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Visita del presidente mexicano al Congreso

Calderón y Bono destacan la 'alianza estratégica' entre España y México

Calderón y Bono destacan la 'alianza estratégica' entre España y México

· Pocos ministros, sin embargo, siguieron la intervención de Calderón en el Congreso

Los vínculos entre España y México son indestructibles”. Desde hacía 32 años ningún presidente de México había subido a la tribuna de las Cortes Generales españolas para expresar palabras como ésas, pronunciadas por Felipe Calderón en su visita oficial en España. El presidente mexicano tomó la palabra en el Congreso de los Diputados para hablar de la historia común pasada y del futuro conjunto al que debemos aspirar. Palabras emotivas las suyas, y palabras igual de emotivas las del presidente del Congreso, José Bono, que, sin embargo, contrastaron con la escasa presencia de ministros en el hemiciclo.
    El plato fuerte –políticamente hablando- del viaje oficial del presidente de México, Felipe Calderón, a España lo ha constituido su visita al Congreso de los Diputados, donde la tribuna ha sido suya como rara vez lo es con un mandatario extranjero. En un intenso discurso, largo en duración y denso en contenido, Calderón ha subrayado que “España es socio estratégico de primer orden” con México y ha expresado su voluntad de querer “más México en España y más España en México”.

    Sus palabras fueron escuchadas con atención por todos los diputados, pero en el banco azul del Gobierno no estaban ni el propio presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, ni una buena parte de su Gabinete, lo que sí originó algún comentario en pasillos. Sí estaba, claro, la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, y, desde luego, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos

Una visita estratégica


No obstante todo lo anterior, desde 1976, un año antes de las primeras elecciones democráticas en España y dos años antes de la aprobación de la Constitución Española no subía a la tribuna de las Cortes Generales un presidente mexicano. Este martes lo ha hecho con todos los honores Felipe Calderón, que en una tarde lluviosa en Madrid fue recibido en la verja de acceso al edificio de la Carrera de San Jerónimo por los presidentes del Congreso y del Senado, José Bono y Javier Rojo, respectivamente, y por otras autoridades.

    Calderón llegó acompañado de su esposa, Margarita Zavala, quienes escucharon en el patio de Floridablanca los himnos nacionales de ambos países interpretados por la Banda de Música del Cuerpo Nacional de Policía. Luego, la delegación mexicana y las autoridades españolas entraron en el Palacio precedidos de los Maceros, donde les ofrendaron con diversos regalos: las medallas del Congreso y del Senado, un ejemplar facsímil, edición lujo, de la Constitución Española de 1978 y un Atlas de la Península Ibérica y de las posesiones españolas en ultramar.

    Más tarde, al finalizar el acto, Calderón se saltó el protocolo y recorrió a pie una veintena de metros que separan el Palacio del Congreso de los Diputados de la embajada de México, en la misma Carrera de San Jerónimo. Los escoltas andaban ‘despitados’, pero los trabajadores mexicanos de la embajada le agradecieron el gesto a su presidente.

“Gracias, señor presidente; gracias a México”


Antes, los discursos. Palabras emotivas de José Bono a México y a sus gentes, con un recuerdo especial al presidente Lázaro Cárdenas que propició, a partir de 1939, el asentamiento de más 30.000 republicanos –entre ellos un buen número de diputados- que tuvieron que exiliarse de España tras la guerra civil. “Gracias, señor presidente; gracias a México”, dijo Bono para que ese agradecimiento tardío constara en acta en las Cortes Generales españolas. Calderón estaba sentado a su lado en la tribuna presidencial; su mujer, en el lugar destacado de la tribuna de invitados.

    Bono recordó los lazos que unen a ambos países, poniendo el énfasis en que ambos pueblos “hemos insurgentes por la libertad”. Y recordó cómo hasta una veintena de iberoamericanos participaron en la redacción de la Constitución de Cádiz de 1812: “Esa Constitución no la hicimos solamente los españoles europeos”, reconoció, antes de dar la palabra al presidente mexicano.

Vínculos indestructibles

Calderón estructuró un discurso en el que quiso de poner de relieve los cambios profundos que se están operando en México en todos los frentes, desde la evolución industrial a la seguridad social generalizada, pasando por el respecto a los derechos humanos. Una segunda parte estaba dedicada a los esfuerzos de su Gobierno por convertir a México “en uno de los mejores lugares para invertir en el mundo”.

    Calderón detalló que la lucha en América Latina ya no es entre izquierda y derecha, sino entre modelos que orbitan entre el pasado (ya ‘fracasado’) y el futuro (que ‘no acaba de despegar’), y “en esa encrucijada entre el pasado y el futuro, los mexicanos hemos apostado por el futuro”, por un México “democrático y libre”, por hacer de México “un país libre y seguro”.

    El presidente mexicano detalló todo un planning de Gobierno: los logros ya realizados bajo su mandato; los logros que pretende realizar hasta el final del mismo. Por ejemplo, las reformas emprendidas en los ámbitos penal y fiscal, o en la lucha contra el tráfico de armas, de drogas y de personas, pero también en el desarrollo de una “economía competitiva y creadora de empleo”.

    Y de esas reformas, Calderón puso el énfasis en los aspectos sociales, los mismos que más preocupan al gobierno de Rodríguez Zapatero: el sistema de pensiones y el intento de generalización de la seguridad social y de los medicamentos para todos los mexicanos. Y un final apoteósico: “El Gobierno tiene un serio compromiso con la igualdad de oportunidades”. Aplauso cerrado de las pocas ministras españolas que en esos momentos se sentaban en los bancos azules del hemiciclo.
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