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'Lágrimas de cocodrilo'

Que Pepe Caballero Bonald está cumpliendo años: 88, un número precioso, y los cumple en plena actividad. Y que desde esta columna le felicito con el cariño que sabe que le tengo, y la confianza de llamarle Pepe, que es como he llamado siempre a Don José Manuel.  

La Historia cambia según quien la cuenta, ya lo sabemos. Las mujeres hemos estado demasiado calladas, así que la mitad de la Historia está casi sin contar. Como si no la hubiéramos hecho, la Historia, digo. O padecido. Me hago esta reflexión al hilo de los dos libros con los que abro este nuevo curso de mis "Lágrimas" amargas: No quise bailar lo que tocaban, de Pilar Aguilar Carrasco, y El libro de mi destino, de la iraní Parinoush Saniee. 

Leo de un tirón Diez veces siete, el libro de Maruja Torres. De un tirón, porque es un libro de despedidas, como todas las autobiografías. Y porque tengo, les confesaré, el corazón en un puño.

A mí este viernes, estratégicamente situado entre dos puentes, como dando cara de normalidad a esta vida a la que ha llegado el verano, me parece un poco como una jornada de reflexión.

Lo que nos está tocando, así, en general -este cambio de milenio, casi más que de siglo, que era una medida temporal como más asequible- me resulta bastante difícil de comprender: a ver, de sintetizar, de poner límites, de analizar. Aparte el placer de leer -que permanece intacto, felizmente- se trata de leer los síntomas.... El humor, curiosamente, vuelve a la programación editorial.