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OPINIÓN/Víctor Gijón

Conspiración contra Rajoy

Conspiración contra Rajoy

Está todo tan medido, tan claros los objetivos finales, que es imposible no pensar que hay alguien moviendo los hilos. Me refiero a la operación de acoso y derribo orquestada contra el presidente del PP, Mariano Rajoy.
Las pocas dudas sobre la existencia de un plan para forzar la dimisión del líder conservador se despejan al cotejar el pasado de algunos de sus verdugos mediáticos. Pedro J. Ramirez y Federico Jiménez Losantos ya formaron parte de la que fue llamada la ‘Brunete mediática’, un grupo de periodistas a los que también se conoció como el ‘sindicato del crimen’. Colectivo juramentado para lograr sacar a Felipe González de La Moncloa, no importaba por que medios.

 Pedro J. y Federico, entre otros, buscaron un ariete para derribar al gobierno socialista y lo encontraron en un casi desconocido político, recién llegado a la dirección del PP, y el único dispuesto a seguir el guión que le habían escrito otros si a cambio le hacían ganar las elecciones.

 Aznar y sus mentores mediáticos estuvieron a punto de tirar la toalla cuando en 1993 fracasaron en el primer empeño. Insistieron y en 1996, aunque sólo por 200.000 votos, los que separaron al PP del PSOE, alcanzaron su objetivo. Pero Aznar no pagó la deuda, o no al menos a todos y con la generosidad que esperaban. Perdió apoyos y, sobre todo, engendró rencores silenciosos, de esos que terminan por aflorar en forma de úlcera sangrante.

Pero Aznar se fue y los apoyos y resquemores los heredó su sucesor. Rajoy asumió el pacto no escrito con las estrellas mediáticas y se puso en sus manos. Durante cuatro años fue la marioneta movida por Federico por las mañanas y Pedro J. por las mañanas, tardes y noches. Le impusieron dirigentes, estrategia, tácticas y compañeros de viaje. Hicieron una legislatura de crispación que flaco favor le hacia al PP, pero que engrosó las cuentas de resultados de esos medios.

El Mundo lapidó a la prensa competidora de la derecha, léase ABC y La Razón, y la COPE se reafirmó como líder de las radios conservadores. Pero Rajoy no ganó las elecciones --¿las perdió él o se las hicieron perder?-- y el frente mediático decidió cambiar de candidato. Rajoy se resistió y ahora están en trance de hacerle tirar la toalla.

El goteo de dimisiones, de declaraciones en contra, de ataques directos e indirectos, de desautorizaciones públicas, nada de ello casual o arbitrariamente coincidente, ya ha logrado su objetivo. Porque aunque Rajoy gane el Congreso de junio, que es algo que está por ver, lo que nadie duda es que no será cabeza de cartel en las elecciones de 2012. Y a decidir quien será el candidato que le sustituya dedicarán todos sus esfuerzos y afanes El Mundo y la COPE cuando crean que Rajoy ya ha comprendido el mensaje de que los que mandan son ellos.
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