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crítica teatral

Ester Bellver (Rinoceronte, Montenegro, Todos a la una, Protagonizo, Ternura negra…), es una de esas figuras repletas de talento en las tres últimas décadas de la escena española que, como el Guadiana, discurre menos de lo que debiera a cielo abierto, aunque reaparece ahora ante el público madrileño con una pieza que ella misma ha escrito y que dirige e interpreta a la vez: 'Réquiem'. Puede verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 27 de este mismo mes de mayo.

Los espectadores, de pronto, nada más acceder a la Sala Tirso del Teatro de la Comedia, se ven convertidos en improvisados comensales de un banquete. Los mismos actores del montaje, trasformados aquí en maestros de ceremonia, van colocándolos en torno a una mesa alargada en forma de U recubierta con un elegante mantel blanco. Sobre ella, geométricamente distribuidas, botellas de buen vino, mosto y agua esperan a los invitados que moderadamente van vertiendo sobre las copas y dando cuenta de ellas desde el mismo momento de sentarse a la mesa.

Escrita y dirigida por Alfredo Sanzol (Premio Nacional de Literatura Dramática 2017 y reciente premio Valle-Inclán de Teatro), en el Pavón Teatro Kamikaze acaba de estrenarse su última obra, 'La valentía', una producción de LAZONA y El Pavón Teatro Kamikaze. Comedia divertidísima, 'La valentía' está interpretada por Inma Cuevas, Estefanía de los Santos, Jesús Barranco, Francesco Carril, Font García y Natalia Huarte.

El sonido intenso, brutal, inesperado, enérgico y ancestral del tambor africano rompe -destroza, incluso-, la armonía decimonónica del piano de cola que emite suaves acordes, evocadoras baladas de una tierra lejana repleta de aventuras aún por vivir, aún por escribir, aún por relatar (José Luis Franco y Ass Sabar en al piano y la percusión). Ese es, para mí, el momento clave de la nueva propuesta de Darío Facal, una adaptación teatral de 'El corazón de las tinieblas', la mítica novela de Joseph Conrad (1857-1924), ahora llevada al escenario de los Teatros del Canal de Madrid.

Dos parejas de octogenarios -Dani, Sandra, Alberto y Margarita-, con la muerte ya en su horizonte vital, se erigen en protagonistas de una historia que narra sus propias vidas, que tienen más elementos en común de lo que parece a primera vista. Así nos lo van haciendo saber otros cuatro narradores, dos hombres y dos mujeres, de quienes no conocemos nada, pero que parecen erigirse en la conciencia colectiva de las dos parejas de octogenarios enamorados.