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Rajoy genera miedo

Nadie esperaba que el debate de hoy en el Congreso se desarrollara en términos de racionalidad y formas caballerescas, porque en la situación actual entre el gobierno y el principal partido de la oposición ya hay demasiadas heridas en uno y otro contendientes y el debate político ha cedido el paso a la lucha por eliminar al contrario, lo que se está trasladando peligrosamente a la sociedad en la que crece la aversión a “los otros” y se está convirtiendo en un odio espeso y sedimentado en muchas personas: un peligro real que no cabe ignorar. Pero tratándose de personas civilizadas, con una formación humanista y hasta con educación, se esperaba que el debate fuera duro, con reproches de Rajoy de vanidad e ingenuidad al presidente Rodríguez Zapatero, con acusaciones de opacidad y hasta de concesiones  a los terroristas, pese a que nadie en su sano juicio pueda entender que hubiera concesiones a la vista del atentado. Lo que nadie esperaba es que Rajoy planteara a Rodriguez Zapatero el terrible dilema “Si usted no cumple le pondrán bombas y si no hay bombas es porque ha cedido”. Una frase tan corrosiva en un contexto de discurso plagado de expresiones injuriosas, degradantes y hasta calumniosas, no era la respuesta lógica al planteamiento, ciertamente sinuoso y poco explícito, del presidente que, aparte de concitar la adhesión de las restantes fuerzas parlamentarias, buscaba sincera y quizá interesadamente un gesto del partido popular para formar un frente unánime ante el terrorismo.

Pero fue todo lo contrario: si en los días anteriores parecía que Rajoy entreabría la puerta a un pacto muy condicionado, pero que alentaba alguna esperanza, ya la semana pasada dejaba claro que no habría acuerdo y dejaba traslucir que lo que verdaderamente le interesaba era tumbar al gobierno, más allá de solucionar o no el problema vasco o de derrotar a ETA. Es claro que el sector más duro del partido, el que trazó la estrategia de sembrar de confusión el proceso de paz y ha venido impidiendo cualquier entendimiento, ha triunfado rotunda y definitivamente. Pero no solo esto: desafortunadamente el sector centrista del partido popular ha quedado vencido y acorralado, entregando sus armas y su futuro en manos de los más radicales y, lo que es peor, aceptando el planteamiento de desterrar cualquier entendimiento con el partido socialista y con los nacionalismos.

Esta postura inquebrantable arroja sobre la ya remota posibilidad de alcanzar algún acuerdo de desarme con los etarras la esencia de lo imposible, porque ¿Cómo va a aceptar la banda terrorista llegar a un acuerdo que sería anulado en cuanto el partido popular llegara al poder? ¿Qué seguridad puede ofrecer Rodríguez Zapatero de que lo que llegara a pactarse sería cumplido? Sin duda, Rajoy al interpretar la posición del partido popular le ha proporcionado a ETA la justificación que estaba buscando. Ahora, ya pueden seguir con su violencia

Es obligación de todo gobernante buscar la solución a los conflictos y muy especialmente cuando se dan situaciones de terrorismo con todas su consecuencias para la vida y la libertad. Así lo entendieron todos los presidentes de la democracia española e intentaron buscar la salida tanto por la fuerza del estado de derecho como por el diálogo. Hoy no queda más que un camino: el de la acción policial y judicial, el de intentar el aniquilamiento de la banda terrorista, único procedimiento aceptable para los dirigentes del partido popular. Es una opción democrática y, aunque envuelta en la sospecha de electoralista, admisible pese a consolidar la ruptura del bloque democrático y acentúa las tensiones en la sociedad española, que sigue deseando la paz. Pero repasando su actuación en la sesión parlamentaria de este quince de enero, Rajoy genera miedo. A mi, al menos, me da miedo.
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