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Intervención íntegra de Felipe Calderón en el Congreso de los diputados

Es un honor para mí estar en el Palacio de las Cortes, una de las expresiones más vigorosas y fructíferas de la democracia universal. Agradezco al presidente del Congreso de los Diputados, al excelentísimo señor José Bono, por sus palabras de bienvenida y sus muestras de afecto. Desde esta alta tribuna quiero transmitir a los miembros de las Cortes Generales de España, y desde luego a través de ustedes, a todo el pueblo español, el mensaje fraterno y solidario de México y los mexicanos.

Ya don José Bono ha hablado de las grandes cosas que nos han unido en el pasado. Yo quiero compartir con ustedes ahora reflexiones del futuro que queremos; de las transformaciones que, en busca de este futuro, está viviendo México y sobre el papel estratégico que tiene para nosotros la relación con España en este proceso de cambio. En los albores de este siglo XXI, el siglo del conocimiento y la globalidad, América Latina se enfrenta a la disyuntiva que definirá el éxito o el fracaso de sus pueblos. Puedo decir que en las últimas décadas, Latino América ha ensayado una a una prácticamente todas las formas de superarse. Ensayó dictaduras férreas, desde la derecha hasta la izquierda y desde la Patagonia hasta el Caribe. Ha ensalzado al mercado y al Estado; invitó las inversiones y ha expropiado también las inversiones. Ha derrocado gobiernos. Ha creado nuevos sistemas económicos. Ha ensalzado los nacionalismos y también los autoritarismos personales, y para muchos pueblos y para muchas gentes, el triste resultado parece ser la frustración y la decepción colectiva acerca del  futuro de nuestro continente. Al propio tiempo, en los últimos años, el mundo también ha cambiado dramáticamente.

Las nuevas realidades y desafíos del comercio, de la política, de la tecnología, de la energía, del medioambiente, todo ha modificado la realidad de nuestros pueblos. La aldea global se  ha vuelto una realidad cotidiana más que nunca y rige universalmente. Puesta en esta encrucijada, América Latina se debate hoy el rumbo de sus políticas públicas, de sus gobiernos y, en consecuencia, de sus naciones. Y esta disyuntiva que América Latina enfrenta, con todos sus matices, es una disyuntiva difícil; es, entre la vuelta atrás en lo económico -economías cerradas o centralmente planificadas-, o la apertura franca al comercio y la inversión en el mundo; entre el control de precios o el mercado. En política es, también, entre autoritarismos personales o entre democracias consolidadas, con todas sus debilidades y consecuencias.

Hoy la disputa en América Latina  no es meramente entre izquierda o derecha, quizá no sea eso, sino entre modelos, muchos que ya han demostrado su fracaso y otros que aún no terminan de mostrar claros beneficios. La disyuntiva de América Latina quizá no sea tanto entre la izquierda o la derecha sino más bien entre el pasado y el futuro. Y puestos en este dilema inevitable, con sus enormes contrastes y posibilidades, México ha decidido caminar hacia la consolidación de la democracia  y el respeto a los derechos humanos; hacia la libertad y la justicia; a favor de la inversión y la apertura; por la igualdad de oportunidades y por el respeto al medioambiente y el desarrollo sustentable. Es decir, en esta encrucijada entre pasado y futuro, los mexicanos hemos apostado, y de  manera decisiva, hacia el futuro. Y sabemos que es ahora, en esta primera década del siglo, cuando deben tomarse las decisiones de hacerse los cambios que permitan que nuestro México se convierta en el México seguro, próspero, justo y desarrollado; en el México democrático y libre que queremos para el futuro. Así hemos entendido en mi Gobierno esta tarea trascendental que nos toca realizar. No es lo nuestro simplemente sobrevivir o sobrellevar circunstancias globales o administrar parálisis. La tarea del Gobierno  mexicano, y así lo entendemos quienes trabajamos en él, es transformar a México. Es actuar ahora para que nuestra nación sea en el futuro la patria que merece ser. Y en este proceso, en el que la relación de México con España tiene un carácter estratégico, mi Gobierno sigue una agenda integral de desarrollo en varios frentes.

