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Los niños van a la guerra

Los niños van a la guerra

Niños, niñas y adolescentes representan 42 % de las Farc y 45% del Eln El reclutamiento y uso de niños y adolescentes por grupos armados ilegales está creciendo a gran velocidad.

Se ha encontrado que el 42,16 por ciento de las Farc y el 45,25 por ciento del Eln están compuestos por niños, niñas y adolescentes, o adultos que ingresaron a las filas cuando aún no habían cumplido la mayoría de edad. Las cifras de las Auc no son tan claras porque este grupo NO entregó a los niños en las desmovilizaciones. Aun así, se considera que no menos del 30 por ciento de esta tropa estaba compuesta por niños.

Ni uno solo de esos niños, niñas y adolescentes se vinculó voluntariamente. Los niños se nos van para la guerra porque hay guerra, porque el impacto del conflicto armado en sus regiones es altísimo y porque su vinculación hace parte de una estrategia de supervivencia.

Una vez adentro, son sometidos a un proceso de entrenamiento brutalizante, basado en castigos y prácticas degradantes. No pueden opinar, ni moverse con libertad, ni decidir, ni cuestionar órdenes y, por supuesto, tampoco pueden abandonar las filas si lo desean: la evasión es considerada como la más elevada forma de traición.

¿Qué tanta legitimidad y qué tanta beligerancia puede reclamar un ejército ilegal desproporcionadamente compuesto por niños, que están allí porque son sometidos a las peores formas de tortura, humillación y maltrato? ¿Qué efecto tiene sobre la aplicación de la Ley de Justicia y Paz el que las Auc no hayan entregado a los niños en las desmovilizaciones colectivas? ¿Cómo ha considerado la Corte Suprema de Justicia este crimen atroz en la judicialización de los 'parapolíticos'?

Pero este crimen solo ocurre porque existen unas condiciones estructurales que lo hacen posible: estos niños pertenecen a una franja poblacional extremadamente pobre e hipersensible a los cambios económicos en las regiones y que termina vinculada a la economía ilegal porque es el único sector que les ofrece unas mínimas condiciones de estabilidad y supervivencia económica.

La vinculación a la ilegalidad convierte a estas personas en el escudo humano que les permite a los grupos armados operar con solvencia y convierte a los niños y niñas en su mano de obra por excelencia en cuanto para ellos es más fácil evadir los controles de seguridad, no son sospechosos de haber sido infiltrados por el enemigo, no reciben salario y en caso de captura o desmovilización están protegidos por un marco legal que prohíbe usarlos como informantes o testigos.

Entre todos los factores de miseria que promueven el reclutamiento, sobresalen el maltrato intrafamiliar y el hambre. El hambre es la peor forma de terrorismo y es un hecho que seguiremos produciendo conflicto mientras haya tantos que viven en condiciones de desesperación. La legitimidad de un Estado no se mide en número de bajas; se mide en su capacidad de garantizar las condiciones de libertad y dignidad con las que se compromete en la Constitución y no hay nada más indigno y humillante que el hambre. Me pregunto, ¿qué tan exitosa es una política de 'seguridad democrática' que no puede garantizar la seguridad alimentaria de la Nación, en un país que produce comida 365 días al año?

El reclutamiento y uso de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos armados ilegales está creciendo a gran velocidad como parte de una estrategia de adaptación. Por eso, el 26 de abril, día de los niños, nos vamos a la calle con la plataforma de 'Colombia Soy Yo' a manifestarnos contra este crimen atroz. ¡Hágase sentir! Necesitamos todo el apoyo posible. Entérese de más en www.mayanasa.org y www.colombiasoyyo.org

Natalia Springer

Autora de “Desactivar la Guerra. Alternativas Audaces para Consolidar la Paz”. Ed. Aguilar, 2005. Analista colombiana

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