Cañete, apunta maneras de agitador-jefe. El presidente de la cámara le tuvo que llamar al orden por interrumpir a ZP en su réplica a Rajoy. De todas formas, el conjunto del hemiciclo, en la sesión de tarde, sonaba a patio de colegio. Como ruido de fondo sonaba el runrún de Sus Señorías cuando intervenía el candidato. Y bastante menos cuando el orador era Rajoy]

*Lea también: Justos y benéficos, por Paco Vilariño

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