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¿Tregua o trampa?

¿Tregua o trampa?

El “decreto combo” recibió el “combazo” de la Corte. Sorprendió que la Corte Nacional Electoral adopte la posición hecha pública horas antes de escribir estas líneas. No faltan, sin embargo, quienes la asumen como maniobra y salvavidas a los globos de ensayo fallidos del Gobierno. Independientemente de las razones subyacentes a la misma, el organismo electoral hizo lo correcto. Estamos tan acostumbrados a la seguidilla de acciones incorrectas y desatinos que lo de la Corte Nacional despierta dudas. ¿Es que es tan difícil hacer lo correcto?

A juzgar por las primeras reacciones del Poder Ejecutivo, se prevén presiones para doblarle la mano a la Corte. Es previsible una pulseta entre el Poder Ejecutivo (con sus movimientos sociales) y el organismo electoral, que pareciera por ahora uno de los pocos reductos que decidió reencauzar la legalidad y parar el interminable torneo de ilegalidades y falta de cordura. ¿Será posible hacer de este nuevo escenario un tiempo de tregua?

Además de ilegal, el polémico decreto amenaza con profundizar rupturas y la polarización cada vez más violenta. La euforia triunfalista oficial decidió cerrarle el paso a una última oportunidad de concertar y ajustar un texto constitucional que, masistas no talibanes y sus aliados —con algo de miedo—, reconocen tiene serias falencias. Sabemos que, en campaña y en medio de una guerra propagandística desigual y sospechas de transparencia electoral, es imposible propiciar mesas que aseguren procesos de concertación serios y efectivos.

Reconozcamos que ninguna de las mesas de diálogo cumplió con las condiciones mínimas que aseguren un buen final. Espectacularizadas en extremo, con agendas e invitaciones improvisadas e intermediadas por cámaras y micrófonos, fueron una caricatura de diálogo. Todo diálogo implica una cuidadosa preparación detrás de bambalinas. En los casos anotados, las bambalinas sirvieron para ocultar decretos y paquetes publicitarios cocinados para perforar la confianza de partes y contrapartes.

Debe entenderse que la revisión del texto constitucional de Oruro, post ajustes sui géneris, y encuadrar los procesos de autonomía departamental son la madre del cordero de este absurdo empantanamiento. Debieran asumirse como el bien mayor a perseguir, redimensionando y flexibilizando la importancia de la machacona demanda de restituir el IDH que, salvo departamentos como Pando y Beni, tiene gran significación en la coyuntura.

El presidente Morales, al convocar a elección de subprefectos y proponer un confuso conjunto de niveles territoriales subnacionales, bajo el discurso democratizador, le hace flaco favor a la viabilidad de un Estado democrático y autonómico. El Gobierno replica en segunda versión —menos acertada— la “gambeta antiprefectural” que Sánchez de Lozada hizo al apostar por la Participación Popular, haciendo de los municipios la base de la organización territorial del Estado. La propuesta territorial gubernamental anuncia caos y conflicto, socava las bases de gobernabilidad territorial, perfora a los gobiernos departamentales y desdibuja la referencia fundamental de los municipios. Con ello, apuesta a consolidar su poder central y su proyecto de poder.

Impotente, decidí no perder el sueño ante tanta incertidumbre y violencia. Celebro, sin embargo, esta oportunidad. En el país de las sorpresas, todo es posible. La fiesta de Ch"utillos conjuró contra el cerco a la capital y San Bartolomé obró iluminando a la Corte buscando un tiempo de serena reflexión y evitar la torpe arremetida del Poder Ejecutivo. La Feria de Santa Cruz es también un antídoto del conflicto. ¿Qué esperar en septiembre?

* Socióloga

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