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Creciendo a los golpes...

Creciendo a los golpes...

Durante las últimas semanas los medios de comunicación nos mostraron una realidad que nos  duele y sorprende a todos. Jóvenes de diferentes  lugares, clases sociales y edades variadas, aparecieron por todos lados siendo protagonistas de hechos de violencia en la escuela  o sus cercanías. Así, muchas personas  se vieron sorprendidas, como asustadas. “Ahora se pelean hasta en las escuela, así ya no hay límite que valga. No sé que vamos a hacer”.  Se escuchaba decir…

La violencia es algo que vemos  cotidianamente en la calle, en la cancha de fútbol y en  la salida de los boliches.  Entonces   ¿porqué nos llama tanto la atención que ésto  pase en  el colegio mientras lo vemos todos los días y   en todos los lugares?

¿Qué tiene de distinto la Escuela a todos estos lugares para que la violencia en ella nos cause mas pavor, sorpresa e indignación que otras?

Debemos saber que la escuela no existió desde  siempre, es un invento de la modernidad. La necesidad imperiosa de formar ciudadanos para los Estados nacientes, sumado a una sociedad que creía firmemente en el futuro, hizo que la escuela en sus comienzos fuera concebida como un lugar apartado del mundo, como un “templo del saber”. En ella, se estudiaba “para cuando uno sea grande”. Un lugar que marcaba claramente una frontera  entre el adentro, ese  “templo”, y el mundo exterior. Todo lo que pasaba afuera de la misma debía quedar en la puerta de entrada. Nada de lo malo ni de lo bueno del mundo  tenia lugar en el  establecimiento educativo.

La modernidad cayó.

Esa escuela no existe más.

Hoy la frontera que se marcaba entre la escuela y el mundo exterior se  ha derrumbado. Esto tiene muchos aspectos positivos. También  tiene consecuencias. Cuando la escuela abre sus puertas al mundo, es imposible pensar que solo dejará entrar a lo  bueno.

Cuando se abre la puerta, entra todo…también la violencia.
Ya no se puede separar lo que pasa en la escuela de lo que pasa fuera de la misma. Ya no podemos mirar  para otro lado y sorprendernos de que la violencia haya entrado en ella. Las fronteras están abiertas. Si queremos saber que es lo que pasa adentro, debemos tener una mirada mas amplia y mirar hacia fuera, “hacia el mundo”, hacia la sociedad toda. Así muchas preguntas vuelven a surgir. ¿Porqué esa violencia? ¿Qué significa? ¿Nos quieren decir algo los jóvenes de esta manera? ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? ¿Por donde empezar?

Tomas Abraham dice  “Llamo violencia a la racionalidad aplicada a provocar
sufrimiento y destruir la vida”.  Podemos decir que la violencia es una acción pensada no para el bien del otro, sino que todo lo contrario, buscar el sufrimiento del otro. Que el otro la pase mal. En la violencia no se reconoce a la persona, su grandeza e importancia. Ahora bien, ¿sólo existe la violencia física? ¿Hay “otra” violencia?

En nuestro país tenemos miles de jóvenes  excluidos, que sufren la desigualdad, la pobreza,  y un futuro imposible de imaginar. Jóvenes que están solos. Jóvenes a los cuales por diversos motivos nadie tiene en cuenta. Jóvenes que parecen sobrar. Eso también es violencia.

  Vivimos en una sociedad que se llena la boca  diciendo que los jóvenes son el futuro, pero al mismo tiempo no los conoce, no sabe nada de ellos. Ni como viven, ni que hacen, ni por que sufren, ni cuales son sus sueños. Nada.  Una sociedad a la cual le importan muy poco sus jóvenes.

 Se sienten solos y afuera de todo. Sin proyectos porque parecen inútiles, sin sentido.

Sin valores comunes  que les permitan reconocer al otro como parte suya y de un proyecto colectivo. Cuando se mira la vida desde afuera, todo pierde valor. La vida, el día a día, el otro, que ahora es un extraño. Todo. La palabra perdió su valor. Es ineficaz. Perdió  su valor y peso como forma de construcción y comunicación Ya nadie habla, ya nadie escucha.

Es urgente que el Estado se de cuenta de que no puede ser casual la relación  entre la violencia y la situación social en que vivimos. Así, debe  empezar a dar soluciones reales a los jóvenes. No solamente incluir, sino también  permitirles soñar con un  proyecto de vida digno, con educación, igualdad y trabajo

Es urgente, que la escuela y los docentes no nos rasguemos mas las vestiduras mirando para el costado. Sabemos que también somos responsables de generar alternativas de solución.

Es sumamente urgente que los padres tomen su lugar. Que sean Adultos. Que hablen con sus hijos, que los conozcan. Que sepan por que están tristes, que los pone contentos. Que desean. Que los hace soñar...

Los jóvenes nos piden ayuda a gritos, no pueden esperar más. Debemos hacernos cargo
Eso esperamos de todos los adultos

No más

Tampoco menos
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