En primer lugar, queremos hacer de México un país seguro, un auténtico país de leyes. Por eso, hoy libramos una guerra frontal por el Estado de derecho y la seguridad pública y en contra de la delincuencia organizada. Por eso actuamos con firmeza y determinación, empleando toda la fuerza del Estado para combatir estos males. De España hemos conocido y apreciado su lucha constante por la paz y contra el terror. Hemos visto que por encima de diferencias políticas ha sido capaz de enfrentarle y condenarle. Y ante la confusión en nuestra región, que no termina de distinguir entre románticos ideales libertarios y francas criminalidades terroristas, ante el desconcierto ideológico, al cual no está exenta Latino América, nos une con  España una apuesta clara e inclinable, a favor de la democracia y de las instituciones; una exigencia de seguridad y certeza personal y colectiva, de respeto a la vida y a la libertad que se traduce en políticas públicas que enfrentan de manera decidida la criminalidad y el terror. Por eso, hemos emprendido esta lucha sin cuartel por garantizar la seguridad de los mexicanos. Hemos golpeado las estructuras operativas y financieras de las organizaciones criminales y trabajamos día con día, tenazmente, para depurar y fortalecer nuestras policías. Soy de la tesis de que los problemas se resuelven enfrentándolos y no evadiéndolos.

Advertí desde el principio de mi Gobierno a mi pueblo que sería una batalla larga, costosa y, por desgracia, implicaría la pérdida de vidas humanas, como efectivamente ha ocurrido. Pero en el propósito de contar con un México libre y seguro para las futuras generaciones de mexicanos habremos de perseverar y de ganar esta batalla. En este afán transformador de la vida institucional, el Congreso de la Unión y el Poder Constituyente aprobó una importante reforma que permitirá la transformación del sistema de justicia penal en México. Dejamos atrás un proceso penal inquisitorial y entramos a un sistema acusatorio, con juicios orales que garantizan certeza jurídica e imparcialidad para todos. En especial, protegerá los derechos de las víctimas y de los ciudadanos y, al propio tiempo, dará un margen de acción al Estado en su lucha contra la criminalidad. En este marco, señoras y señores, la cooperación internacional es fundamental. Las redes del crimen organizado trasnacional, sea de tráfico de drogas, de armas o de personas, no reconocen fronteras. Por ello, España y México debemos estrechar nuestra colaboración en este frente y unir fuerzas contra toda organización criminal que atente contra libertades, la legalidad o las instituciones de nuestros países.

En segundo lugar, el Gobierno mexicano está determinado a desarrollar una economía verdaderamente competitiva y generadora de empleos. Con ese fin, impulsamos reformas estructurales que preservan la estabilidad macroeconómica y fortalece los cimientos del desarrollo. Durante más de una década, en México había sido imposible procesar reformas estructurales que tuviesen impactos determinantes en las finanzas públicas o en la economía. Sin embargo, y gracias a la voluntad de diálogo y entendimiento de las fuerzas políticas, el Congreso ha aprobado reformas sustanciales que permitirán modernizar al país. Aprobó, por ejemplo, una reforma del sistema de pensiones de los empleados y servidores públicos, al cambiar el tradicional régimen solidario de retiro por un sistema de cuentas de ahorro individuales, una aspiración común a países de distinto nivel de desarrollo en ambos lados del Atlántico. México ha resuelto, quizá, el desafío más grande para sus finanzas públicas en el mediano plazo. Al propio tiempo, el Congreso aprobó una importante reforma fiscal que permitirá aumentar la recaudación pública y, con ello, ampliar la capacidad del Estado para apoyar a quienes menos tienen; para financiar la educación;  la salud, la infraestructura y la seguridad que el país necesite. Este equilibrio presupuestal ha permitido reducir sustancialmente la deuda externa del país y fortalecer su futuro. Y para incrementar la competitividad de nuestra economía, hemos decidido  darle un sólido impulso a la inversión y en particular a la inversión en infraestructuras. México tiene una posición geográfica privilegiada en el mundo global.

