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OPINIÓN/Víctor Gijón

¿Y tú (Diego) de quién eres...?

¿Y tú (Diego) de quién eres...?

El presidente del PP en Cantabria, Ignacio Diego, no está sólo en sus miserables acusaciones al Gobierno tras el atentado etarra que ayer costó la vida en Álava al guardia civil Juan Manuel Piñuel.
No está con su partido, ni con su líder, pero sí coincide en sus opiniones con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que ya no preside Alcaraz pero sigue echada al monte, y coincide con Rosa Díez, que parece dispuesta a aprovechar la brecha abierta por María San Gil y colarse en busca y captura del electorado más derechoso del PP.

Después de lo de este miércoles, sólo cabe preguntarse y preguntar a Diego de quién es, a quien obedece y sigue. No es casual que en la misma conferencia de Prensa en que Diego lanzó graves y falsas acusaciones contra el Gobierno de Zapatero, en plena sintonía con lo que fue el discurso crispado de los Zaplana y Acebes en la pasada legislatura, también mostrara su simpatía por María San Gil. Un apoyo mucho más nítido que el dedicado a Rajoy que, sin embargo, está siendo la principal víctima de una campaña de desprestigio por algo que ni siquiera ha hecho: cambiar la ponencia autonómica.

Otro silencio clamoroso del presidente regional del PP ayer está relacionado con el número tres de la lista cántabra al Congreso de los Diputados, José Maria Lasalle, que está siendo linchado por periódicos como El Mundo y la radio de los obispos, responsabilizándole de haber provocado la disidencia de la líder popular en el País Vasco.

Hay silencios clamorosos y el de Diego resonó en las cuatro esquinas de Cantabria. Diego es de esos políticos que actúa con gafas de madera. No ve problema alguno en su partido, a pesar de la que esta cayendo, lo cual no le impide opinar sobre asuntos internos de otos partidos, que ni de lejos se acercan a la tensión que vive el suyo.

 Por cierto que en la comparecencia de ayer, caliente como estaba, Diego recuperó el más viejo y virulento discurso anti Revilla. Estuvo faltón, insultador y descalificador. Un discurso que otros dirigentes populares, como el alcalde de Santander, Iñigo de la Serna, evitan como la peste. Ayer escribía en este mismo espacio que Rajoy va tener muchas dificultades para llegar vivo a junio. Pero para futuro problemático el de Diego. La cuestión es donde colocarle para que no la vuelva a pifiar.
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