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Brutalidad política

Brutalidad política

No voy a recordar hoy ninguno de tantos acontecimientos políticos del pasado de nuestro país en que, para lograr el objetivo de conquistar o aumentar el poder, o mantenerse en él, se pretendió resolver las discrepancias con violencia de diverso grado. No voy a tratar sobre este tipo de brutalidad.

Tampoco me voy a referir a los apaleamientos que durante el actual régimen se produjeron contra el Tribunal Supremo Electoral hasta que la mayoría de sus vocales se sometieran a los designios gubernamentales; ni trataré de los garroteros que arremetieron contra la mayoría de diputados del Congreso Nacional hasta que fueran destituidos; ni analizaré los correazos que se dieron a los vocales del Tribunal de Garantías Constitucionales hasta que desalojaran sus despachos y oficinas.

Recordemos que Rafael Correa, cuando recién candidato, hizo creer a la gente que, si llegaba a triunfar, con su sola decisión, resolvería todos los problemas y necesidades insatisfechas de la gente, y mejoraría su nivel y calidad de vida… y mucho más fue lo que prometió en su campaña.

Pero luego se dio cuenta con amargura de que, en democracia, las atribuciones y el poder limitado de unos funcionarios se complementan con las atribuciones y poderes de otros, y de que las decisiones más complejas y cambios más profundos deben ser el resultado de resoluciones consensuadas y de responsabilidades conjuntas con otros órganos del Estado.

Por eso, el entonces candidato Rafael Correa cambió su discurso de primera vuelta que proponía revolucionar al país en su estructura política, y de alcanzar una revolución ética, productiva, social y soberana… por una catarata de promesas de todo lo que pudiera darle votos, como lo sigue prometiendo hasta ahora, además de insistir en términos muy ofensivos contra la prensa nacional y extranjera, y contra todos los que se le pusieran al frente, considerados sus "enemigos".

Esa actitud ha reactivado la vieja cultura política de la confrontación que tanto daño ha hecho a nuestro país en su historia, mientras en el mundo contemporáneo los grandes problemas se resuelven mediante concertaciones o acuerdos políticos, sociales y económicos.

Los últimos acontecimientos ocurridos con motivo de la infiltración de un Buró Político del Gobierno en la Asamblea Constituyente y las declaraciones hechas por Alberto Acosta al retirarse de la Presidencia de la Asamblea, en que considera que el poder embrutece, y cómo el poder está ligado a la política, deben llevar a todos a la reflexión de que, si no se cambia de actitud, se podría profundizar la… brutalidad política.

E-mail: [email protected]

Editorila tomado del diario HOY

 

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