Es la única economía emergente con más de 3.000 kilómetros de frontera con la economía más grande del mundo. Al propio tiempo, tiene más de 11.000 kilómetros de litorales que lo comunican con mar a través del Pacífico y el Atlántico, con las economías asiáticas y europeas, por lo cual es vital para el país contar con la infraestructura necesaria y hacer de México, como nos lo hemos propuesto, un eslabón natural y una plataforma logística para el comercio y la inversión en la economía global. México se esfuerza en convertirse en uno de los mejores lugares para invertir en el mundo. Y esta política deliberada de atracción, de inversión, combinada con el fortalecimiento de las finanzas del Estado, ha permitido al Gobierno de México poner en marcha un ambicioso programa de infraestructuras. Nos hemos propuesto incrementar  a partir de este mismo año el gasto público y privado hasta alcanzar un ritmo de inversión en infraestructura de 30.000 millones de euros cada año durante los próximos cinco años. Otra parte medular de nuestra estrategia consiste en reducir la dependencia económica respecto de Estados Unidos mediante la diversificación  del comercio y de la inversión. Esa es una de las razones por las cuales estamos hoy aquí en España. El año pasado, por ejemplo, las exportaciones mexicanas a Europa crecieron más del 30 por ciento y al mismo tiempo alcanzamos un record de casi 16.000 millones de euros de inversión extranjera directa, de los cuales, el 54 por ciento provino de Europa y, por primera vez, no provino de los Estados Unidos, como era tradición.

Es por esta razones que, a pesar del estancamiento de la economía mundial y en especial de la de Estados Unidos, donde  se concentraba tradicionalmente cerca del 80 por ciento de nuestro comercio, nuestra economía ha seguido registrando tasas de crecimiento de 3.7 por ciento anual para el primer trimestre de este año. En esta lógica de diversificación,  España,  insisto, es socio estratégico de primer orden. En siete años, desde el Acuerdo para la cooperación económica y concertación política entre México y la Unión Europea, nuestro comercio bilateral se ha triplicado, llegando a cerca de 5.000 millones de euros. Podemos y debemos aprovechar oportunidades de comercio y de inversión entre España y entre México. Este gran país ya es el segundo inversionista de México a nivel mundial, con un capital acumulado de más de 18.000.000 de euros en los últimos ocho años y tiene el potencial de ir mucho más allá. De acuerdo con previsiones de firmas internacionales, como Goldman Sachs, México será en el año 2050 una de las cinco economías más grandes del mundo. Queremos más México en el mundo  y más mundo en México. Queremos, desde luego, más  México en España y también más España en México. Mi visita busca promover precisamente el incremento del intercambio, la inversión y el comercio entre España y nuestro país.

En tercer lugar, mi Gobierno tiene un claro compromiso con la igualdad de oportunidades. Es un Gobierno que se ha planteado gobernar con sensibilidad y rostro humano, y asume como el principal desafío de esta generación reducir la pobreza extrema en la que viven millones de mexicanos. Nos hemos propuesto en el proyecto de Gran Visión México 2030 eliminar por completo la pobreza extrema y la marginación en nuestro país.  Estamos encarando ese desafío con políticas sociales responsables y activas y destinando recursos sin precedentes a la inversión en las personas; a la creación de valor humano en alimentación, salud y educación. Hemos firmado acuerdos sólidos con los maestros y los padres de familia para  no solo aumentar la cobertura educativa, sino  incrementar la calidad educativa del país. En materia de salud, por ejemplo, hemos duplicado el presupuesto federal en los últimos tres años. A mi llegada al Gobierno pusimos en marcha un programa que asegura que cada niña y cada niño nacido en el territorio nacional cuente con un seguro médico eficaz para él y su familia, que lo cubra de por vida. El ritmo de crecimiento actual de cobertura de servicios de salud a través de este y  otros instrumentos, nos permitirá que hacia el final de mi Gobierno todas las mexicanas y todos los mexicanos, sin importar su condición social o económica, tendrán garantizado médico, medicinas y tratamiento hospitalario. Es decir, México habrá alcanzado la cobertura universal de salud, que es anhelo de cualquier pueblo.
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