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lagrimas de cocodrilo

Que Pepe Caballero Bonald está cumpliendo años: 88, un número precioso, y los cumple en plena actividad. Y que desde esta columna le felicito con el cariño que sabe que le tengo, y la confianza de llamarle Pepe, que es como he llamado siempre a Don José Manuel.  

La Historia cambia según quien la cuenta, ya lo sabemos. Las mujeres hemos estado demasiado calladas, así que la mitad de la Historia está casi sin contar. Como si no la hubiéramos hecho, la Historia, digo. O padecido. Me hago esta reflexión al hilo de los dos libros con los que abro este nuevo curso de mis "Lágrimas" amargas: No quise bailar lo que tocaban, de Pilar Aguilar Carrasco, y El libro de mi destino, de la iraní Parinoush Saniee. 

Leo de un tirón Diez veces siete, el libro de Maruja Torres. De un tirón, porque es un libro de despedidas, como todas las autobiografías. Y porque tengo, les confesaré, el corazón en un puño.

A mí este viernes, estratégicamente situado entre dos puentes, como dando cara de normalidad a esta vida a la que ha llegado el verano, me parece un poco como una jornada de reflexión.

Que no, que ya sé que no es abril, que es mayo el florido: pero éste es el mes de la primavera plena, y quiero enmendarle la plana -y no- a T.S. Eliot, que ya es tópica la crueldad de abril, y seguramente, preelectoralmente hablando, hasta tenga razón. 

No, si ya sé que los santos son en noviembre, que ahora estamos en cuaresma, época de penitencia -estos últimos años son muy penitenciales, la verdad- y que este año la Semana Santa cae muy alta. La luna de Nissan, que viene tarde.

Qué curioso es lo de reinventarse. Me he reconciliado con la poesía, que llevaba un montón de años muy enfadada, huyendo despavorida de los poetas. Y me he reconciliado gracias a mi taller. Dirán ustedes que tengo un poeta en casa: si. Y de los buenos. Pero en cuanto veía escritos en líneas cortitas, me daba no sé qué... 
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Lo que nos está tocando, así, en general -este cambio de milenio, casi más que de siglo, que era una medida temporal como más asequible- me resulta bastante difícil de comprender: a ver, de sintetizar, de poner límites, de analizar. Aparte el placer de leer -que permanece intacto, felizmente- se trata de leer los síntomas.... El humor, curiosamente, vuelve a la programación editorial. 

Yo no fui de niña a Venecia. Fui de mayor, pero he reincidido un montón de veces. Y siempre me ha sorprendido la novedad de su melancolía....

Los dos grandes de la literatura cántabra, si es que eso existe, coinciden en estos días con nuevas novelas. Jesús Pardo y Alvaro Pombo están presentando sus últimas entregas, que tienen en común más de lo que parece.

La memoria de las víctimas tiene que formar parte de la comprensión de la historia. A lo mejor simplifico, pero esa me parece la columna vertebral del pensamiento del filósofo Reyes Mate y de su último libro, La piedra desechada. Y conecta con esta época de memorias y recuerdos que estamos viviendo. Para ponerla donde debe estar.