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El 'largo dedo' de ZP llegó a los segundos escalones

Ya se ha puesto en marcha la maquinaria. El primer consejo de ministros ha dado a luz la ‘pedrea’ inicial de altos cargos. Ya en otras ocasiones he dicho que estas designaciones en el segundo nivel resultan, a veces, tan significativas como las de los ministros. Y me parece obligado, como comentarista político, aportar mis reflexiones acerca de algunos nombres que puede que no sean demasiado conocidos por el gran público, pero cuyas funciones van a tener una gran importancia. Las primeras incógnitas se han desvelado en algunos puestos verdaderamente estratégicos para la marcha del gobierno, y el ‘largo dedo’ de ZP es perceptible en algunos de los nombres que estos días inundan los titulares de los periódicos..

Reconozco que me han sorprendido algunos de los primeros nombramientos en los ‘segundos escalones’ del gobierno. Especialmente interesante me ha parecido la designación del diplomático Bernardino León, hasta ahora ’número dos’ de Exteriores, como secretario de Estado de la Presidencia, un cargo que constituye un magnífico observatorio y un laboratorio privilegiado para conocer los intríngulis del Ejecutivo y el funcionamiento de la Administración. Me pregunto si este nombramiento significa alguna apuesta de futuro: ¿se está formando a este brillante diplomático, sobre cuyo futuro corrían otros rumores -se le citó como posible embajador en Washington, por ejemplo- para más altas tareas? Uno diría que por ahí van los tiros.

Lo del pase del hasta ahora director de la Policía y la Guardia Civil, Joan Mesquida, a una responsabilidad tan diferente como la Secretaría de Estado de Turismo resulta igualmente significativo. El puesto que hasta ahora ocupaba Mesquida, sin duda complicado porque implica el manejo de unos cuerpos y fuerzas de la Seguridad del Estado no siempre conformes con todas las decisiones de su gobierno, es clave. Tanto en la lucha antiterrorista como en lo que se refiere a atender a una de las preocupaciones máximas de los españoles, la inseguridad ciudadana. Aseguran que Mesquida pidió el relevo, harto de sus enfrentamientos con el secretario de Estado de Interior y cansado, como el propio ministro del ramo, Rubalcaba, de un Departamento que es un ‘abrasadero’. Veremos quién lo sustituye: hay rumores variados, pero ya vamos aprendiendo que la rumorología, incluso la mejor informada, acierta poco. Pero quien ocupe el puesto tendrá en sus manos mucho poder -calladamente ejercido, eso sí, por Mesquida-, enorme responsabilidad y toneladas de información ‘privilegiada’, compartida con el Centro Nacional de Inteligencia, en cuya dirección ahora mismo ignoramos si habrá o no relevos.

Y llegamos a la comunicación, otro terreno siempre pantanoso para el gobierno, otra cuestión en la que casi ningún gobierno (y no hablemos ya de la oposición) acierta plenamente Se habían barajado los nombres de mujeres periodistas de la televisión (una, veterana; otra, no tanto); el de una colega de El País, el de varias profesionales que andan por La Moncloa…pero nadie había aventurado el nombre de Nieves Goicoechea como posible secretaria de Estado de Comunicación. Sorpresa total, porque esta profesional, que ejercía el periodismo de a pie, ahora desde la información monclovita en la cadena Ser, desempeñaba muy discretamente su papel y casi nadie sospechaba siquiera que mantuviera relaciones informativamente privilegiadas con Zapatero. Porque designación personal de Zapatero es, sin duda, el de esta callada informadora, a la que sus colegas conocemos desde hace años andando por esos mundos periodísticos de Dios. No hay mucho currículo tras ella (no hay más que ver las escasas líneas que le dedica la biografía oficial en la referencia del Consejo de Ministros). Solo cabe desearle suerte y aciertos en su misión en uno de los puestos más desgastantes del organigrama gubernamental y de la Administración del Estado.

El ámbito de la Justicia, junto al de la seguridad y la información, constituye siempre otro foco de polémicas. Algo lenta y paquidérmica en los últimos tiempos, la oposición apenas ha reaccionado ante anuncios como que Cándido Conde-Pumpido volverá a ser nombrado fiscal general del Estado. Claro que algunos radiofonistas, que le tienen una especial inquina a ‘Cándido’, se han lanzado inmediatamente a degüello. Pero, consultados los medios competentes del PP, he podido constatar que los ‘populares’ han acogido la continuidad de Conde-Pumpido con algo muy parecido a una cerrada hostilidad. Algunos incluso han comentado que “no es así como llegaremos a un pacto por la justicia”. Pero en el Ministero de Justicia, donde también sigue el no menos polémico (para los ámbitos del PP) Mariano Fernández Bermejo, aseguran que el actual y próximo fiscal es “el mejor posible”, y que durante la anterior legislatura resolvió con bien difíciles papeletas.

¿Hacen falta nuevos rostros para los nuevos tiempos? No siempre. La continuidad no significa continuismo, aunque las ‘viejas caras’, como las nuevas, habrán de comprender que los aires que llegan son verdaderamente inéditos. Como, por otra parte, cada vez que se inicia una legislatura, aunque el inquilino de La Moncloa siga siendo el mismo.
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